¿Se despedirá de la tienda el combo ‘colombo-francés’?

El sector de bebidas azucaradas ya tiene un IVA monofásico del 16% que es pagado por la industria. No es prudente que sea gravado con uno adicional.

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Guillermo Botero Nieto, presidente de Fenalco.

Carlos Ortega / Portafolio

Impuestos
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Portafolio
septiembre 28 de 2016 - 09:02 p.m.
2016-09-28

Don Alirio es uno de los 120 mil tenderos que se benefician del programa Fenaltiendas y él como cientos de micro comerciantes me manifestaron en el pasado Día Nacional del Tendero -en el cual reunimos alrededor de 100 mil en 17 ciudades- una inmensa preocupación por la propuesta de imponer un impuesto a las bebidas azucaradas (Lea también: ¿Un impuesto que adelgaza?).

Y no es para menos, pues estas representan el 20% de las ventas y el 33% total de su ingreso. De imponerse el impuesto, según algunos sondeos realizados por Fenalco, el impacto de pérdida de ingreso estaría alrededor de los $300.000 mensuales.

Hay un fantasma que retumba en los oídos de nuestros tenderos: En México esta medida quebró a 33.000 de ellos. Cifra proporcional se podría pensar en Colombia, con el agravante que de cada tienda subsisten al menos 4 personas.

Un micro comerciante lucha diariamente para lograr un salario mínimo mensual en términos reales. Para esto, debe hacer una combinación de productos, pero si uno de estos pierde participación, cae como cascada el resto. En este caso la sensibilidad sobre los panes, embutidos y preparaciones propias es notoria. En una encuesta que realizamos con 2.300 tenderos en 7 ciudades se mostró que el 72% considera que este impuesto afectaría sus ventas complementarias. Esto significa una mayor pérdida de ingreso neto y es lo que hemos denominando como la desaparición del combo ‘colombo- francés’ de pan, salchichón y gaseosa, que son las medias nueves de miles de obreros colombianos (Vea además: Por qué un impuesto a las bebidas azucaradas?). 

Este impuesto es ante todo una medida regresiva. En el caso mexicano los estratos con menor capacidad económica pagaron el 63,7% del total del recaudo del impuesto y afectó la capacidad adquisitiva de esta población en un 66%. La eficiencia fue mínima, puesto que solo logró reducir entre 3 y 6 calorías de la dieta de los manitos.

En términos de resultados para México el impuesto ha sido un total desastre. Afectó la industria, y sus ventas cayeron entre un 3 y un 4,3%, perdieron alrededor de 10.800 empleos y los resultados en materia de salud pública son mínimos.

Hace unas pocas semanas la revista Forbes analizó el caso mexicano y lo tituló como fracaso. Dos elementos fueron los determinantes, según los autores del artículo, para que esto sucediera.

Primero, “la elasticidad de la demanda porque son bienes inelásticos”. Esto quiere decir que la demanda del producto no disminuye por un aumento del precio. Si alguien va a comprar el producto lo hará, así deba pagar más por él. Ahí sí como dicen popularmente “gaseosa mata tinto”.

Lo segundo son “los efectos regresivos de la medida”
. Los impuestos al consumo, por regla general son regresivos. En México hubo una recomposición del gasto sacrificando artículos de aseo personal en favor de las bebidas azucaradas. En conclusión, el impuesto convertirá el desodorante en un bien de lujo, lo cual sin duda llamaría la atención.

Los tenderos saben en su conocimiento popular estas razones porque conocen a su clientela. En la misma encuesta les preguntamos quiénes creen que son los más afectados con esta medida: el 91,8% consideró que las personas de ingresos bajos y el 86,5% cree que hará más costosos los productos de la canasta básica familiar.

Uno de los elementos fundamentales que no están siendo tenidos en cuenta en esta discusión es que actualmente el sector de las bebidas azucaradas ya tiene un IVA monofásico del 16% que es pagado por la industria. Si el producto ya paga este tributo, no parece prudente que sea gravado con uno adicional.

Una medida de este tipo desconoce claramente nuestra dieta calórica. Claramente, si de gravarse productos altamente azucarados se tratara, tendríamos que comenzar por el agua de panela que en una presentación de 250 mililitros tiene 218 calorías, un jugo de piña 190, una cerveza 115, siendo el gran campeón, el aguardiente con 578. Me gustaría ver a un congresista gravando la gelatina de pata, el merengón o una oblea recargada de arequipe y salsa de mora de las que venden justo al frente del Congreso de la República.

Solo para dar algunos datos, Colombia está catalogado como el segundo país más sedentario del mundo después de las Islas Cook (OMS). El 46% de la población es inactiva (Ensin 2010) y el 62% de los niños y adolescentes colombianos ve televisión o juega con videojuegos por dos horas o más. El tiempo dedicado a estas actividades aumenta con la edad y es más frecuente en adolescentes (Ensin 2010). ¿En serio creemos que el problema son las bebidas azucaradas?

Estamos convencidos que la combinación de políticas es un error. Los resultados en salud no se combaten con medidas tributarias. Eso sería como resolver con pistolas de agua un incendio. La política de salud debería estar enfocada en promover hábitos de vida saludable, que los jóvenes hagan más ejercicio y tengan un dieta balanceada. Pero este es un ejemplo más de lo impertinente que suelen ser ciertas políticas públicas que se dejan llevar por las modas regulatorias que se implementan en otras partes.

Sí lo que el gobierno quiere es un mayor recaudo debería decirlo con franqueza y no buscar temas sensibles para justificarlo. No maquillemos las curas del déficit fiscal. Tenemos claro que esta reforma está diseñada para meterle la mano al bolsillo de los consumidores. Esto es tan evidente que según los tenderos encuestados el 91%, en su sabiduría popular, considera que lo que busca esta medida es “solo recaudar más impuestos”.

Guillermo Botero
Presidente de Fenalco