El 'cambio extremo' que planea la Superservicios

La reingeniería implica la salida de contratistas y mejorar la calidad profesional de la planta que quede. También, restaurar área de investigaciones.

José Miguel Mendoza, superservicios

José Miguel Mendoza lleva mes y medio en el cargo de Superintendente de Servicios Públicos.

Archivo particular

Gobierno
POR:
néstor lópez
septiembre 12 de 2016 - 08:24 a.m.
2016-09-12

El amago de crisis energética de principios de este año destapó la reducida eficacia de la Superintendencia de Servicios Públicos.

Ahora, con nuevo jefe abordo, la entidad proyecta un revolcón. Una acción será la modificación de la planta de personal, pues podría operar con unos 500 funcionarios que equivalen a casi una cuarta parte de los actuales.

El superintendente de Servicios Públicos, José Miguel Mendoza, le dio su primera entrevista a Portafolio para hablar de la ‘cirugía’ que viene.

¿Cuál es su diagnóstico de la institución que recibió?

Por muchos años, la entidad fue el centro neurálgico de la prestación de servicios públicos en el país, controlaba todo el sistema y era la responsable de que este funcionara.
Pero en el 2009 tuvo dos golpes muy duros: con la creación de la autoridad única de competencia (ley 1340) le quitaron facultades en materia de competencia y de protección al consumidor, y se las dieron a la Superindustria. Ademas, el mismo año, la Ley 1341 le suprimió el control de las telecomunicaciones. Eso ocasionó una crisis de identidad durísima. Era el momento en que tenía que reinventarse, tener un liderazgo fuerte que la llevara a buen puerto.

¿Eso no debió servir para que se concentrara más en lo que le dejaron?

La mitad del personal se quedó sin qué hacer, y pasó algo que marcó el curso actual: la convirtieron en un call center gigante que recibía quejas de asuntos cotidianos, como una factura más alta o que les cortaron la energía.

Todas las súper reciben quejas.

Sí, pero el asunto no es recibir quejas, sino qué haces con ellas, porque si simplemente las conviertes en un trámite burocrático, sin continuar con todo el eslabón de supervisión e investigación, no se hace nada. Procesamos cientos de miles de quejas al año, pero eso no tiene ningún impacto sobre la estructura de prestación de servicios públicos.

Obvio que faltó liderazgo.

Pasaron dos cosas que erosionaron la capacidad de gestión: una, la pérdida de capital humano, porque hubo una fuga masiva de técnicos que se fueron a trabajar con los supervisados. Y, dos, el deterioro de las técnicas de investigación; cuando yo llegué le pregunté a uno de los delegados si sabía cómo hacer una investigación administrativa y no tenía la menor idea.

¿Cómo están los sectores que debe vigilar?

Ante este vacío de autoridad, todo empezó a fallar. Usted ve todos los problemas que hay en el sector de energía, acueductos, alcantarillado, hay algunos rellenos sanitarios que excedieron su capacidad.
Esto golpea fuertemente la competitividad. Imagínese por ejemplo un empresario caleño, al que la luz se le va de 20 a 30 horas al año, compitiendo contra un europeo al que se le va de 1 a 2 minutos, sin hablar de tarifas.

¿En gas no hay problemas?
Más o menos se ha mantenido, pero se siente el vacío de autoridad.

¿Qué más halló?

En el 2015, la Superindustria contaba 131.000 millones de pesos de presupuesto y 1.000 funcionarios; la Superservicios tenía 1.800 personas y gastó 322.000 millones, y aún así solo impuso multas por 9.900 millones mientras que la otra multó por 385.000 millones.

¿Eran 1.800 funcionarios de planta?

De ellos, 1.495 eran contratistas y 330, de planta, pero en provisionalidad. Cuando hay una nómina paralela de esa magnitud, es que algo pasa.

¿Qué hará para restablecer la confianza en la Súper?

Yo creo que las instituciones dependen en buena parte de las personas y por eso trajimos un equipo técnico de las más altas calidades. Nuestro Delegado de Aguas, por ejemplo, acaba de terminar un doctorado en la universidad de Oxford, y el de Energía tiene una maestría en economía y se formó en la Superindustria en el tema de carteles. No obstante, para que la gente funcione tiene que haber una confluencia entre el equipo técnico y una orientación; por eso hemos diseñado unas política claras sobre cómo ejercer la supervisión en cada sector. Esta superintendencia no tenía protocolos de investigación administrativa y ya los hicimos, además nos acaban de aumentar la capacidad sancionatoria de 2.000 a 100.000 salarios mínimos. También, celebramos un convenio con la SIC para usar su laboratorio forense.

¿Habrá cambio estructural?

Sí, tenemos un plan para cambiar la estructura interna, que ya estamos implementando. Vamos a aumentar el numero de funcionarios de carrera, con la idea de mejorar los perfiles técnicos.

¿Acaso la nómina oficial no está congelada?

Sí, pero marchitaremos una parte de los 1.500 contratistas para aumentar la planta. Eso no le va a costar al contribuyente un peso más. También, vamos a cortar áreas superfluas y crearemos un par de grupos nuevos para temas como el de pequeños prestadores en casos de aguas.

¿Con cuántos funcionarios podría operar?

Cálculos a mano alzada indican que, más o menos con 500, pero con preparación alta y experiencia.

¿En cuánto tiempo estará esto?

En unos seis meses. Estamos trabajando día y noche porque entendemos las urgencias del sector y queremos restablecer rápido esta superintendencia al lugar donde estuvo en un tiempo, queremos sacarle brillo.

Néstor López
Portafolio
neslop@eltiempo.com