Cada día menos hombres son cabeza de hogar en el campo

Infortunadamente, prevalece el analfabetismo entre ellas, pese a
que son las que más trabajan y las que más aportan a la economía. 

En más de la tercera parte de las fincas, las mujeres toman decisiones de producción.

En más de la tercera parte de las fincas, las mujeres toman decisiones de producción.

Archivo particular

Economía
POR:
Juan C. Domínguez
marzo 06 de 2016 - 07:00 p.m.
2016-03-06

En el III Censo Nacional Agropecuario, hecho por el Dane, se evidenció que los hombres del campo han ido abandonando de forma sostenida a sus mujeres, por lo que ellas han asumido la jefatura del hogar.

Ellas, de ser el 18 por ciento cabezas de familia en el 2005, pasaron al 27,8 por ciento de todos los hogares rurales censados por la entidad en el 2014.

“Las mujeres son la piedra angular de la economía rural, especialmente en los países en desarrollo.

“Sin embargo, en comparación con los hombres solo obtienen una fracción de la tierra, el crédito, los insumos (como semillas mejoradas y fertilizantes) y la formación e información en agricultura que ellos reciben”, dice el informe La agricultura con cara de mujer, editado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Así, tanto la entidad internacional como la de estadísticas locales dan cuenta de la importancia de la mujer en el progreso económico y social del sector agrario; paradójicamente, pese a la marginación, ellas pueden dar más.

“Se ha demostrado que, si se potencia el papel de las mujeres rurales y se invierte en actividades que aumentan significativamente la productividad, el hambre y la malnutrición se reducen y mejoran los medios de vida rurales.

“Esto no solo beneficia a las mujeres, sino a toda la población”, destaca la FAO.
La entidad concluye que las mujeres rurales trabajan más horas que los hombres, porque además de las tareas remuneradas, tiene otras que no lo son, como sus roles en la vida familiar.

Ahora –agrega la FAO– obtienen un rendimiento entre un 20 y 30 por ciento inferior al de los hombres, debido a que no pueden acceder en la misma medida a los recursos y servicios productivos (crédito y financiamiento, garantías e insumos, por ejemplo).

Si hay un indicador preocupante es el de analfabetismo y escolaridad.

El 12,6 por ciento de ellas, mayores de 15 años, reportaron al Censo que no saben leer ni escribir; esta condición es casi igual que en los hombres, donde el 12,4 padece este flagelo. Al parecer, esta condición no presentaría una mejora en el futuro inmediato, en la medida en que 19,7 por ciento de ellas no recibe educación, es decir, no asiste a la escuela.

La FAO sugiere que ellas tendrían el mismo rendimiento que ellos si pudieran acceder en la misma medida a los recursos y servicios productivos.

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El informe presentado por la entidad resalta un aspecto totalmente opuesto al referirse a la tenencia de la tierra, pues del total de fincas manejadas por ellas, 73,4 por ciento la declaró como propia; el 8,3 por ciento, como colectiva; y el 18 por ciento, como otra forma de tenencia.

Para el desarrollo de actividades agropecuarias, 12,9 por ciento de ellas cuentan con maquinaria agrícola, mientras que el servicio de asistencia técnica llega apenas al 8,5 por ciento de las fincas.

Otro de los indicadores que también refleja la marginación de la mujer rural está en el acceso al sistema de crédito y financiamiento, pues el 8,5 por ciento de las fincas donde mujeres productoras toman las decisiones de producción solicitaron crédito en 2013; la buena noticia es que a casi todas les fueron aprobadas sus solicitudes.

Ahora –al parecer– la condición de género es clave para la búsqueda de la seguridad alimentaria, pues las fincas de ellas presentaron mayor participación entre las que tienen un área de producción para autoconsumo de sus familias.

El Censo se centró en la mujer rural, la que habita en las zonas rurales y que está directamente relacionada con la producción agropecuaria.

Por último, ellas son mano de obra permanente en 24,1 por ciento.

¿Y QUÉ HACEN LAS MUJERES DEL CAMPO?

* Como ama de casa: cocinar (desayuno, almuerzo y comida), arreglo de ropa (lavar, coser, planchar y confeccionar), cuidado de los hijos (aseo, darles de comer y ayudar en las tareas escolares), arreglo de la casa (barrer, tender camas y trapear) y conseguir los insumos para cocinar (rajar leña, recolectar y cargar agua).

* Como comerciantes de la producción de su finca, ellas venden productos agrícolas y leche, entre otros elaborados en casa como quesos y cuajadas.

* Como participantes activas de la sociedad, asisten a reuniones de padres de familia convocados por los colegios, juntas de acción comunal, así como a cursos y charlas técnicas. Cuando tienen 'algún tiempito' para descansar, lo utilizan en labores manuales como hacer ruanas y cobijas y tejer sacos, que sirven para reforzar los ingresos de la economía familiar.

* En su relación con la producción están dedicadas a la parte agrícola y ganadera.
En la primera se destacan la preparación de terrenos para siembra, la siembra misma y otras labores propias de los cultivos como fertilización, riego, control de plagas y enfermedades, lo mismo que en los trabajos de cosecha y poscosecha.

En la parte pecuaria, ellas cuidan de los animales en pastoreo e igualmente intervienen en otros trabajos como vacunar, ordeñar, controlar parásitos, alimentar animales, asear instalaciones, cortar colmillos y castrar, entre otras.

Juan C. Domínguez
Economía y Negocios