Por qué el cambio climático perjudica más a los pobres

Los datos del FMI muestran que las naciones de bajos ingresos sufren como consecuencia de eventos por los que no son responsables.

Los incendios forestales están ocurriendo con mayor frecuencia.

Los incendios forestales están ocurriendo con mayor frecuencia.

EFE

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octubre 20 de 2017 - 07:05 p.m.
2017-10-20

“Tal como suceden las cosas en el mundo, el derecho es un tema del que tratan solo los que son iguales entre sí por su poder, en tanto que los fuertes imponen su poder, tocándoles a los débiles padecer lo que deben padecer”. Esta frase de la ‘Historia de la guerra del Peloponeso’ de Tucídides es la filosofía de la administración de Donald Trump.

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 Por lo tanto, dos de sus asesores, HR McMaster y Gary Cohn, escribieron en mayo que: “El mundo no es una ‘comunidad global’ sino una arena donde las naciones, las figuras no gubernamentales y las empresas se enfrentan y compiten por obtener la ventaja”. Esta perspectiva amoral acarrea serias implicaciones. En ninguna otra área son los efectos secundarios globales más significativos y la cooperación más vital que en el clima. La inacción garantiza que los pobres, de hecho, sufrirán.

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Ésta es la conclusión de un capítulo sobre el impacto económico de los choques climáticos en la más reciente edición de las Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI). Los impactos negativos más grandes de los choques cuya frecuencia ha aumentado debido al calentamiento global se sienten en los países tropicales. Casi todos los países de bajos ingresos son tropicales. Sin embargo, estos países son los menos capaces de protegerse a sí mismos. Por lo tanto, son víctimas inocentes de cambios por los cuales no tienen responsabilidad.

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Al evaluar estos riesgos, se debe partir de la proposición de que el calentamiento global antropogénico (causado por el hombre) es una realidad. La industria intelectual dedicada a negarla está bien financiada y es ruidosa. Pero sus argumentos son poco convincentes.

La física subyacente es innegable. Además, la conexión empírica entre las crecientes concentraciones de gases de efecto invernadero y la temperatura es inequívoca. Si se toman pocas medidas, o ninguna, para finales del siglo las temperaturas medias pudieran aumentar 4 grados centígrados, o más, por encima de los niveles preindustriales. Conscientes de los largos plazos de espera para tomar medidas efectivas, tanto para mitigar el cambio climático como para adaptarse a él (donde sea inevitable), las personas racionales actuarían de inmediato.

Los principales obstáculos para dicha acción son tres. Primero, los intereses económicos específicos, especialmente dentro de la industria de los combustibles fósiles, comprensiblemente se oponen a actuar y, no infrecuentemente, a la ciencia que sugiere que es necesario. Segundo, los partidarios del libre mercado, quienes desprecian tanto a los gobiernos como a los ambientalistas, rechazan la ciencia, debido a sus detestables (según ellos) implicaciones políticas. Tercero, pocos desean molestarse, y mucho menos perjudicar su nivel de vida, por el bien del futuro, o el de la gente en los países más pobres.

Entonces, ¿cuál es la evidencia del impacto de la inacción sobre los más pobres? Los autores del FMI comienzan con nuestro conocimiento de que las temperaturas más elevadas hacen que una variedad de desastres relacionados con el clima sean más probables porque habrá más energía en el sistema climático. Dichos efectos incluirán una mayor frecuencia, y un mayor daño, de ciclones, inundaciones, olas de calor e incendios forestales.

Además, la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos también causará relativamente más daño a los países más pobres. Estos países están ubicados en las regiones del mundo con mayor probabilidad de ser afectadas negativamente, y son menos capaces de protegerse. Para el país en desarrollo de bajos ingresos medio, con una temperatura promedio de 25 grados centígrados, el efecto de un aumento en la temperatura de 1 grado centígrado es una disminución en el crecimiento de ese año en 1,2 puntos porcentuales. Además, el impacto es duradero. Estos costos provienen de los efectos adversos del calor sobre la productividad, sobre la producción agrícola, sobre la salud e incluso sobre el conflicto. El calor extremo es costoso. La adaptación al clima extremo sigue siendo muy difícil. Este otoño hemos presenciado el impacto mucho más dañino de las grandes tormentas en los países más pobres, como los del Caribe, que en los mucho más ricos, como EE.UU.

Es posible que las naciones bien gestionadas reduzcan estos impactos adversos. Los países con infraestructura superior, con mercados de capital mejor regulados, con tasas de cambio flexibles y con instituciones más responsables y democráticas se recuperan más rápido del impacto adverso de los choques ocasionados por la temperatura. Las regiones cálidas de los países de altos ingresos también lidian mejor con los efectos.
Todo esto respalda la opinión de que es probable que los países más pobres sean los más afectados por el aumento de las temperaturas. Las poblaciones de esos países son más vulnerables porque están más cerca de la subsistencia.

Con los aumentos de temperatura proyectados para 2100 bajo un cambio climático sin mitigación, los ingresos anuales reales per cápita de un país de bajos ingresos representativo serían un 9% más bajos de lo que habrían sido. Esto impondría grandes costos a sus grupos vulnerables. Además, dicho pronóstico ignora los riesgos e incertidumbres en torno a tales estimaciones. Un planeta 4 grados centígrados más cálido que la media preindustrial sería tan diferente de aquel al que estamos acostumbrados actualmente que las implicaciones son incognoscibles.

El análisis del FMI conlleva una serie de graves implicaciones. La primera y más importante es que los países de bajos ingresos necesitan desarrollarse rápidamente con el fin de estar mejor capacitados para enfrentar los choques climáticos. La segunda es que su desarrollo debe ser consistente con la mitigación del aumento de las temperaturas globales. La tercera es que necesitamos rápidas mejoras en las tecnologías relevantes y en su rápida difusión. La cuarta es que también necesitamos ayudar a los países pobres a adaptarse a los cambios en el clima. La quinta es que necesitamos desarrollar seguros contra los choques relacionados con el clima en los países pobres.No debiéramos dejar que lo urgente nos impida pensar en lo importante. Los retos vinculados del clima y del desarrollo moldearán el futuro de la humanidad.

Martin Wolf
Columnista del Financial Times

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