Juan Mario Laserna: una vida inconclusa

Pese a los privilegios que tuvo, que lo hubieran podido anclar en la comodidad, supo aprovecharlos en su entrega inagotable por el servicio público.

Juan Mario Laserna, senador

Juan Mario Laserna.

Mauricio moreno / el tiempo

Economía
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Portafolio
julio 25 de 2016 - 07:44 p.m.
2016-07-25

Ernest Hemingway decía que la muerte muchas veces es impertinente e inoportuna. Así lo ha sido con Juan Mario Laserna, un colombiano que a sus 49 años se despidió en un trágico accidente de tránsito, dejando un vacío muy grande para un país que clama a gritos por líderes y hombres de Estado donde sobresalga la excelencia (Lea también: En trágico accidente en Ibagué muere el economista Juan Mario Laserna).

Juan Mario fue un ser especial. A pesar de los privilegios que tuvo a lo largo de su vida, que lo hubieran podido anclar en la comodidad, Juan Mario supo aprovecharlos para consolidar una formación que lo llevó a la entrega inagotable por el servicio público. Se graduó de economista con honores en la Universidad de Yale y luego obtuvo un MBA en la Universidad de Stanford, unos pergaminos académicos que incluso son escasos en la élite política de los EE.UU. Desde joven definió lo público como su camino y logró una carrera brillante.

Su trasegar por la vida pública siempre dejó huellas que vale la pena recordar. Hizo parte del equipo asesor de política fiscal del Rudolf Hommes y luego con Armando Montenegro, siendo este último director de Planeación Nacional, creó la unidad de planeación y estrategia para el sector defensa en el DNP. Con posterioridad pasó a la Casa de Nariño como consejero Económico y luego se trasladó a la OEA para ser consejero personal del Secretario General del ente multilateral.

Al cabo de un tiempo en los EE. UU., regresó a Colombia para unirse a la coalición que llevó a Andrés Pastrana a la Presidencia. En la Administración Pastrana, sobresalió como Viceministro de Hacienda expidiendo leyes que reordenaron las finanzas territoriales y enfrentaron la crisis de 1999. Fue en esos años cuando pidió pasar del poderoso Viceministerio a la Dirección de Crédito Público. Siendo su compañero en el Ministerio pude ver cómo le prestó un servicio heroico al país cuando, en medio de la crisis de Rusia y Argentina, evitó que un cierre de mercados dejara a Colombia expuesta a una cesación de pagos. Su estrategia de prefinanciamiento fue aplaudida internacionalmente y fue considerado por la revista Latin Finance como uno de los mejores banqueros públicos.

Juan Mario pasó luego al BID, donde nos volvimos a encontrar como compañeros de trabajo y en pocos años sobresalió como el arquitecto de proyectos de gestión de pasivos que se convirtieron en una herramienta para la administración de deuda privada. Fue en ese vivir multilateral que un día mientras almorzábamos, lo tomó la noticia de su designación como codirector del Banco de la República. Regresó feliz a Colombia y desde esa posición lideró el proceso de sustitución de deuda en dólares a moneda local para mejorar el perfil y reducir vulnerabilidades.

Luego de su paso por el Banco lo picó la política electoral. Contra todos los pronósticos de una lucha quijotesca contra la política tradicional, resultó elegido senador. En el Senado rápidamente se apoderó de los temas económicos y lideró grandes debates sobre la competencia en el sector de comunicaciones y los mecanismos efectivos para perseguir fortunas en paraísos fiscales. El senador Laserna siempre será recordado y no deja de ser un referente de disciplina y rigor parlamentario.

En el proceso de dejar el Senado luego de una embestida de sus contradictores locales, Juan Mario asumió un nuevo camino. Fue director programático de la campaña presidencial de Marta Lucía Ramírez, y la vida nos puso a debatir cuando yo ocupaba el mismo cargo en el Centro Democrático. Ser su contradictor y al mismo tiempo su amigo, como siempre, fue enriquecedor porque ganarle un argumento a Juan Mario no era tarea fácil.

Con orgullo pasó de la política al periodismo. Fue un director magistral de la Revista Dinero. Sus editoriales eran obras finas de economía política y le imprimió a la publicación su sello de calidad. En la radio operó como analista librando batallas tan importantes como las denuncias de paraísos fiscales.

La vida de Juan Mario tenía un camino definido. Pronto sería ministro y seguramente seguiría en ascenso a más altas cumbres. Como amigo recordaré siempre su humor negro, su pasión por los Spaghetti Westerns, su cultura intimidante y su dominio impecable de la filosofía y la economía. Su condición universal era combinada con el amor por el Tolima, la tierra de su familia, que recorría minuciosamente contando historias que ornamentan ese patrimonio nacional.

Hace menos de un mes nos reunimos para ver la Copa América y compartir unos Bourbons, su trago favorito. En esa última tertulia pasó de la Biblia de King James a los desafíos económicos de Colombia, además del proyecto que tenía de un libro.

Esa vida llena de logros y futuro se extinguió con la impertinencia de la muerte. Los amigos de Juan Mario lo recordaremos y tendremos presente que su vida es tristemente una historia inconclusa. Colombia ha perdido a uno de sus mejores hombres de Estado.

Iván Duque Márquez
Especial para Portafolio