'Un ministro de Hacienda popular usualmente es un mal ministro'

Mauricio Cárdenas rindió cuentas. Habló sobre su responsabilidad en venta
de Isagén y caso de Reficar, y sus predicciones económicas para este año.

Mauricio Cárdenas/Ministro De Minas Y Energía

Archivo Portafolio.co

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Gobierno
POR:
yamit amat
febrero 28 de 2016 - 08:50 a.m.
2016-02-28

El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, responde en la siguiente entrevista a las investigaciones que le adelantan Fiscalía y Procuraduría por la venta de Isagén y por los sobrecostos en la refinería de Cartagena. Se refiere además a la situación de la economía y, aun cuando reconoce que “hay algunos virus”, sostiene que tiene “buena salud”.

Pide desterrar el pánico y creer en que el país superará las coyunturales dificultades económicas que afronta.

¿Es suficiente el recorte que está haciendo el Gobierno?


Bajo los escenarios actuales y los pronósticos de recaudo de la Dian, el recorte de 6 billones de pesos es suficiente para que el déficit fiscal no exceda el 3,6 por ciento del PIB este año, cumpliendo con la Regla Fiscal.

¿Hasta dónde se afectan todos los programas de inversión del Gobierno?

Es una estrategia que denominamos ‘austeridad inteligente’. No recortamos a rajatabla sino que fijamos prioridades. Protegemos los programas sociales. Lo mismo ocurre con los programas de inversión pública que más impulsan la economía, como la infraestructura del transporte, vivienda, aulas escolares, etc.

¿No se afectarán los programas de salud?

El presupuesto de salud es de $ 14 billones y solo se recortan $ 143.000 millones, que es menos del uno por ciento. Los recursos del régimen subsidiado de salud están asegurados.

¿En educación?

Tiene un presupuesto de 31,6 billones de pesos y el recorte es de 140.000 millones, relativamente pequeño. La educación pública gratuita, los apoyos a las universidades o Ser Pilo Paga no sufren impacto.

¿Hay riesgo de que obras en construcción o contratadas se abandonen?

No. Se respetó todo el programa de contratación que ya venía en proceso, que ya se había contratado o estaba en proceso de licitación.

¿Qué se recorta?

En inversión se reducen proyectos nuevos que aunque importantes se pueden aplazar. Cada sector escogió qué proyectos postergar.

¿Y en funcionamiento?

Se reducen los gastos de funcionamiento en $ 2,5 billones. En el rubro de servicios personales se reducen $ 660.000 millones. Esto se logra reduciendo en 5 % frente al 2015 el valor de los contratos de prestación de servicios. El valor de la planta de personal se congela. Todos los cambios que se hagan en la nómina tendrán que ser a costo cero. Se puede contratar a una persona, pero se tiene que abrir una vacante.

¿Cuánto le costaban al Estado los contratos de servicios que se contrataban?

Seiscientos mil millones

¿Y se congela en ese valor?

No. Se tiene que reducir el 5 por ciento para bajar ese costo a $ 570 mil millones. Es decir, no se pueden renovar todos los contratos.

¿Y la nómina?

Se mantiene la que estaba vigente el 31 de diciembre. Ese valor queda congelado. Es decir, no va a haber despidos ni masacre laboral.

¿Cuánto creció la nómina en el 2015?

Siete por ciento

¿Las vacantes que se presenten se pueden llenar?

Sobre la base que había el 31 de diciembre. Si el año pasado había vacantes, ya esas no se pueden llenar. Si este año aparecen vacantes, se pueden llenar.

¿Cómo está la industria?

Aunque no lo crea, va a ser el sector de mayor crecimiento este año, 7,5 por ciento frente a 1 por ciento el año pasado. Entre otras cosas por la entrada en funcionamiento de Reficar.

¿Las alarmas que han lanzado el Banco de la República, la Andi y Standard & Poor’s no son indicadores de que la economía no va bien?

Hay señales de alerta y debemos escucharlas. No es momento para la complacencia, pero tampoco para el pesimismo. Hay que administrar la economía con realismo. Por ejemplo, Standard & Poor’s nos mantuvo la calificación BBB (por encima del grado de inversión, que es BBB–), pero nos dijo que si la queremos conservar debemos seguir reduciendo los llamados déficits gemelos, el fiscal y el externo. No podría estar más de acuerdo. Un hito importante es la reforma tributaria estructural que tramitaremos en el segundo semestre después de analizar todas las propuestas que hemos recibido.

