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Vivan las exportaciones, aunque sean ficticias

Vivan las exportaciones, aunque sean ficticias

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septiembre 04 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-04

Una vez escuché decir que las estadísticas, como las minifaldas, muestran lo atractivo pero ocultan lo vital. Oportuna esta definición para analizar la real situación de las exportaciones colombianas, cuyos volúmenes durante los últimos años han sido notoriamente crecientes y mediáticamente bien aprovechados por el Gobierno Nacional, como indiscutible prueba del éxito de su política de comercio exterior.

Será mayor la alegría este año, cuando nuestras ventas externas registren aproximadamente 38 mil millones de dólares, 27 por ciento más que en el 2007, correspondiéndole casi 15 mil millones a los Estados Unidos, y poco menos de 7 mil millones a Venezuela. Estadísticas muy atractivas, sin duda alguna.

Pero vamos a lo vital, primero con las exportaciones hacia el mercado estadounidense. En el primer semestre del 2008, vendimos allí 6.361 millones de dólares, 2.360 millones más que en igual período del año anterior, perteneciéndole el 96 por ciento de esta cifra a los productos básicos con sus crecientes precios internacionales: petróleo, carbón, café, oro, piedras preciosas y platino.

Estos mismos renglones, más ferroníquel que disminuyó, contribuyeron con el 75 por ciento del total de nuestros despachos, demostrando con ello que Colombia es de los Estados Unidos principalmente, proveedor de materias primas -que dicho sea de paso no necesitan de Tratado de Libre Comercio ni de Atpdea, pues no están gravadas con impuestos -y muy marginalmente de manufacturas, la mayoría de ellas- confecciones, tubería, cemento, PVC, estructuras de aluminio, calzado, cerámicos, cables eléctricos, papeles suaves y confitería, entre otras -con ventas inferiores a las del año anterior.

Ocupémonos ahora de Venezuela como nuestro segundo socio comercial, y el más importante para las exportaciones no tradicionales e industriales colombianas.

En el 2007, pese a las tensas relaciones políticas, alcanzamos sorprendentemente una cifra récord de 5.200 millones de dólares en exportaciones hacia el hermano país, 109 por ciento por encima de la del año anterior. Milagroso crecimiento de las ventas de confecciones que pasaron de 225 a 757 millones -con las empresas cucuteñas de protagonistas (217 millones); de calzado -de 35 a 90 millones-, y de carne, con más de 339 millones de dólares, equivalentes a 81 millones de kilos (las exportaciones en el 2006 sumaron 74 millones).

Lamentablemente, fue más milagrosa la forma en que muchas de estas exportaciones se realizaron de manera ficticia -según mis cálculos la cifra se acerca a 1.000 millones de dólares sin contar probables sobrefacturaciones- quizás para especular con el régimen de cambios diferenciales existente a través de Cadivi en Venezuela. Casas de cambio, empresas desconocidas al interior de los respectivos sectores, y hasta compañías sancionadas o investigadas por contrabando aparecen entre nuestros grandes exportadores.

También al parecer hay una buena parte de ventas de saldos de vestuario que piratean reconocidas marcas internacionales y se venden en importantes almacenes del vecino país. Nadie se pronuncia al respecto, manteniéndose así incólume para efectos analíticos la falsa cifra, que obviamente lleva a conclusiones y consideraciones erróneas sobre nuestra relación comercial con Venezuela y la situación de algunos sectores de nuestra producción. En los cinco primeros meses del 2008, nuestras ventas al mercado venezolano, entre reales, ficticias y sobrefacturadas, aumentaron 48 por ciento.

Es urgente que la Dian realice una profunda investigación sobre la falsedad de estas exportaciones, para que los colombianos podamos conocer las cifras reales y no nos engañemos pensando que de un momento a otros somos algo así como los chinos de Suramérica, especialmente en los sectores anteriormente mencionados. Mentirnos no nos servirá de nada, y por el contrario puede llevarnos a ignorar dolorosas realidades.

