Zonas francas a domicilio

Zonas francas a domicilio

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noviembre 05 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-05

Se acaba de expedir el decreto 4051 de 25 de octubre del 2007 que pone punto final a una controversia que venía dándose en el Gobierno: ¿Qué alcances deben tener los beneficios (sobre todo tributarios) otorgados a las zonas francas que se instalen, ya no en recintos especiales y cerrados, como siempre se había concebido a las zonas francas, sino en cualquier lugar de las ciudades o de los campos del país? El decreto señala una serie de condiciones que deberán acreditar quienes aspiren a ser declarados zona franca o usuarios de aquellas. Ahora se puede ser usuario de una zona franca sin necesidad de estar ubicado en el recinto zonal. ¡Menuda responsabilidad de fiscalización la que le ha caído a la Dian con esta norma! Si una sociedad cualquiera es declarada usuaria de zona franca tendrá una tasa de tributación marginal del 15 por ciento y no del 33 por ciento como el resto de las sociedades del país. Y si esta bajísima tasa de tributación la combina con la deducción del 40 por ciento sobre la adquisición de activos fijos productivos, los agraciados que obtengan la calificación de zonas francas o de usuarios de éstas quedan con una tasa efectiva de tributación del 9 por ciento, inferior a la que recae sobre la mayoría de las rentas de trabajo medias de los asalariados del país. Este nuevo régimen de zonas francas continúa la frenética carrera que trae en país desde hace cinco años, que ha consistido en otorgar a diestra y siniestra gabelas, deducciones, exenciones, minoraciones y en general privilegios tributarios al factor capital. El gobierno ha partido de la hipótesis -que repite frecuentemente- de que ésta es la manera de aumentar la inversión nacional y extranjera. La inversión por supuesto se ha incrementado en los últimos años. Lo que no se ha demostrado por parte alguna es que haya un vínculo de causalidad entre las decisiones empresariales de invertir y estas rebajas estrepitosas de impuestos. La inversión es una decisión que normalmente está más vinculada a la existencia de mercados, de facilidades de transporte, de comunicaciones, de crédito, de servicios públicos, de seguridad, de estabilidad jurídica, y de tarifas tributarias moderadas pero generales. Estos son los factores que mueven a una junta directiva a autorizar una nueva inversión o un ensanche, mucho más que las gangas tributarias. Claro, si éstas últimas se brindan tanto mejor para el empresario pero no es éste el motivo determinante de su decisión. Una extensión indiscriminada de beneficios tributarios (como la que se viene ofreciendo en Colombia a las inversiones de capital) tiene no solo un costo fiscal inmenso sino que desalienta la generación de nuevo empleo productivo pues abarata inmoderadamente el factor capital frente al trabajo. Es, además, un costo fiscal regresivo que termina cayendo sobre todos los contribuyentes que pagan impuestos como asalariados o consumidores. Según un estudio reciente de la Universidad Eafit de Medellín, en los últimos años el factor capital se ha abaratado en Colombia con relación al factor trabajo en un 56 por ciento. Lo que es un porcentaje inmenso. Para el 2008, por ejemplo, el propio Gobierno estima que el producido del impuesto a la renta apenas aumentará un 3 por ciento cuando el conjunto de la economía crecerá al doble. Este es un indicio bien diciente de cómo se ha perforado malsanamente la progresividad del impuesto de renta con esta feria de gabelas tributarias sectoriales. Claro: los frecuentes anuncios gubernamentales de minoraciones sectoriales de impuestos despiertan nutridos aplausos en las asambleas gremiales o en los concejos comunitarios donde se proclaman. Y es por esa razón que se siguen otorgando con tal frenetismo. La última muestra de ello es este costoso decreto sobre zonas francas a domicilio. Juan Camilo Restrepo Ex ministro de Hacienda Ahora se puede ser usuario de una zona franca sin necesidad de estar ubicado en el recinto zonal".

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