Industrialización orientada a la articulación Analisis | Economía | Portafolio
Manuel José Cárdenas
Análisis

Industrialización orientada a la articulación

La articulación productiva garantiza que el comercio internacional genere efectos de retroalimentación al interior de las estructuras productivas.

Manuel José Cárdenas
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Manuel José Cárdenas
abril 24 de 2017
2017-04-24 06:38 p.m.
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La globalización plantea grandes retos para las economías nacionales. De un lado, la fragmentación de los procesos productivos, que hace factible la subcontratación a través de diferentes países, ha implicado un fenómeno de especialización vertical. Por otro, la importancia que adquieren las empresas multinacionales como principales promotoras y beneficiarias de dicha deslocalización.

Desafortunadamente, las diferentes perspectivas teóricas basadas en la organización industrial, únicamente dan cuenta de las consecuencias de la integración internacional desde la perspectiva del comercio, sin profundizar en las implicaciones que este proceso ha generado al interior de cada economía nacional. Esta consideración parcial del fenómeno de la globalización, limita las posibles derivaciones de política económica, por lo que se considera urgente la necesidad de un desarrollo teórico que ayude a enfocar el problema desde una perspectiva más integral, tomando en cuenta no solo las características de la estructura productiva interna de los países, sino también los relacionados con su vinculación a la economía mundial. Con este propósito, Ricardo Zárate Gutiérrez y Tania Molina del Villar han escrito un libro, publicado recientemente por la Cepal, sobre la “industrialización orientada a la articulación, una opción para el desarrollo frente al proceso de fragmentación productiva a nivel mundial”.

Con base en lo anterior, los autores de este trabajo plantean un enfoque alternativo, un modelo de industrialización orientado a la articulación, que no solo identifique las causas y consecuencias del actual modelo económico, sino que también sea capaz de generar políticas alternativas para el crecimiento, a partir de una visión que priorice el impulso al desarrollo nacional y no únicamente al mercado mundial, reconociendo que proceso de globalización no puede ser frenado, sino que hay que enfrentarlo de una forma activa y no pasiva, como hasta ahora.

La articulación productiva garantiza que el comercio internacional genere efectos de retroalimentación al interior de las estructuras productivas y no solo para las empresas que participan en las cadenas globales de comercio. Por el contrario, si una economía no está articulada el crecimiento exportador, a la larga, estará impulsando un incremento mayor de las importaciones, limitando con ello cualquier efecto de arrastre o dinamizador sobre el conjunto de la actividad productiva.

Para que pueda darse un crecimiento sostenido dentro de un escenario de elevada integración mundial, resulta indispensable el desarrollo no solo de nuevos sectores exportadores líderes, sino también una capacidad de articulación entre las nuevas industrias dinámicas y aquellas que se consideran maduras. Si, por el contrario, los sectores líderes actúan y progresan de forma aislada del sistema económico, se llega a procesos de ‘dualismo’ económico que no permiten un crecimiento sostenido.

Para entender mejor el fenómeno estudian tres casos diferentes, Corea del Sur, España y México, cuyos esquemas de industrialización y de integración apenas tienen en común el calificativo de industrialización tardía.

Corea del Sur, sin pertenecer a ningún bloque económico, pero sí con vínculos con la Asociación de Naciones del Sureste Asiático y el establecimiento de acuerdos comerciales con diversos países, tiene un perfil productivo manufacturero exportador, un modelo de ciencia y tecnología vinculado a los objetivos de industrialización y un esquema de integración internacional no dependiente ni subordinado que descansa en grandes conglomerados nacionales, ha alcanzado a las economías más desarrolladas y mantiene de manera sostenida un crecimiento económico dinámico.

España, miembro de la Unión Europea, desindustrializada, altamente terciarizada, mantiene un estilo de desarrollo dependiente, con una estructura productiva dominada por empresas transnacionales con gran parte de la participación del mercado. Después de un aparente despegue económico en los años noventa y primera mitad del decenio del 2000, actualmente pasa por una de las peores crisis que ha atravesado dicho país.
México, miembro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, con una fuerte orientación internacional sustentada en el desenvolvimiento de actividades exportadoras, un modelo caracterizado por la dependencia, la subordinación y el estancamiento, presenta un desenvolvimiento económico mediocre e incierto. En general, parece ser un país estancado, dualizado y polarizado.

De estas tres economías, en nuestra opinión, el modelo mexicano es el que más se aproxima al colombiano. Aunque han existido varios intentos de vincular las exportaciones a la productividad, empezando por la Estrategia Nacional de Competitividad, que se diseño en el Gobierno de Ernesto Samper, con énfasis en políticas industriales de carácter selectivo, basadas en los Acuerdos Sectoriales de Competitividad, los esfuerzos entre las acciones internas y externas, quizás por falta de una coordinación adecuada, no han conducido a resultados adecuados.

En síntesis, el estudio propone un marco para el análisis del desarrollo económico que considere las especificidades y particularidades de cada economía, partiendo de un diagnóstico real –y no de abstracciones y modelos– que reconozca la evolución de la economía, sus posibles transformaciones e implicaciones, pero aceptando que la articulación productiva es una condición necesaria para el desarrollo.

Manuel José Cárdenas
Consultor internacional.


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