Violencia, la otra ‘plaga’ de los cafeteros

De no haber sido por el Fondo Nacional del Café, la crisis sería aún más profunda.

Los analistas indican que las diferentes crisis del mercado crearon un escenario de vulnerabilidad en las zonas productoras.

Javier Nieto Álvarez

Los analistas indican que las diferentes crisis del mercado crearon un escenario de vulnerabilidad en las zonas productoras.

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noviembre 28 de 2013 - 12:44 a.m.
2013-11-28

Hasta mediados de los 80, los cafeteros colombianos no habían sido afectados por el conflicto interno. Sin embargo, en las últimas tres décadas, la violencia se sumó a la oleada de problemas del sector, que empezó con la ruptura del Pacto Mundial de Cuotas y el auge de los cultivos de coca en zonas cafeteras.

Según un informe presentado ayer en el Congreso gremial, presentado por Ana María Ibáñez, decana de economía de la U. de los Andes, y Juan Carlos Muñoz, estudiante de doctorado de la U. Libre de Bruselas, uno de los problemas generados por la violencia y la coca es que se redujo la probabilidad de que muchos productores continuaran con el cultivo del grano. Además, un buen número de quienes permanecieron como cafeteros disminuyeron el área sembrada, afectados principalmente por la violencia.

Los investigadores afirman que entre 1997 y el 2008, el área cultivada de café cayó en 32 por ciento, y en los municipios más violentos registró un 6 por ciento adicional, en tanto que un 3 por ciento más abandonaron el cultivo del grano.

En general, la producción bajó 1,2 por ciento, pero la caída hubiera podido llegar a 3,1 por ciento sin la Federación.

Las regiones tradicionalmente cafeteras presentaron una pérdida superior al 30 por ciento, en promedio. El Huila fue el departamento que perdió el mayor número de arrobas de café, como consecuencia del conflicto armado y los cultivos de coca.

Ibáñez y Muñoz sostienen que el mayor impacto de estos dos fenómenos se da en los pequeños productores, quienes en muchos casos fueron desplazados de sus regiones. Los grandes productores solo se vieron afectados en la probabilidad de continuar en el negocio.

Las conclusiones del informe revelan que la presencia del Fondo Nacional del Café “tuvo un importante papel en la reducción de los efectos de la violencia y la presencia de cultivos ilícitos sobre la producción cafetera.

LA INSEGURIDAD ALEJÓ LA MANO DE OBRA

La llegada de la violencia a las zonas cafeteras del país afectó no solamente las áreas cultivadas y la producción, sino que tuvo un impacto negativo sobre la mano de obra, pues cada vez se hizo más difícil la contratación de trabajadores.

Según las cifras referidas por los investigadores, con base en estudios anteriores, mientras en 1985 la guerrilla estaba presente en el 2 por ciento de los municipios cafeteros, diez años más tarde los grupos alzados en armas ya tenían presencia en el 53 por ciento de las poblaciones cafeteras.

Los analistas indican que las diferentes crisis del mercado crearon un escenario de vulnerabilidad en las zonas productoras del grano. “Esto pudo generar incentivos para los actores armados, quienes incrementaron su presencia en estas regiones”.

Por la anterior razón, la mayoría los municipios dedicados a este cultivo presentó un abandono de la producción. Concluyen además, que un aumento de los ataques y de los sembrados de coca reducen la probabilidad de continuar cultivando café.

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