Los niños, el drama más profundo de la tragedia de Mocoa

Menores muertos, heridos, perdidos o que quedaron sin hogar son la otra cara de la catástrofe en el Putumayo. Ya van 43 fallecidos.

Mocoa

Decenas de niños todavía se encuentran desaparecidos. 

Decenas de niños han vivido la tragedia

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abril 03 de 2017 - 04:19 p.m.
2017-04-03

Yulieth Rosero acaba de enterrar a su hermana, pero no puede permitir que el dolor la tumbe: debe encontrar a su sobrino de siete años y cuidar a su otro sobrino, herido en la tragedia de Mocoa que enluta a Colombia.

En esta ciudad amazónica, donde la crecida de tres ríos provocó una avalancha el viernes por la noche que dejó al menos 262 muertos, hay un drama que destaca entre muchos: el de los niños muertos, heridos, perdidos o que quedaron sin hogar.

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Según cifras oficiales, al menos 43 niños fallecieron. Yulieth espera que su sobrino, Juan David Rueda, de siete años, no engrose esa cifra. Tiene esperanzas, porque vio su nombre escrito en una lista de menores enviados a un hospital en la ciudad de Neiva, pero luego le perdió la pista y allí "dicen que no está", cuenta.

Un portavoz del CRC señaló que "aún no hay cifras de niños desaparecidos". Ahora, junto al papá del niño, Yulieth recorre las calles en moto buscando a cualquiera que pueda ayudarla a difundir la foto y la historia del pequeño.

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De esa misión solo se apartó este lunes por unos minutos para enterrar a Deisy, de 26 años y madre del niño extraviado. "Es un niño mono (rubio), es flaquito, no muy gordo, de ojos claros y sus orejas son grandecitas", dice. Mientras tanto, una amiga de la familia cuida al hermano de tres años de Juan David. "Al hermanito, William, lo encontré, él está vivo. Está golpeado, está herido, sin ropa, pero está bien", asegura Yulieth, de 23 años, tez muy blanca y cabello negro. -

EN LA NOCHE SE ASUSTAN

En el principal refugio de Mocoa, ubicado en la sede de un instituto tecnológico, hay niños por doquier. Allí, el 'Padre Omar', como todos le llaman y quien fue párroco en los barrios más afectados, dice que hacen falta "psicólogos especializados en catástrofes". "El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) está haciendo una labor titánica, hay niños huérfanos, muchos niños muertos", asegura.

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Por orden del presidente Juan Manuel Santos, la directora del ICBF, Cristina Plazas, llegó este lunes a la zona. Mientras tanto, animadores organizan bajo una gran carpa actividades para los más pequeños y también dan asesoría a los mayores con familiares perdidos.

Los hijos adoptivos de Alexander Otero, de siete y tres años, están entre las decenas de chiquillos que corretean por el refugio, algunos con globos, otros con alguna muñeca que lograron rescatar.

"Los niños hasta ahorita parecen bien, hasta ahorita están estables, pero en la noche se asustan", dice Otero, de 41 años, sobre los hijos de su esposa a quienes ha "criado desde pequeñitos". "Están afectados, siempre se ven asustados y además dicen '¿será que va a haber más avalanchas?' Con ellos me tocó pasar a casi las dos y media de la mañana por el lodo, por las rocas", cuenta preocupado por la salud mental de los niños y también por no saber "adónde ir".

TAPABOCAS PARA TODOS

Para Delsy Chindoy, madre soltera de tres niños de 11, nueve y cinco años, el mayor riesgo en el refugio es de salud. "De comida estamos bien, pero de aseo sí no tanto, los baños están muy mal", comenta esta mujer de 37 años, luego de repartir tapabocas a todos sus pequeños para evitar que contraigan enfermedades.

Frente a ella pasa una maestra del colegio Pío XII de Mocoa: no quiere dar su nombre, pero muestra el listado de sus 25 alumnos, a quienes llegó a buscar al refugio. "Todos los maestros estamos contactando a nuestros niños para saber cómo están. Sé que 15 (de 25) ya están bien y busco contactar a los demás, pero como los teléfonos no funcionan me vine hasta acá (...) Al entrar al refugio vi a dos y lloré de felicidad", aseguró.

Más allá, otros dos niños de unos siete años se encuentran frente a uno de los salones de clase devenidos en dormitorio. "¿Se te derrumbó la casa?", pregunta el niño. "La de mi papá no", responde la niña. "¿Cogiste ropa nueva?", vuelve a preguntar el pequeño, señalando una montaña de bolsas negras con donaciones.