Estudio de caso: la sostenibilidad, el ADN del agro colombiano

Buenas prácticas, tecnología y rentabilidad, conceptos que deben definir al campo del posconflicto. Avenzza, proyecto para zonas de caña de azúcar.

Cultivo caña de azucar

Archivo Portafolio.com.co

Infraestructura
POR:
Portafolio
julio 04 de 2016 - 11:14 p.m.
2016-07-04

El agro, como reto para el desarrollo de Colombia, exige transformaciones en diferentes direcciones. En ese sentido, los empresarios del sector son protagonistas obligatorios de un nuevo liderazgo que logre superar la baja productividad.

Así lo ha entendido María Antonieta López, quien ha fusionado el negocio familiar con su formación y motivaciones personales para darle vida a Avenzza, firma dedicada a la consultoría de negocios sostenibles, cuya gran apuesta es el reconocido proyecto Fénix, una iniciativa para el sector agrícola y azucarero del país.

María es una mujer de familia cañera del Valle del Cauca, cuya niñez estuvo marcada por el aroma de la finca, las fiestas con la comunidad y la imagen de su madre enseñándoles algún oficio a las mujeres de la vereda.

Sin embargo, debió abandonar el país a los 13 años y graduarse como ingeniera de sistemas y administradora de empresas en Estados Unidos.

Con una especialización en responsabilidad social corporativa del Tecnológico de Monterrey, regresó al país a los 21 años e inició su vida laboral en el mundo corporativo y de la consultoría.

Tiempo después, convencida de su rol como mamá, trabajó ad honorem para IBM y Microsoft en responsabilidad social. El proyecto más grande lo realizó con Microsoft: como producto de una alianza con Trust of the Americas, organización afiliada a la OEA, montaron algunos centros de tecnología en el campo colombiano, siendo la primera vez que Microsoft incursionaba en temas agrícolas.

Al ser trasladado su esposo a Estados Unidos, fue contactada por Trust of the Americas para que les ayudara a elaborar contenidos de e-learning para esos centros de tecnología (más de 160 en 22 países de Latinoamérica), cuyo foco es hacer un uso innovador de la tecnología como herramienta para que jóvenes y personas en situación desfavorable alcancen su potencial.

Fue construyendo esos contenidos que, en 2009, nació Avenzza. Si bien María siempre había formado parte de la Junta Directiva de Alguimar - Balsora, la empresa de su familia, fue esta experiencia la que la llevó a tomar la decisión de dedicarse por completo a su naciente compañía, hacerle consultoría a su propia familia y volver su mirada hacia su ADN, que está incrustado en el campo colombiano.

Modelo de exportación

Gracias al reconocimiento de la Hacienda Balsora por su modelo sostenible (tecnología, capacitación, innovación en sistema de riego y resultados visibles tanto en lo económico como en lo ambiental), Bonsucro, organización internacional dedicada a la caña de azúcar, invitó a su hermano Guido a hacer parte de la Junta Directiva y a que viajara con ellos por el mundo para dictar algunas charlas.

En vista de que Guido no podía viajar, María se convirtió en su vocera y empezó a recorrer varios países de la mano de esta organización.
Por fortuna, ella y sus hermanos, Guido y Alejandra, gerente de producción y gerente administrativa y financiera de Alguimar, han sabido integrar y complementar sus capacidades.

Con Bonsucro, María no solo se empapó de las prácticas internacionales en el sector azucarero, sino que conoció una plataforma tecnológica desarrollada por la ONG holandesa Solidaridad.

Entonces, plasmó en una nota concepto el proyecto con el que ella soñaba para Colombia. La idea, básicamente, era adaptar y aplicar una herramienta digital para el mejoramiento sostenible y productivo del sector de la caña. El reto mayor era el alcance, puesto que no deseaba que fuera para un grupo de agricultores, como se había hecho en otros países como Brasil, sino que incluyera a los 2.750 cañicultores del país.

Avenzza, con el apoyo de la familia López y de las organizaciones que han creído en el proyecto, tardó tres años en socializar la idea, pero a principios de 2016 se suscribió el contrato para la primera fase del proyecto Fénix, de la cual son financiadores Procaña y Solidaridad, mientras que Avenzza, Cenicaña y los ingenios Manuelita y La Cabaña aportan conocimiento y talento humano. María, en nombre de Avenzza, es la que jalona como consultora el proyecto, conoce las metodologías y dirige las mesas de trabajo.
Las tres fases de Fénix son: transformación, creación de capacidad y masificación.

La primera fase, en la que se encuentra actualmente el proyecto, tiene como objetivo que los agricultores verifiquen el punto del camino donde se encuentran y construyan una hoja de ruta que los lleve a tener mejores resultados hacia la sostenibilidad. Esto, mediante la herramienta de autoevaluación bautizada Horizonte Rural.

¿Qué se ha hecho? Después de una traducción y adaptación de lo que se había adelantado en Brasil, se llevaron a cabo las reuniones con el equipo multidisciplinario, donde salieron 280 preguntas en los tres pilares de la sostenibilidad (económico, social y agroambiental) y las recomendaciones. Luego, estas pasaron por un grupo de validación y el trabajo fue enviado a Solidaridad para revisión.

En este momento se están haciendo los ajustes, de acuerdo con las recomendaciones de la organización holandesa, para que se materialice finalmente en un software, con el que se espera hacer el piloto en agosto.

Así mismo, se está en la búsqueda de financiación para la segunda fase, que iniciaría en 2017, y cuyo objetivo es la generación de planes de mejoramiento para cada agricultor, pero también impactar de manera positiva a toda la cadena (productores, ingenios, centros de investigación, compradores, etc.), gracias a la información y estadísticas derivadas de la herramienta digital.

Al final, el sueño es que Colombia sea el primer país con todos sus cultivadores de caña de azúcar con producción sostenible. El cuándo se logre dependerá de la movilización de todos los actores involucrados.

Iniciativas como estas, que se piensan en grande, con un impacto de país y no regional, que trae las mejores prácticas y las fusiona con la realidad colombiana, pueden y deben ser proyectadas a otros cultivos.

Así mismo, surge un llamado a seguir invirtiendo en tecnología en el campo para que, entre otras cosas, haya espacio allí para las nuevas generaciones. Esto parte del acceso a Internet y pasa por el uso óptimo de los computadores y las herramientas de información.

Al final, solo con creatividad, conciencia y una alta dosis de paciencia se logran los procesos transformadores que el agro colombiano requiere, y más en un escenario de posconflicto, en el que deben coincidir las políticas públicas con un sector privado más proactivo.

Germán A. Mejía A.
bmLab Latam
germanmejia@bmlab.co