"Tenemos un cuerpo sano en un entorno en el que hay muchos virus rondando".

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¿Y por qué tantas voces de alarma?

La economía va bastante bien dadas las circunstancias. El año pasado fuimos líderes entre las economías grandes de la región con excelentes resultados en empleo. Este año también estaremos en el cuadro de honor. Pero eso sí, con una condición: tenemos que vencer el pesimismo. Contra eso no hay antídoto. En medio de la turbulencia no podemos entrar en pánico. Un empresario me dijo que había decidido “no hacer parte de la crisis”. Su negocio está creciendo mientras sus competidores se asustan.

¿Con una inflación del 7 por ciento, devaluación del 60 por ciento, petróleo inexistente, bajísimas exportaciones, agro improductivo, no hay razón por lo menos para el susto?

Debemos estar alerta pero no asustados. La inflación es estacional, impulsada por el fenómeno del Niño. Los precios de los alimentos deben bajar en el segundo semestre, cuando se normalice el clima. Si el precio del petróleo se estabiliza, también debería frenarse la devaluación. Además, la devaluación que se ha dado no es mala; pregúnteles a los cafeteros que están vendiendo la carga a 770.000 pesos.

Pero la devaluación también encarece la importación de insumos…

Pues tenemos que empezar a producir muchos de esos insumos.

4.5
millones
de dólares al año importa el país en alimentos.


¿Pero usted diría que la economía está en cuidados intensivos?

No. Tenemos una economía que requiere chequeos periódicos, pero que no está hospitalizada, una economía que hay que estar vigilando. Creo que tenemos un cuerpo sano en un entorno en el que hay muchos virus rondando.

El Banco de la República dijo que no se cumplirá la meta de 2 a 4 por ciento de inflación…

Sí. La proyección es que a final del año la inflación esté en 5,5 por ciento. Volverá a estar en el rango meta en el 2017.

¿Es partidario de que el Banco de la República siga elevando las tasas de interés?

He apoyado el aumento gradual de las tasas de interés y lo he hecho porque considero que el control de la inflación es fundamental, especialmente para las personas de menores ingresos.

¿Pero se van a seguir aumentando las tasas?

Creo que esa posibilidad existe. No se puede descartar. Lo que el país debe saber es que en la junta directiva del Banco de la República tomaremos las decisiones necesarias para que la inflación logre la meta en el 2017.

El problema es que los altos precios de los alimentos continúan…

Por eso tomamos medidas esta semana para que se puedan importar alimentos sin arancel. Las medidas son temporales mientras entra la producción nacional. El país está importando 4. 500 millones de dólares al año en alimentos, que en su inmensa mayoría los podíamos producir nosotros.

El país le tiene pánico a la reforma tributaria que viene. ¿Tiene razón?


El país puede estar tranquilo; vamos a hacer una reforma tributaria que logre controlar la evasión, que genere equidad y que le dé al sector productivo colombiano más competitividad: acá hay muy pocos que pagan mucho y muchos que no pagan. Tenemos que cambiar eso; por ejemplo, controlando a quienes se escudan en entidades sin ánimo de lucro para manejar negocios muy rentables.

Toda reforma tributaria es impopular. ¿Le preocupa más el país que su futuro?


Si yo estuviera pensando en mi futuro no habría ejecutado decisiones políticamente impopulares pero necesarias, como la venta de Isagén. O el recorte del que hablamos, por ejemplo. Un ministro de Hacienda popular usualmente es un mal ministro de Hacienda.

"Acá hay muy pocos que pagan mucho y muchos que no pagan".

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A propósito, lo están investigando por la venta con solo un proponente…

Sí, un tema que los gobiernos anteriores consideraban y que solo este llevó a cabo. Lo del único proponente no es extraño. Ha ocurrido en muchos casos similares: Banco Popular, Cerrejón, Chec, la Empresa de Energía de Cundinamarca, entre otros. Lo fundamental en un proceso de enajenación bajo la Ley 226 es que haya una adecuada valoración y amplia publicidad para que pueda participar quien tenga interés. Muchos compradores interesados participaron durante los dos años y medio que duró la venta de Isagén. Al final solo llegó uno, entre otras cosas porque el precio era alto.