Por ejemplo, siguiendo las estadísticas del 2007, pensaríamos que no hay crisis en el sector de la confección, y que los 1.349 millones exportados, 42 por ciento por encima del 2006, demuestran que no necesitamos al mercado estadounidense, pues nos hemos desplazado a otros mercados con mayor valor agregado, mejores precios, y por ende, mejores beneficios para los trabajadores colombianos. Y si los confeccionistas van bien, para qué concebir estrategias de apoyo y de solución de crisis a un sector que no las necesita?

Además, las millonarias ventas que siempre nos anuncian al finalizar Colombiamoda, y que este año no son despreciables para quienes creen en ellas, contribuirán para que el sector se reafirme como el de mejor comportamiento exportador durante los últimos años. Finalmente, todos tan contentos.

Pero la verdad es otra. Las exportaciones de confecciones hacia Estados Unidos pasaron de 576 millones de dólares en el año 2005 a 384 millones el año anterior, y muy probablemente en el presente año llegaremos apenas a 350 millones, prácticamente la misma cifra de un país tan pobre como Haití, y muy lejos de Perú que venderá 850 millones. Las principales empresas afectadas son las más grandes del país, las que generan la mayor cantidad de empleo.

De otra parte, hay que considerar, como ya lo dijimos, que cerca de 400 millones de dólares de la cifra global son exportaciones ficticias supuestamente realizadas hacia Venezuela, y que es probable además que algunas de las exportaciones reales puedan estar sobrefacturadas.

La verdad, que no parece interesarle a nadie, es que por lo menos 20 mil mujeres cabeza de familia han perdido sus empleos y que este sector, el real, tiende a desaparecer con la ayuda adicional de grandes cadenas que ahora optan por la importación de ropa barata procedente de China.

Mientras tanto, nuestro Ministerio de Comercio se dedica a buscar más acuerdos y tratados comerciales, sin ocuparse de generar una nueva oferta exportable, o al menos de evitar que la actual desaparezca.

La solución a un aparente problema como la revaluación se busca por la vía de subsidios directos a los exportadores, cuando en realidad el abaratamiento del dólar debería aprovecharse para fortalecer y modernizar el aparato productivo nacional con importaciones 'masivas' de maquinarias y equipos, para apoyar la ciencia y la tecnología, para investigación en innovación y desarrollo de otros renglones, para contratar en el exterior serios y profundos estudios de mercados y para traer expertos internacionales que nos ayuden a estructurar programas encaminados a la diferenciación de nuestros productos y al posicionamiento mundial de nuestra marca país. Además, ¿dónde están los proyectos específicos propuestos por la Agenda Interna, y cuál será el acompañamiento que el Ministerio dará para que se concreten las apuestas productivas regionales?

Nada de lo anterior parece primordial. Disfrutemos las cifras crecientes de las exportaciones colombianas, así las de los países latinoamericanos crezcan con mayor ritmo que las nuestras; no es grave que poco vendamos en Europa si las exportaciones de petróleo aumentan hacia los Estados Unidos; para qué preocuparnos por las importaciones chinas que acabarán con los sectores de la confección y el calzado, si estamos vendiendo mucho oro en bruto; y no nos detengamos tampoco para criticar a los políticos corruptos que se roban las regalías que produce la explotación de nuestro subsuelo por parte de multinacionales, si las exportaciones de carbón están aumentando.

Con frecuencia invitamos a Porter para que analice la situación colombiana y nos diga qué hacer para mejorar nuestra competitividad, tanto de país como de regiones y empresas.

Propongo que lo invitemos de nuevo para que nos explique otra vez lo que ya nos ha dicho en tantas oportunidades, y con sinceridad digámosle que no le hemos entendido. Que nos aclare eso de las ventajas competitivas que se crean, y su diferencia con las comparativas que tanto estamos aprovechando. Que nos diga también por qué Colombia pierde posiciones en el ranking de competitividad del Foro Económico Mundial, si tenemos una Alta Consejería Presidencial trabajando en el tema. O simplemente, digámosle que no creemos en sus teorías, pues Colombia va muy bien, tal y como lo demuestran las atractivas cifras de nuestras exportaciones.

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