Oportunidad perdida para reformar los impuestos corporativos de EE. UU. | Economía | Portafolio

Oportunidad perdida para reformar los impuestos corporativos de EE. UU.

Trump ha perdido una oportunidad, aunque la globalización dificulta la tributación corporativa.

Trump

La administración de Trump está perdiendo la oportunidad de hacer cambios tributarios. 

EFE

POR:
Portafolio
octubre 06 de 2017 - 08:00 p.m.
2017-10-06

El “marco unificado para corregir nuestro inservible código tributario” de la administración del presidente Trump es un documento impresionantemente delgado. Pero se pueden sacar conclusiones: es regresivo; las reducciones en los impuestos de las empresas son enormes; y se ha perdido la oportunidad de una reforma deseable del régimen fiscal corporativo.

El Centro de Políticas Tributarias estima que las propuestas reducirían los ingresos federales en US$2,4 billones en los primeros 10 años: US$2,6 billones en recortes en impuestos de corporaciones y otros US$240 mil millones perdidos a través de la eliminación de los impuestos de sucesiones y de donaciones, compensados por US$470 mil millones en mayores ingresos provenientes del impuesto sobre la renta individual.

En total, el Centro estima: “Los contribuyentes en el 1% superior (con ingresos por encima de los US$730.000) recibirían alrededor del 50% del beneficio fiscal total; su ingreso después de impuestos aumentaría en una media del 8,5%”. Los que se encuentran en el 0,1% superior experimentarían ganancias de un 10,2%. Pero “los contribuyentes en el 95% inferior de la distribución de ingresos verían sus ingresos medios después de impuestos aumentar entre un 0,5 y un 1,2%”. Éste es un plan regresivo tergiversado como lo contrario.

El cambio más importante, por mucho, se halla en la tributación corporativa. En la actualidad, EE.UU. grava los ingresos mundiales de las corporaciones estadounidenses a una tasa del 35%, aunque con numerosas deducciones y lagunas fiscales. Éstas son las tasas más altas de cualquier país significativo de altos ingresos. Pero las compañías pagan esta tasa por los ingresos obtenidos en el extranjero (con una deducción por el impuesto extranjero pagado) sólo cuando se repatrian. Según el Tesoro, como resultado de esta política, unos US$2,5 billones en beneficios de subsidiarias estadounidenses están parados en el exterior.

En el lenguaje de los expertos en tributación corporativa, EE.UU. cuenta con un sistema de impuestos corporativos basado en la residencia.
Pero tiene (deliberadamente) ‘fugas’. Una forma de arreglarlo sería reducir la tasa, pero aplicarla a los ingresos mundiales, a medida que se ganan. Puesto que la administración propone recortar la tasa al 20%, parece ser un camino razonable. La propuesta es, en cambio, pasar a un sistema “territorial” o “basado en la fuente”: sugiere una “exención del 100% de los dividendos de subsidiarias extranjeras (en las que la matriz estadounidense es dueña de al menos una participación del 10%)”. Pero conserva aspectos de un sistema basado en la residencia, ya que continuará gravando las ganancias extranjeras de las compañías multinacionales estadounidenses a una tasa reducida.

Es claro que una reforma es necesaria. A pesar de tener una tasa de impuesto marginal tan alta, EE.UU no genera mucho ingreso según los estándares. La combinación de altas tasas, con ingresos débiles y enormes incentivos para dejar el dinero en el extranjero es imposible de defender.

Sin embargo, se está perdiendo una oportunidad para mejorar la tributación. EE.UU., en cambio, reforzará el problemático cambio global hacia la tributación territorial. En una economía globalizada, este tipo de impuestos crea un incentivo para cambiar la supuesta producción a jurisdicciones fiscales de bajos niveles. Sin embargo, con una tributación basada en la residencia sobre los ingresos mundiales, en cambio, existe un incentivo para que las empresas cambien su residencia.

Para ser justos, la globalización ha complicado enormemente la tributación de las corporaciones: dificulta determinar dónde se genera la ganancia; facilita los cambios del lugar de producción y del domicilio; y separa la ubicación de las compañías de la de sus accionistas. Todo esto alienta una carrera competitiva hacia el fondo entre los gobiernos.

Además, los avances tecnológicos han creado enormes empresas que poseen poco capital fijo y cuya producción apenas puede localizarse. ¿Dónde está localizado un motor de búsqueda?

Por estas razones, los expertos han propuesto la idea de un “impuesto de destino”. De hecho, esto sería un impuesto sobre el valor agregado (IVA) generado por el capital en las ventas en una jurisdicción dada.

Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, apoyó esta idea a principios de año. Desafortunadamente, ha sido desechada. Sin embargo, tiene grandes ventajas.
Eliminaría las ventajas fiscales de situarse en paraísos fiscales y colocaría a las grandes economías de nuevo al mando. Además, EE.UU. podría imponer el cambio por sí mismo. Un negocio puede producir donde quiera, pero pocos de los grandes países pueden evitar vender en EE.UU.

Una objeción a esta propuesta es que el impuesto se impondría sobre las importaciones, con una deducción paralela sobre las exportaciones. Algunos argumentan que esto sería ilegal bajo las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), ya que, legalmente, el impuesto de sociedades es un impuesto directo y no, como el IVA, indirecto. También existen interrogantes acerca del tratamiento de los costos laborales, los cuales estarían exentos del impuesto nacional, pero no del de las importaciones. Estas dificultades pudieran haberse resuelto. Pero la oposición política interna al impuesto sobre las importaciones, principalmente por parte de los minoristas estadounidenses, parece haber resultado decisiva.

Eso es una verdadera lástima, ya que el principio de destino es atractivo. Una alternativa pudiera haber sido apegarse a la tributación sobre los ingresos mundiales, sin exención para los ingresos no repatriados, pero a la tasa de impuestos reducida. Esto haría que el mudarse a los paraísos fiscales fuera infructuoso para las compañías residentes en EE.UU. Y EE.UU. también es lo suficientemente poderoso como para impedir que las compañías cambien su domicilio solamente por razones fiscales.

Sin embargo, el planeado cambio a un sistema territorial seguramente reforzará la espiral global hacia unos impuestos corporativos cada vez más bajos, estimulados por la competencia de países con bajos impuestos y de paraísos fiscales. Cuando la desigualdad de ingresos y la "equidad" son cuestiones tan importantes, la percepción de que el ingreso corporativo está cada vez más exento de impuestos está destinada a ser políticamente provocadora. Desafortunadamente, la oportunidad de un cambio radical parece perdida.

Martin Wolf
Columnista de Financial Times

Siga bajando para encontrar más contenido