Viviendo de la caridad de ciudadanos y de empresas que hacen donaciones, cumple sus 25 años Fundorados

Esta organización sin ánimo de lucro se creó por iniciativa de Julia Rubiano de Martínez y su familia, para atender a personas de la tercera edad.

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julio 29 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-29

Estas tienen que estar en condiciones de abandono o cuyas familias no disponen de recursos para brindarles la atención que requieren en los últimos años de su vida.

El origen de su nacimiento fue el inminente cierre que enfrentaba el ancianato El Hogar del Abuelo, ubicado en la calle 45 con carrera 27 de la capital del país, por problemas financieros. Doña Julia, una paisa, que visitaba con frecuencia el lugar para hacer donaciones y dedicarle tiempo a los viejitos, decidió adecuar su casa para albergar a los 15 huéspedes que iban a quedar abandonados.

Así nació el Hogar Geriátrico Mis Años Dorados, que hoy funciona como la Fundación Médica Gerontológica, con la misión de ofrecer a adultos mayores en condiciones de indefensión, atención integral y especializada para mejorar la calidad de vida de quienes reciben sus servicios.

"Somos una familia con vocación para atender a personas necesitadas. Así lo hemos hecho en Fusagasugá, Sibaté y Bogotá, ciudades donde la Fundación ha desarrollado programas de atención a adultos mayores", asegura el representante legal de la organización, Jorge Alberto Martínez.

"Llevamos un cuarto de siglo dedicando nuestro tiempo, bondad y voluntad, a atender a personas mayores con limitaciones físicas o en estado de abandono", asegura Martínez, quien sostiene que la fundación ha contado con la ayuda de empresas como Oxi de Colombia, Unilever Andina y Seguros El Cóndor, entre otras.

A partir de 1996, la Fundación comenzó a participar en la prestación de servicios al Departamento Administrativo de Bienestar Social de Bogotá, para atención integral de adultos mayores y las modalidades de cuidado intermedio y hoy administra el Centro Cundinamarqués de la Beneficiencia.

Se trata de un ancianato ubicado en la calle 13 con avenida Caracas, de Bogotá, en un edificio de propiedad del Departamento, donde atiende a 100 adultos mayores y a un grupo de jóvenes con problemas de farmacodependencia. También ofrece el servicio de comedor comunitario para unas 500 personas.

Sin embargo, en la actualidad, la Fundación no cuenta con usuarios enviados por el Bienestar Social del Distrito. Las labores de la Fundación van más allá de brindar techo y alimentación a los ancianos. La familia Martínez dedica las 24 horas a ofrecer atención a los ancianos en rehabilitación, actividades de afectividad y participación, así como planes de prevención de enfermedades.

La Fundación vive actualmente de la caridad de los ciudadanos y las empresas, quienes hacen donaciones en especie, de todo tipo, tales como alimentos, ropa y tiempo, libre de profesionales en diferentes áreas.

Desde 1993 la Fundación empezó a recibir contratos con entidades gubernamentales, a través de la Alcaldía de Bogotá y los Centros Operativos Locales, consistentes en la entrega de bonos en mercado, ropa y útiles de aseo, del programa Revivir. Desde julio de 1999 se establecieron contactos con el Bienestar Social del Distrito y empezó a licitar en contratos que le han permitido atender a 120 adultos mayores inscritos a planes en Bogotá.

La Fundación también ejecuta el programa Hombres Nuevos, que atiende a personas con problemas de drogadicción, y que viven en la indigencia. Se trata de población flotante.

En conclusión, mientras hace 25 años la Fundación nació con 15 abuelos, hoy tiene capacidad para atender a unas 250 personas necesitadas.

Sin embargo, el programa de los Martínez podría desaparecer si el juzgado 32 Administrativo del Circuito de Bogotá ordena el desalojo del edificio, tras una demanda de restitución de inmueble presentada por la Beneficencia de Cundinamarca.

Sede propia

La Fundación tiene entre sus metas al 2012, conseguir sede propia en Bogotá, que cumpla con los requerimientos y lineamientos técnicos y arquitectónicos, para atender a sus huéspedes.

En la actualidad, opera en un edificio de la Beneficencia de Cundinamarca, que fue recibido en el 2003, pero está en curso un proceso de restitución del inmueble en el Juzgado 32 Administrativo.

Estadía de ancianos depende ahora de un pleito

Pero no todo es color de rosa para la Fundación Médica Gerontológica Mis años Dorados. Los 100 adultos mayores con limitaciones físicas, que reposan en sus instalaciones, podrían ser desalojados, si el juzgado 32 Administrativo del Circuito de Bogotá, ordena restituir el inmueble a la Beneficencia de Cundinamarca, según una demanda presentada por la entidad.

En julio del 2003, la Fundación y la Beneficencia firmaron un contrato de cooperación, cuyo objeto por parte del contratista es atender y cuidar adultos mayores con problemas de discapacidad que le envíe el Departamento Administrativo de Bienestar Social del Distrito. La beneficencia se comprometió a brindar un lugar apropiado para ubicar el ancianato, y para ello se hizo entrega del edificio que hoy está en proceso de desalojo.

Durante los cinco años de vigencia del contrato de cooperación, la Fundación no ha cesado su función de atender a los adultos de la tercera edad, pero no ha girado el dinero por concepto de arrendamiento. Según el subgerente de Protección Social de la Beneficencia, Óscar Quiroga, la deuda asciende a 400 millones de pesos.

Los directivos de la Fundación aseguran haber incurrido en gastos por mejoras y adecuación del lugar que deben ser cruzados con la Beneficencia.

De acuerdo con Quiroga, la única salida a este inconveniente es que la Fundación Mis Años Dorados se ponga al día en el pago del arriendo, pues los recursos por arrendamiento de inmuebles son destinados por la Beneficencia para atender a unas 5.000 personas necesitadas, en otras instalaciones, es decir, que lo que se deja de percibir por el alquiler de este edificio, también se invertiría para ancianos y otro tipos de ciudadanos necesitados.

Por su parte, el abogado de la Fundación, Iván Acuña, asegura que lo firmado con la Beneficencia fue un contrato de cooperación y no de arrendamiento.

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