El pico y placa no es la solución

Si en lugar de restricciones se hubieran subido los impuestos o instalado peajes, se habría logrado lo mismo, pero sin efectos secundarios nefastos.

En Bogotá la norma de pico y placa solo aplica de lunes a viernes.
Infraestructura
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Portafolio
mayo 16 de 2016 - 01:10 a.m.
2016-05-16

¿No será hora de probar con una solución de mercado? Finalmente, la economía es el estudio de la forma como la sociedad gestiona la escasez y es claro que hay escasez de vías. ¿Por qué insistir en una medida más política que técnica que parece no haber servido?

En un principio los resultados ilusionan y aparentan ser la solución; de hecho, el problema de la congestión se resuelve por un corto plazo, pero al poco tiempo vuelve a aparecer, recrudecido. Al comienzo, también, la medida parece ser equitativa y, de hecho, en el corto plazo lo es, pero al poco tiempo vuelve a aparecer la inequidad. Y es que las restricciones no son una buena forma de gestionar la escasez.

Es un recuerdo de mi niñez y en su momento la idea parecía tener lógica: había que controlar los precios de la leche; no se veía justo ni equitativo que un alimento básico (tan básico) pudiera tener un precio descontrolado. Lo que yo recuerdo es que no había manera de encontrar leche en buen estado, que no estuviera aguada o que no se dañara con facilidad, o, sencillamente, no se conseguía, hasta que no se cambió la medida.

Allí donde hay control de precios, normalmente se generan colas, ineficiencias y corrupción.

Regresando al tema del tráfico, algo similar han producido las medidas restrictivas. El primer pico y placa sacó de circulación a un porcentaje bajo de los carros y solo por unas pocas horas; esta medida afectó por igual a ricos y pobres, sin importar su ocupación, necesidad o urgencia.

Por un tiempo la ciudad volvió a ser transitable y la medida pareció exitosa, aparte de generar la sensación de realizar un pequeño sacrificio personal en favor de un gran bien social. Pero la necesidad es la necesidad, y quienes lo necesitaban buscaron opciones: otro carro o uno sin restricción.

Y el problema volvió a aparecer, al igual que la inequidad: solo quienes tenían los medios económicos podían evitar la medida. A esto siguió un aumento del pico y placa, tanto en porcentaje de carros restringidos como en horas de aplicación. El círculo vicioso había iniciado y hoy, años después, no ha dejado de crecer.

Lo peor de esta medida es la enorme dificultad de desmontarla.
Luego vino el turno de los taxis, a los que ya se les había restringido en número. ¿Qué se logró? Por una parte, la creación de un mercado privado de cupos que equivalió a una lotería para los afortunados dueños de taxis del momento, la posterior disminución de la rentabilidad del negocio al tener que comprar el cupo y el adicional golpe de la restricción del día con pico y placa.

No podemos sorprendernos si la calidad del servicio se vio afectada y sí aumentó la ilegalidad. Naturalmente, empezaron a aparecer alternativas de servicio, motivo actual de preocupación.

¿Alguna vez se ha valorado el costo de estas medidas? Hay uno oculto y es la inversión en capital inútil. La mitad de los carros permanecen inactivos durante muchas horas, a veces días; esto es un soberano desperdicio. Solo a manera de ilustración: ¿no sería más útil vender doble placa en vez de doble carro? Así, al menos, el Distrito ganaría un dinero y se utilizaría el carro más tiempo.

Y quizá ese sea el tono por el que han debido ir las medidas desde un principio: aumentar el costo de utilizar el carro para que este aumento fuera al Distrito y no a algunos particulares. Me explico: si en lugar de restricciones se hubieran subido los impuestos o instalado peajes en la ciudad, se habría logrado el mismo resultado, pero sin muchos de los efectos secundarios tan nefastos, y con un beneficio para el Distrito. Existiría más dinero para inversión en transporte público y vías, y se generaría un mecanismo de retroalimentación que permitiría graduar mejor la demanda de transporte privado y la oferta de vías públicas.

Entiendo que no todos los problemas se pueden o se deben resolver con medias de mercado. De hecho, considero que en algunos casos la adopción de medidas de mercado ha sido contraproducente. Pero creo que quizá para este problema sí serían apropiadas.

Cuánto más tardemos en adoptarlas, mayores serán sus costos. ¿No valdría la pena pensárselo mejor antes de insistir en el desgastado e inútil modelo del pico y placa?

Ciro Gómez Ardila,
Director Académico de Inalde Business School.