El precio también lo han criticado…

No ha habido ningún otro proceso en el que se hayan utilizado múltiplos tan altos para calcular el valor mínimo de venta. Otros socios de Isagén, como EPM y EEB, han hecho sus propias valoraciones y consideran que el precio de $ 4.130 por acción está por encima del mercado. Es, según lo dicen ellos mismos, una oportunidad que no se va a repetir. Por eso también quieren vender sus acciones.

¿Qué pasaría si el Consejo de Estado revierte la venta de Isagén? ¿En dónde están los $ 6,5 billones que se pagaron por la empresa?

Los recursos están en el Fondes, que será administrado por la Financiera de Desarrollo Nacional, que es una entidad indispensable para que el programa de infraestructura 4G pase “del dicho al hecho”. Hace dos semanas sirvieron para asegurar el financiamiento del proyecto entre La Pintada (Antioquia) y La Manuela (Risaralda). Además, Isagén está en manos de un socio serio que ha ratificado a todo su personal, incluyendo la gerencia y los miembros independientes de la junta directiva. La empresa no ha dejado de cumplir con sus obligaciones.

¿Qué va a responder frente a la investigación que abrió la Fiscalía?

Es una investigación preliminar y, como es nuestra obligación, daremos todas las explicaciones. Este proceso suscitó mucha polémica y controversia. Actuamos con responsabilidad y, sobra decirlo, con profesionalismo y apego a la ley.

Y también lo investiga la Procuraduría por Reficar. Usted fue miembro de la junta directiva de Ecopetrol. ¿Cómo es la historia de los sobrecostos?

Ingresé a la junta de Ecopetrol –nunca he estado en la de Reficar– como representante de los accionistas minoritarios en el 2008, cuando Glencore ya tenía el control de Reficar y ya se había contratado a CB&I, que ejecutó el proyecto. Estuve de acuerdo en el 2009 con que Ecopetrol retomara la refinería, dado que Glencore había resultado un mal socio que no le añadía valor a la empresa. Desde el 2011, ya en mi condición de ministro de Minas y Energía y posteriormente como ministro de Hacienda, empezaron a ser evidentes los problemas de CB&I. En innumerables intervenciones, plenamente documentadas, llamé la atención sobre esta situación y las acciones necesarias para enderezar el rumbo. Por ejemplo, además de los cambios administrativos en Reficar para ejercer un mejor control del proyecto, propusimos cambios al alcance del contrato con CB&I, así como mayores penalidades por incumplimiento. También solicitamos que se explorara la posibilidad de cambiar al contratista. Por los riesgos legales y económicos que implicaba, la administración de Ecopetrol indicó que esto no era conveniente. Desde 2013 se optó por seguir adelante con el contratista y conformar un equipo legal para preparar una reclamación. La alternativa, suspender el proyecto, habría resultado más costosa, pues hoy además de un pleito tendríamos una obra inconclusa. No sobra repetir que una parte de lo que hoy se menciona como sobrecosto viene de un mayor alcance que tuvo el proyecto y de costos de huelgas y otros hechos sobrevinientes.

¿Usted advirtió en alguna ocasión sobre el carácter excesivo de los sobrecostos?

Desde el 2012, la prensa nacional tuvo conocimiento de los incrementos en los costos de la construcción de la refinería y hablé públicamente en entrevistas sobre los problemas que veía.

La misma Ecopetrol publicó periódicamente comunicados de prensa informando sobre las decisiones de su junta directiva en esta materia. En mi condición de miembro de junta directiva de Ecopetrol he enfrentado los problemas con profesionalismo y diligencia desde el primer momento en que tuve conocimiento de ellos.

Los verdaderos sobrecostos que tuvo el proyecto se deberían recuperar con la demanda. En cualquier caso, CB&I debe responder.

Cifras de Minhacienda para este año

¿Crecimiento?


3 por ciento.

¿Inflación?


5,5 por ciento.

¿Devaluación?

Terminamos el año con dólar a $ 3.200.

¿Exportaciones? ¿Importaciones?

Exportaciones por 31.500 millones de dólares, lo que representa un crecimiento real del 1,2 por ciento. Importaciones por 44.900 millones de dólares, lo que implica un crecimiento real nulo.

¿Ingresos fiscales?

Cumpliremos la meta de recaudo de impuestos: 121,8 billones de pesos.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO