Cecilia López Montaño
análisis

Preguntas para ortodoxos

¿Por qué ciertos economistas apoyan la baja de aranceles para frenar la inflación y se les olvida que esto mataría al sector agropecuario?

Cecilia López Montaño
Gobierno
POR:
Cecilia López Montaño
marzo 27 de 2016
2016-03-27 11:24 p.m.
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El país está en una situación económica compleja que no puede ignorarse, y menos aún perder el norte, porque en el 2015 la tasa de aumento del PIB fue superior a lo esperado, 3,1 por ciento y no 2,8 por ciento como muchos creyeron.

Precisamente, por esta nueva desaceleración en la tendencia positiva de la evolución del PIB y, sin duda, por un contexto internacional bastante complicado, es hora de mirar con atención en qué se falló y en qué se acertó.

Se trata de empezar a preguntarnos por qué no nos preparamos para enfrentar la situación actual.

Al mirar la evolución de la economía desde 1990, cuando se empezó a aplicar el Consenso de Washington y se abrió la economía, varios elementos son evidentes.

Primero, las estrategias de darle prioridad al mercado más que al Estado, creer más en la capacidad dinamizadora del mercado externo que en el interno y los otros componentes de la receta mencionada sí produjeron periodos de crecimiento por encima del promedio anual histórico del 4 por ciento.

Esto sucedió en la primera parte de la década de los 90, también en el primer quinquenio del 2000 y, en algún grado, en años posteriores.

Segundo, lo anterior evidencia que las altas tasas de crecimiento no fueron sostenibles. A mediados de los años 90 se da una desaceleración que termina con una caída del producto nacional del -4,2 por ciento, y a partir del 2013 empieza el nuevo periodo de menor crecimiento, que se traduce en una tasa de aumento del PIB en el 2015 del 3,1 por ciento, con la seria posibilidad de seguir en descenso por algunos años más.

Cuando a esta desaceleración se le suman un incremento en la inflación, los índices de desempleo y desbalances en las principales cuentas macroeconómicas, como en la balanza comercial, en los ingresos y egresos del Gobierno central, entre otros, es la oportunidad de mirar objetivamente el pasado reciente. No todo se le puede atribuir a la compleja situación internacional, que, sin duda, ha contribuido, en gran medida, a muchos de los desequilibrios actuales, y ese es el ejercicio que se requiere para preguntarnos, ¿en dónde fallamos?

El otro interrogante sería: ¿por qué su modelo no ha garantizado en dos décadas y media, un crecimiento alto y sostenible? Es obvio que se pregunte, ¿por qué sin ser Colombia una potencia petrolera ni minera –con excepción del carbón– no se pensó en reactivar otros sectores como el agropecuario o la industria? ¿Qué tanto influyó el principio neoliberal, que nunca ha creído en políticas sectoriales y plantea que basta con mantener los equilibrios macro? La realidad es que caído el ramo minero-energético, por razones externas, ni el sector agropecuario ni la industria están listos para reemplazarlo.

Y otra pregunta a estos economistas es ¿cómo reaccionan ahora, después de haber promovido intensamente la firma de muchos tratados de libre comercio con distintos países, cuando no logramos exportar –con tasa de cambio favorable– y seguimos importando más de lo deseable? El déficit en la balanza comercial, –6,5 por ciento del PIB, es uno de los graves problemas actuales. ¿Se equivocaron al creer que bastaba con abrir mercados para reactivar sectores productivos para la exportación?

Es evidente que no hay recursos fiscales y que el nivel de la deuda externa ya es preocupante, sobre todo, por el bajo crecimiento esperado de la economía. Pero resulta que en estos 26 años de neoliberalismo, los distintos gobiernos, hasta ahora, no se la han jugado en serio por llegar siquiera a una relación del 20 por ciento de impuestos sobre PIB.

¿De dónde pensaron que saldrían los recursos para financiarnos aun en épocas en las cuales un acuerdo de paz era muy lejano? ¿No debieron aprovechar los periodos de alto crecimiento para hacer esa reforma tributaria tan necesaria y esperada?

No ahorramos en las bonanzas, por el contrario, disparamos el gasto público y, además, actuamos muy poco frente a la gran revaluación del peso que afectó tanto a la producción nacional. Más aún, tanto hablar de las políticas económicas anticíclicas y eso fue exactamente lo que no solo no se hizo, sino que tampoco parece aplicarse. No es procíclico tratar de enfriar todavía más la economía simplemente para bajar la inflación? Y el crecimiento y el empleo, no importan. Otra pregunta que merece una respuesta.

Además, ¿por qué muchos economistas de esta escuela están apoyando la baja de aranceles para frenar la inflación y se les olvida que esto mataría al sector agropecuario, que entre otras, es el único que puede reaccionar a corto plazo y generar mucho empleo? Y, finalmente, para todos aquellos economistas ortodoxos que les gustaría ser o haber sido ministros de Hacienda, la pregunta del millón: ¿que harían, o mejor que harían distinto a lo que se está realizando ahora? Quedan muchas preguntas en el tintero, pero estas para empezar estarían bien.

Cecilia López Montaño
Essenadora, exministra

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