Washington será sede de reunión del G-20, que buscará soluciones para evitar que crisis actual se repita

Al igual que en 1944, las principales potencias económicas del mundo se reúnen desde el viernes y hasta el sábado para darle un nuevo aspecto al entramado financiero internacional.

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noviembre 13 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-13

En esa ocasión, en la conferencia de Bretton Woods, 44 naciones aliadas en la Segunda Guerra Mundial dieron vida al Fondo Monetario Internacional (FMI).

En esta ocasión, Washington será sede de un encuentro de 20 países (el G-20) en el que a diferencia de hace casi 60 años, los países pobres tendrán la sartén por el mango.

Ante la crisis financiera internacional que se originó en Estados Unidos y que se propago casi de inmediato a Europa, las economías emergentes reclaman una mayor presencia en los foros donde se toman las principales decisiones sobre temas económicos.

Sus quejas no solo han sido escuchadas, sino que los mismos países ricos han abogado (tal y como lo hizo la semana pasada Francia) para que los emergentes tengan un lugar preponderante en este tipo de encuentros.

Por tal razón, al G-7, grupo integrado por las economías más grandes del mundo (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Italia, Francia, Alemania y Japón), se le sumarán en Washington los representantes de Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, Rusia, Arabia Saudí, Suráfrica, Corea del Sur, Turquía y la presidencia de la Unión Europea, para discutir el futuro del andamiaje financiero.

Con voz y voto

Pero las economías emergentes no quieren ser simplemente convidados de piedra en este reunión. El ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega, se ha quejado de que el G-7 ha invitado a Brasil y a otros países en desarrollo 'a tomar café' en algunas cumbres, pero no se les permite quedarse cuando comienza el debate de peso.

Por eso en esta ocasión, los emergentes van preparados con propuestas concretas.

Brasil, presidente del G-20, será la voz líder de los emergentes. Su principal propuesta será "iniciar de inmediato negociaciones para redefinir el sistema financiero internacional", como consta en la propuesta oficial que presentará mañana en la cumbre.

La propuesta incluye acciones de corto plazo como la adopción de políticas anticíclicas para normalizar los canales de crédito y los flujos financieros, y otras de gobernabilidad, centradas en la reforma de las instituciones financieras internacionales y en la regulación y supervisión de los mercados.

Según el Gobierno brasileño, deben ser reformados el G7, el FMI y el Banco Mundial (BM); fortalecido el G20 y ampliado el Foro de Estabilidad Financiera, del que considera que tiene una "representación selectiva y excluyente".

En relación con el FMI, Brasil quiere que se anticipe la modificación del sistema de cuotas y votos prevista para 2013 y "transparencia en la elección de sus dirigentes, sin restricción de candidaturas en función de la nacionalidad".

La misma regla propone para el BM, así como una reforma "ambiciosa que conduzca al aumento significativo del poder de voto de las economías emergentes y en desarrollo".

En cuanto a los mercados financieros, Brasil defiende la creación de un mecanismo de prevención de crisis, la adopción de modelos mundiales de regulación y supervisión, y el combate coordinado y multilateral a los paraísos fiscales.

Así las cosas, desde mañana en Washington se verá el primer cambio significativo en el escenario económico internacional: los pobres mandando sobre los ricos. Agencias

China no quiere convertirse en el benefactor del mundo

China anunció que participará activamente en la cumbre del G20, pero el país asiático, que dispone de las mayores reservas de divisas del mundo, no está dispuesto a jugar el papel de salvador del planeta que otros países querrían atribuirle.

China podría verse presionada en Washington por sus apetitosas reservas de divisas: 1,906 billones de dólares, ocho veces más que los recursos actuales del FMI (250.000 millones de dólares) para socorrer a las economías en dificultades.

El primer ministro británico Gordon Brown, que ya hizo una gira por las monarquías petroleras del Golfo para pedirles que contribuyan al fondo del FMI, adelantó que varios países anunciarán en la cumbre del G20 sus contribuciones, y recordó las "reservas sustanciales" de Pekín.

Pero según los analistas, China, a quien hasta la lejana Islandia que está al borde de la quiebra, acaba de pedirle ayuda, no está dispuesta a convertirse en el nuevo salvador del planeta. 

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