La reactivación del río Magdalena avanza y su navegabilidad total llegaría en 2019

Sus bajos niveles evidenciaron la importancia que tiene esta arteria fluvial. Hoy existen varios proyectos, para recuperarlo y hacerlo sostenible.

Río Magdalena

Los bajos niveles del río y las afectaciones a los sectores agrícola, ganadero y pesquero en el Magdalena, como consecuencia del fenómeno del Niño, hizo que los alcaldes declararan calamidad pública.

Los bajos niveles del río Magdalena y las afectaciones a los sectores agrícola, ganadero y pesquero en el Magdalena, como consecuencia del fenómeno del Niño, hizo que los alcaldes declararan calamidad pública.

Infraestructura
POR:
JAVIER ACOSTA
febrero 09 de 2016 - 07:38 a.m.
2016-02-09

Un ambicioso proyecto para reactivar la navegabilidad del río Magdalena, que tendrá un costo de 2,1 billones de pesos; la construcción de varios proyectos de infraestructura a lo largo y ancho de su recorrido y el interés de las autoridades y empresas privadas, que han visto en esta arteria un punto estratégico y clave para la industria y el comercio del país, son algunos signos que evidencian que el Magdalena está renaciendo.

A pesar de la sequía, que ha disminuido considerablemente el nivel de agua, que ya ha tocado mínimos históricos, hoy más proyectos se suman a la misión de reactivar este río, vital para el Caribe y clave para la economía de buena parte del país. Y es que el Magdalena atraviesa 18 de los 32 departamentos de Colombia y surte de agua a cerca de 21 millones de personas.

Sin embargo, pese a su importancia, por años la mayoría de ciudades y municipios que bordean el río crecieron dándole la espalda.

Poco o nada se hizo hasta el 2009, cuando por fin el Gobierno volvió los ojos atrás y vio en este afluente un punto estratégico, por su ubicación en el mapa, para apalancar la economía.
No obstante, cuando se quiso navegar, después de que varios puertos se instalaron en los bordes del río, salieron a flote las dificultades, ya que era casi imposible movilizarse.
En 2014, el Gobierno firmó un acta con el que se dio inicio al proceso de dragado para facilitar la navegabilidad en tres frentes: entre Barranquilla y Cartagena, entre Barrancabermeja y La Dorada y entre Purificación y Neiva.

Estos puntos ya están siendo intervenidos, tras la firma de un acuerdo con el grupo Navelena. El contrato deberá cumplirse en 13 años y lo que se busca es convertir al Magdalena en la primera autopista fluvial del país.

El consorcio, integrado por la brasileña Odebrecht y la colombiana Valores y Contratos (Valorcon), se comprometió en ese tiempo a encauzar el río, dragarlo y hacerle mantenimiento constante a las obras.

El contratista tiene la obligación de cumplir con un ancho de canal, profundidad y radio de curvatura que permitan que, desde Barrancabermeja hasta Barranquilla, se puedan movilizar convoyes de 7.200 toneladas; desde Puerto Berrío hasta Barrancabermeja, convoyes de 6.000 toneladas y de Puerto Salgar a Puerto Berrío se movilicen de 800 toneladas cada uno.
Pese a este complejo plan, no son pocas las voces que aseguran que la recuperación del río Magdalena solo busca beneficios económicos para empresas privadas, ignorando el medioambiente y el interés general.
En ese sentido, Juan Carlos Gutiérrez, subdirector de la Fundación Alma, dijo recientemente en el periódico EL TIEMPO que “el megaproyecto de navegabilidad del río, de la empresa Navelena, busca garantizar un canal navegable para beneficio económico privado, que desconoce inexplicablemente la ecología, la planicie inundable, e ignorando las necesidades sociales y económicas del territorio”.

Corporaciones regionales han denunciado que, por ejemplo, la pesca se ha reducido, impactando a los pescadores y que la minería ilegal ha terminado de golpear a quienes viven al borde del río.

Lo cierto es que la crisis del Magdalena se agudiza por el estado de las planicies y sus bajos niveles han afectado a las empresas y a la población en general.

Por ejemplo, las dificultades en la navegabilidad han afectado el transporte de combustible.
Históricamente la movilización de carga en enero es de entre 850.000 y un millón de barriles, pero según indicó Cormagdalena, en enero pasado, apenas se pudieron mover unos 150.000 barriles entre Barrancabermeja y Cartagena, cifra que preocupa a los exportadores.

Las autoridades coinciden en que, infortunadamente, los planes de reactivación se combinaron con el peor fenómeno de El Niño de la historia y que esto ha obligado a tomar medidas para que no se agudice la crisis como prender las alarmas en las regiones y restringir la navegabilidad en algunas zonas.

No obstante, la navegabilidad del río aún no está en riesgo, según aseguró este miércoles la ministra de Transporte, Natalia Abello, quien visitó la zona para definir seis puntos de dragado con el fin de mantener el canal navegable.

CRECIMIENTO A SU ALREDEDOR

El río Magdalena abastece de energía a gran parte del país. En él están instaladas 21 embalses artificiales e hidroeléctricas entre las que se cuentan El Quimbo (Huila), Betania (Huila), Chivor (Boyacá), Sisga (Cundinamarca) y Guajaro (Atlántico), entre otras.

En el departamento del Atlántico, por ejemplo, existen 10 terminales portuarias especializadas y multipropósito que permiten movilizar carga general, contenedores y gráneles sólidos y líquidos hacia más de 60 países en los cinco continentes. El puerto de Barranquilla y puerto Palermo son solo algunos de ellos.

Con el proyecto de la navegabilidad del río Magdalena, el sector portuario del Atlántico estima que en 2019 el afluente vuelva a ser la mayor arteria fluvial para el movimiento de carga, que reduzca los costos logísticos en comparación con otros medios de transporte.
Además de que la recuperación del Magdalena será positiva en términos logísticos, también lo será para el turismo.

Las autoridades en Barranquilla, por ejemplo, decidieron incluir al Magdalena en su renovación urbana y por eso el Centro de Eventos y Convenciones del Caribe, que ya está en obra, se construye a orillas del río. La idea es mirar hacia esta arteria, olvidada por años.
A pesar de los bajos niveles de agua, de los daños ambientales colaterales por situaciones como la minería ilegal, existe un impulso positivo y general por recuperar el río y ojalá así sea.