Los verdaderos enemigos del proceso de reconciliación

Hay que tener en cuenta el error fundamental de atribución y las profecías autocumplidas.

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Los actos de verdad y perdón, como el realizado por las Farc en Bojayá (foto), son necesarios para eliminar las emociones de odio y rencor.

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Economía
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Portafolio
septiembre 26 de 2016 - 10:03 a.m.
2016-09-26

En 1998 escribí un trabajo académico titulado ‘Factores sicosociales del conflicto armado colombiano’. Fue la tesis de grado en mi maestría de resolución de conflictos de la Universidad de Massachusetts.

En ese artículo apliqué muchos de los conceptos desarrollado por la psicología social para el análisis de conflictos como este, pero que tradicionalmente son ignorados por la mayoría de los expertos.

No mucho ha cambiado en estas dos últimas décadas. Salvo pocas excepciones, la mayoría de quienes se ocupan de entender las causas de la guerra en Colombia han ignorado los llamados factores subjetivos y se concentran casi exclusivamente en los factores más visibles, y populares, los factores objetivos, entre los que se encuentran causas económicas como la pobreza, la desigualdad, el narcotráfico, y más recientemente, la minería ilegal; o factores geopolíticos, como la guerra fría o el terrorismo.

Estas circunstancias no son irrelevantes, pero tampoco son suficientes para explicar la guerra en Colombia. Son solo una cara de la moneda, un diagnóstico parcial y por lo tanto peligroso porque nos puede llevar a buscar ‘soluciones’ que puedan resultar poco efectivas o hasta contraproducentes.

Como gérmenes ocultos a la vista, los factores subjetivos, de manera insidiosa pero constante, minan la salud del paciente haciéndolo recaer una y otra vez hasta llevarlo a la muerte.

Como médicos de la edad media, nuestros expertos tratan de controlar la fiebre y la languidez con todo tipo de tratamientos que en el mejor de los casos le dan un respiro temporal, y en el peor pueden ser contraproducentes.

No podemos culpar a los médicos medievales por su ignorancia. Pero, a diferencia de ellos, nosotros sí tenemos a la mano el conocimiento necesario para evitarlo. Lo que debemos preguntarnos es si estamos poniendo suficiente atención.

OPORTUNIDAD

Estos últimos cinco años han sido una oportunidad única para hacerlo.

El proceso de negociación entre el Gobierno y las Farc, y el anuncio de un acuerdo de solución han sacado a flote estos factores y dinámicas subjetivas, poniéndolos en evidencia para cualquiera que, con una mente abierta, quiera verlos. Esta transición es una oportunidad única para hacerlo.

Los factores que pude identificar durante mi investigación fueron múltiples, casi todos reforzándose unos a otros para propiciar el inicio y la continuación del conflicto. Fenómenos como imágenes de espejo o procesos de deshumanización.

Entre estos hay dos que son evidentes hoy en día para cualquier colombiano con una página de Facebook o una cuenta de Twitter: el error fundamental de atribución y las profecías autocumplidas.

Lo que se conoce como ‘Error Fundamental de Atribución’ es el uso excesivo de ‘defectos de carácter’ como explicación de las acciones de los ‘otros’. Caemos en este error porque preferimos ignorar la realidad que las motivaciones de todo ser humano tienden a ser en la realidad una mezcla de factores internos y factores externos.

FACTORES INTERNOS

Es cierto que existen personas con graves defectos de carácter y que esos defectos motivan sus acciones. Pero no todas las personas están en esa categoría. La mayoría actúan por una combinación de factores internos (disposiciones) y externos (situacionales). Cuando desconocemos esto y ponemos a todos en el mismo saco, allí es cuando estamos cometiendo un ‘Error Fundamental de Atribución’.

Este error nos lleva siempre a “esperar solo lo peor” del otro, lo cual a su vez inicia dinámicas destructivas que se convierten en el punto de partida de la mayoría de las guerras, incluida la colombiana: la profecía auto-cumplida.

La Profecía Autocumplida se deriva del Teorema de Thomas: “Si las personas definen una situación como REAL, estas son reales en sus consecuencias, independientemente que la situación sea real o no”.

Es decir que nuestras expectativas (profecías) tienen el poder de autocumplirse. Esto no ocurre por supuesto por arte de magia, sino porque nuestras expectativas nos llevan a hablar y actuar de manera que confirman las expectativas negativas que los otros ya tienen. Lo que sigue es el escalamiento de esas expectativas en acciones que llevan a una larga lista de tragedias.

Un buen ejemplo del impresionante poder destructor de este poderoso factor subjetivo sucedió hace exactamente 100 años en Europa. Durante años las potencias de Europa habían acumulado una larga lista de expectativas negativas, y de miedos, sobre las intenciones de otras potencias.

Esas expectativas eran como una trampa mortal que solo necesitaba un estímulo para desatarse con furia sobre las masas del continente. El asesinato del heredero a la corona astro húngara fue ese estímulo que, como la caída del primer dominó generó una larga cadena de tragedias que le costó la vida a millones de seres humanos.

De una manera similar, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán fue el detonante que lleva al cumplimiento de muchas profecías cumplidas que han asolado a Colombia en las últimas siete décadas.

No tengamos la menor duda de que estos factores están presentes y aún más fuertes en Colombia. Aun si hacemos esfuerzos titánicos para reducir la desigualdad y la pobreza; aun si podemos controlar el narcotráfico y la corrupción; aun si dejamos de matarnos por un tiempo...

Si seguimos alimentando los factores subjetivos, si no los identificamos como un problema que necesita nuestra atención, si no aprendemos a controlar los impulsos y los miedos que los generan, le estamos dejando abierta la puerta de atrás a la guerra.

Ese, es un riesgo que no deberíamos tomar.

Camilo Azcárate
Experto colombiano en resolución de conflictos