La voz del pueblo

La voz del pueblo

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julio 28 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-28

El fuerte pronunciamiento hecho por el presidente Álvaro Uribe el sábado pasado, cuando en un Consejo Comunal que tuvo lugar en Juan de Acosta (Atlántico) le aconsejó al Banco de la República oír la voz del pueblo, es una demostración más de que la marcha de la economía es el tema que ocupa el primer lugar en la agenda de problemas nacionales. Así ya lo había insinuado el más reciente sondeo de Gallup a comienzos del mes en el cual, a pesar de la euforia nacional por la liberación de Íngrid Betancourt y sus compañeros de infortunio, fueron notorias las malas calificaciones que recibieron los resultados en materia de inflación y de desempleo. Esa fue una razón más por la que, en el discurso de instalación de las sesiones del Congreso el 20 de julio, el Jefe del Estado dedicó la mayoría de sus palabras a hablar de las inquietudes que rondan al Gobierno en esta materia y a defender la validez de las políticas oficiales.

Así las cosas, el ambiente que precedió a la reunión de la junta directiva del emisor el viernes 25, estaba más cargado que nunca. Incluso los representantes de gremios de la producción que normalmente dan opiniones ponderadas, hicieron llamados públicos a la institución para que no tocara los intereses, como si la situación difícil de un puñado de sectores no dependiera de razones más complejas que elevar el costo del dinero en un cuarto de punto porcentual. El resultado, como es conocido, fue adverso. Por un margen de cinco votos contra dos, y después de un encendido debate, la opinión final fue la de reafirmar la voluntad de luchar a toda costa contra la inflación y dejar las tasas en un nivel del 10 por ciento.

En su análisis, la junta prefirió enfocarse en las expectativas, con miras a influir sobre decisiones cuyo resultado se verá en el 2009. Dentro de los elementos considerados, tuvo que ver la valoración de los títulos de deuda, cuyo precio ha caído en forma notoria en las últimas semanas, golpeando de paso a los varios millones de ahorradores en los fondos de pensiones y de cesantías. Al mismo tiempo, no faltó quien dijera que el mercado cambiario ya había asimilado la medida, como pareció demostrarlo el día de ayer, cuando el dólar cerró muy cerca de su valor del viernes, a pesar de un brote especulativo.

Pero más allá de quedarse en esa discusión, lo que es importante es mirar el curso posible de los acontecimientos y examinar las opciones que tiene el Gobierno ya sea para ayudar o entorpecer la lucha orientada a mantener la carestía en cintura. De tal manera, es claro que la primera prueba de fuego tendrá lugar a finales de esta semana, cuando el Dane revele el aumento en el índice de precios al consumidor durante julio. Si bien por razones obvias no hay cifras definitivas, los datos preliminares no son un buen augurio, pues la larga temporada invernal que de paso ha afectado al transporte por carretera, retrasó la entrada de varias cosechas clave, con lo cual el alivio en las cotizaciones de los alimentos no va a tener lugar. Igualmente, decisiones como el alza en los precios del transporte público y de las tarifas de carga, van a sumarse a las mayores tarifas de servicios públicos, haciendo más agudo el problema.

Ante esta posibilidad, el equipo económico, con el Presidente a la cabeza, puede acusar al Banco de la República de dejar al país con el pecado y sin el género. Y aunque una actitud en ese sentido seguramente tendrá eco en la galería, no necesariamente es la más aconsejable en el largo plazo. La razón es que el público tiende a culpar a los gobernantes de las alzas, sin distinguir sobre las funciones que asigna la Constitución. Dicho de otra forma, en la medida en que la crisis actual se prolongue, la gente acabará responsabilizando al Ejecutivo. Por tal motivo, lo más conveniente es un frente unido en torno al mismo mensaje, que incluya un respaldo a la lucha contra la inflación, austeridad presupuestal y moderación en los aumentos salariales. De lo contrario, otra confrontación pública puede generar titulares, pero no le sirve a la economía, ni responde a lo que pide el pueblo.

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