Con dificultad, Cúcuta aprende a vivir sin Venezuela

A seis meses del cierre de la frontera, la región necesita infraestructura y reformas de fondo para atraer más actividades productivas.

Cúcuta está obligada a cambiar su vocación puramente comercial por una industrial y productiva que la independice de las coyunturas económicas y políticas de Venezuela.

Cúcuta está obligada a cambiar su vocación puramente comercial por una industrial y productiva que la independice de las coyunturas económicas y políticas de Venezuela.

Archivo particular

Gobierno
POR:
Pedro Vargas Núñez
febrero 18 de 2016 - 07:04 a.m.
2016-02-18

¿Del hermano Maduro o del hermano Santos? preguntan los dueños de los pequeños locales en la frontera colombo-venezolana, en el área de Cúcuta, para dejar claro que ya todo lo que venden no es de contrabando de Venezuela, sino que también hay artículos colombianos.

A eso los llevó la medida del presidente venezolano Nicolás Maduro al ordenar el cierre de la frontera, hoy hace seis meses.

Un balance agridulce para los habitantes del área metropolitana de Cúcuta. Sectores económicos que ganan, otros que pierden, otros que se sostienen, desempleo que aumenta, informalidad que se incrementa, pobreza al alza, inflación no vista hace muchos años, una ciudad autosostenible con un circulante que no crece: ese el panórama que se vive en el área metropolitana de Cúcuta, en la cual residen casi un millón de habitantes.

Las actividades económicas que antes ganaban, ahora subsisten o pierden: carbón, hoteles, restaurantes, transporte, casas de cambio y agencias de aduanas. Las que antes apenas subsistían, ahora ganan: sector agropecuario, estaciones de servicio, supermercados.

Otros como la industria textil y de calzado, que deberían incrementar sus ventas, sobreviven por la falta de circulante.

Las estaciones de servicio han sido las más beneficiadas, pues pasaron de vender 4,1 millones de galones al mes (cupo para el departamento) a lo que denominan la demanda real de la ciudad (casi 13 millones de galones).

Lo que quiere decir que las dos terceras partes del combustible que se consumía en la ciudad (unos ocho millones de galones) llegaban desde Venezuela.

Otro sector que vive una época dorada es el de víveres y abarrotes, compuesto por supermercados, tiendas de barrio y plazas de mercado, cuyas ventas aumentaron 20 por ciento en promedio.

El sector agropecuario ha sido otro de los grandes beneficiados. Andrés Hoyos, presidente del Comité Departamental de Ganaderos de Norte de Santande, afirma que el gremio arrocero está vivendo una bonanza, pues la arroba de arroz se vende a 17.000 pesos cuando antes del cierre de la frontera costaba 10.000 pesos.

“El 80 por ciento del arroz que se consumía en la ciudad era venezolano, ahora los 1,2 millones de toneladas que se producen se venden en el área metropolitana”, agrega.
Otra cosa diferente sucede con la carne, ya que el sacrificio de ganado no ha aumentado como se preveía. Antes del cierre de la frontera se sacrificaban unas 30 reses, de las 425 que se consumen en la ciudad diariamente. “Ahora el promedio es de 55 reses diarias”, afirma Hoyos.

Esto también se nota en el precio de la carne en las plazas de mercado, en donde el kilo cuesta 10.000 pesos y no los 19.000 que vale en cualquier ciudad colombiana. Lo mismo que el ganado en pie, que se comercia a 3.000 pesos el kilo y no a 4.200 pesos, el promedio de todo el país.

Aunque en general son tiempos difíciles para la región, pues los que sufren son los miles de informales, como los ‘pimpineros’, bachaqueros, mototaxistas y cambiabolívares, que de un día para otro se quedaron sin el sustento diario, los gremios de la ciudad manifiestan que la actividad económica se ha mantenido con el circulante que quedó después del cierre de la frontera.

“Porque al contrario de siempre, el dinero fluye y se mantiene en la ciudad, no se va para Venezuela”, sostiene Andrés Hoyos.

Pero le piden al Gobierno Nacional que invierta rápidamente en obras de infraestructura en la región con el fin de generar más circulante y evitar que este se agote.

Otro aspecto positivo es que antes del cierre de la frontera nadie se imaginaba en la ciudad que Cúcuta sobreviviría sin Venezuela, y está costando, pero lo está haciendo, aunque falta mucho por hacer y ajustar para que la independencia sea mayor.

LOS SECTORES QUE NECESITAN AYUDA

Uno de los sectores más afectados por el cierre de la frontera sigue siendo el carbón, del cual se exportaban 120.000 toneladas mensuales por Venezuela.

De ese total, solo ha sido posible sacar unas 40.000 mensuales a través de Colombia, “para lo que se necesitan apenas unos 1.400 trabajadores, de los 4.000 que había antes para producir solo ese carbón”, explica Jaime Rodríguez, presidente ejecutivo de la Asociación de Carboneros de Norte de Santander (Asocarbón).

Otro gremio que se quedó literalmente sin negocios fue el de las casas de cambio, cuyos negocios casi que desaparecieron al caer 97 por ciento.

Juan Fernando González, presidente de Asocambios en Cúcuta, revela que se han perdido unos 200 empleos y algunas han cerrado, pero que todos están aguantando a pérdida a que vuelvan a abrir la frontera.

Los hoteleros también han visto bajar los niveles de ocupación de un promedio de 45 por ciento a 30 por ciento. “La situación es preocupante porque ya no hay venezolanos que vengan de paso ni colombianos que vengan a hacer negocios”, opina Alexander Trujillo, gerente del hotel Casino Internacional de la ciudad.

Lo mismo que restaurantes y agencias de viajes, comercio que no ha podido recuperar sus niveles de negocios.