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La voz de José Carreras brilló, la logística ‘se rajó’
Mayo 12 de 2012 - 11:35 am
Opinión / No es lógico que un evento cultural de esta magnitud presente fallas tan grandes en su organización.
Cuando una persona paga 400.000 pesos por una boleta que adquirió hace tres meses, lo menos que espera es un tratamiento de primera cuando ingresa al recinto donde se presenta el artista por el cual pagó por ver, o por lo menos ingresar sin inconvenientes, así no haya alfombra roja.
No obstante, eso no fue lo que sucedió en la noche del viernes en Corferias, donde se presentó el tenor español José Carreras, pues por un error de impresión de los boletos de entrada, los organizadores obligaron a quienes tenían ciertos tiquetes, de la fila C6 hacia arriba (C7, C8, C9, etc.) a cambiar sus boletos en taquilla por unos nuevos, no sin antes hacer una fila de por lo menos 100 personas, una fila que no se movía, pues no estaban atendiendo a nadie.
Mientras las personas esperaban afuera, llegaba el rumor de que adentro las localidades numeradas ya habían sido ocupadas por otras personas.
La compostura característica de quienes asisten a este tipo de evento y pagan caro por él se dejó de lado para reemplazarla por el grito de “ladrones, estafadores”.
Otra de las noticias que llegó en ese momento, alrededor de las 7:00 p.m. (hora en que debía comenzar el concierto), fue que el maestro Carreras había decidido extender en media hora el plazo para comenzar a cantar, en solidaridad con aquellos que aún estaban afuera y a quienes no les habían solucionado un problema que nada tenía que ver con ellos.
“No es justo que haya pagado 400.000 pesos por el tiquete para ver a Carreras en la Plaza de Toros y que por los organizadores haber cambiado el sitio me encuentre en esta situación”, comentó una de las aficionadas, quien agregó que los había comprado hacía tres meses: “Viajé desde Ibagué a ver el concierto y ahora temo que no me dejen entrar”, concluyó la mujer, quien prefirió mantener su nombre en reserva.
“Yo traté de ingresar por la puerta, sin saber qué estaba pasando, y uno de los hombres de logística me empujó y fue un patán conmigo”, dijo un indignado asistente, quien agregó: “Me tuve que calmar porque soy una persona decente, pero en un certamen de este estilo esas situaciones no se deberían presentar”.
Después de media hora, los organizadores decidieron dejar entrar a todos aquellos que tuvieran la boleta en la sección C, pero por lo menos 40 minutos más tarde seguía ingresando público, con la incomodidad que eso generó, pues los debían acomodar en cualquier parte y a su paso distraían la atención.
Con bastante frecuencia, durante todo el concierto, se veían los miembros del equipo logístico que organizaba el evento atravesarse, cosa bastante molesta, sobre todo porque para este tipo de música se necesita concentración y silencio absoluto de la audiencia para disfrutar del espectáculo.
CARRERAS BRILLÓ
Sin ser un experto en el tema, el montaje, el sonido, la orquesta y demás elementos propios del recital estuvieron impecables, pero está claro que Bogotá no cuenta con un recinto especializado para verdaderamente realzar la grandeza artística de personajes como José Carreras.
Lo primero es que las sillas plásticas no son las más cómodas para estar sentado durante dos horas, lo segundo es que toda la silletería está alojada en un piso completamente llano y por ello las personas de mayor estatura les bloquean la visión a los más bajitos o incluso a los niños, de los cuales había varios quienes, dicho sea de paso, terminaron por dormirse ante la imposibilidad de ver lo que sucedía en el escenario.
El sonido, aunque bueno, no tenía las ayudas acústicas adecuadas dentro del recinto para que fuera más placentera la experiencia. Las luces y el telón de fondo tampoco dieron sorpresas, más allá de una extrema sobriedad.
Bogotá ya está en mora de tener recintos adecuados para recibir la oleada de artistas de talla mundial que quieren presentarse en el país, como sucedió con el exBeatle Paul McCartney.
Y un último comentario: aunque la mayoría de asistentes tuvieron la delicadeza de apagar sus celulares o bajarle el volumen del timbre, falta bastante cultura en algunas personas, quienes no dejaban de conversar mientras el tenor producía sus mejores notas. Y no era una pareja o dos, sino varios de los asistentes.
Mauricio Romero
Editor Portafolio.co
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1 comentarios
Yo no se quien fue el genio que penso que corferias servia como recinto para este tipo de espectaculos. es ridiculo pensar que en un piso plano, como es el de los pabellones de corferias, se pueda acomodar publico a ver un espectaculo montado en una tarima al mismo nivel de las sillas. colombianada