‘Pantano’ de Washington descarrila la agenda comercial de Trump

Las realidades del gobierno y de la economía global han bloqueado la estrategia del presidente.

Congreso Estados Unidos

En el Congreso, la administración enfrenta una dura batalla alrededor de los temas de política comercial.

AFP

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agosto 04 de 2017 - 08:08 p.m.
2017-08-04

Donald Trump ganó la presidencia de EEUU prometiendo desmantelar décadas de política comercial y “drenar el pantano” de Washington de grupos de presión y de internacionalistas como parte de su promoción de la política de ‘EE.UU. Primero para traer de vuelta los empleos de fabricación.

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Sin embargo, a seis meses del comienzo de su administración, el pantano parece estar no sólo intacto, sino descarrilando su estrategia comercial.

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“En términos del comercio, el pantano todavía está allí”, comentó Dan DiMicco, el ex director ejecutivo de Nucor Steel y asesor de campaña de Trump en asuntos de política comercial. DiMicco es un nacionalista económico que ha confesado su decepción ante el fracaso del presidente en cumplir sus promesas.

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Trump y los funcionarios estadounidenses continúan prometiendo audaces acciones en materia de comercio. Existen indicios de una línea de endurecimiento con respecto a China, con la administración considerando el lanzamiento de una investigación del régimen de propiedad intelectual y de transferencia de tecnología de Beijing. En su tercer día en el cargo, Trump también cumplió su promesa de sacar a EE.UU. del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), constituido por 12 países y negociado por la administración de Obama.

Pero las amenazas comerciales de Trump han sido recibidas con creciente escepticismo por los miembros de la comunidad empresarial, quienes han ganado varias batallas explotando divisiones dentro de la administración.

Los demócratas también han descubierto una vulnerabilidad en el fracaso del presidente de cumplir con una de las principales promesas populistas de su campaña. El miércoles, los demócratas del Senado revelaron sus propuestas de política comercial — incluyendo restricciones impuestas a entidades chinas en relación con la compra de compañías estadounidenses — como parte de su intento de atraer a los votantes de la clase obrera que respaldaron a Trump.

Los demócratas también se han envalentonado debido a los enmarañados planes de Trump relacionados con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Canadá y México. Después de amenazar en abril con retirarse de lo que todavía llama con regularidad el “peor acuerdo comercial”, la administración de Trump iniciará este mes una renegociación que, según sus propios objetivos públicamente anunciados, parece muy probable que resulte en pocos cambios importantes, si los hubiera, de la ortodoxia comercial estadounidense.

Trump también se enfrenta a una dura batalla en el Senado, tanto con demócratas como con republicanos, por su plan de instalar al excongresista Scott Garrett, un conservador que durante un largo tiempo se ha opuesto al Banco de Exportaciones e Importaciones (Exim), como su nuevo jefe. Garrett anteriormente ha pedido que se cierre el banco, el cual proporciona finanzas y ayuda a los exportadores estadounidenses.

Pero la mayor frustración para los nacionalistas económicos es el retraso en el plan de restringir las importaciones de acero, el cual los funcionarios prometieron a finales de junio estaba a tan sólo unos días de ser implementado.

El plan, el cual consiste en utilizar una ley de la era de la Guerra Fría que permite a los presidentes estadounidenses invocar la seguridad nacional para restringir importaciones, tiene como objetivo principal obligar a China a reducir la enorme producción de acero que ha resultado en la reducción de los precios mundiales. Pero se ha estancado en un debate interno impulsado por el cabildeo de todas las partes interesadas: productores de acero, la comunidad empresarial más amplia de EE.UU., y los aliados y socios comerciales de Asia y Europa.

La contienda en materia de acero ha enfrentado a defensores de una estrategia dura —como Wilbur Ross, el secretario de Comercio— y a nacionalistas económicos de la Casa Blanca, con figuras procomerciales, como Gary Cohn, el exejecutivo de Goldman Sachs que lidera el Consejo Económico Nacional de Trump. También parece haber ocasionado que el representante comercial estadounidense de Trump, el ex abogado de la industria del acero Robert Lighthizer que se dice está cada vez más cerca de Cohn, haya permanecido visiblemente al margen de lo que algunos consideran como un signo de su escepticismo sobre el ejercicio.

Ross se quejó ante los miembros del Congreso durante una reciente reunión privada de que el plan ahora estaba enfrentando ciertas “complejidades”, incluyendo los discrepantes intereses de los productores y de los usuarios del acero y las amenazas de represalias por parte de socios comerciales como la Unión Europea (UE).

Según las personas informadas acerca de las discusiones, el resultado ha sido la transformación de un audaz plan para imponer un arancel único de hasta un 25% sobre las importaciones en algo mucho más complicado.

El escenario más probable actualmente es un elaborado sistema de cuotas y aranceles que excluiría las importaciones de Canadá y México, agregaron. También incluiría un período de 90 días para que las empresas presionaran para que se excluyan ciertos productos y para que la administración organizara una nueva ronda de negociaciones con otros países productores de acero.

El mismo Trump ha creado problemas potenciales al decir repetidamente que la medida en contra de las importaciones de acero tiene por objeto combatir el ‘dumping’ (la exportación de productos debajo del costo de producción) por parte de países como China. Al hacer eso, advierten los abogados, el presidente ha perjudicado el caso de EE.UU. en caso de una objeción en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En virtud de las normas de la OMC, los países sólo pueden utilizar medidas aprobadas para que cada producto combata el ‘dumping’. Pero, según los abogados, el hecho de que Trump se concentre en las afirmaciones de ‘dumping’ y de que su plan utilice la ley de la era de la Guerra Fría parece violar esas reglas.

Algunos en Washington consideran la desaceleración de la agenda comercial de Trump como una señal de que él se está viendo obligado a enfrentar las complejidades tanto de gobernar como de la economía global.

“La realidad económica está comenzando a golpear a Trump en la cara”, comentó Daniel Ikenson, jefe de estudios de política comercial en el Instituto Cato, un centro libertario.
Pero Ikenson advirtió que ya se han ocasionado algunos daños. Las amenazas proteccionistas de Trump han animado a otros países a seguir un camino similar, agregó.

La retirada del presidente del TPP ha perjudicado la competitividad estadounidense en países como Japón, el cual la semana pasada impuso aranceles temporales de hasta el 50% a las importaciones de carne congelada proveniente de EE.UU., señaló Ikenson. “Todo esto ya le ha costado mucho al país”.

Shawn Donnan
Columnista del Financial Times.

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