Procesos burocráticos frenan la competitividad en Colombia

El Banco Mundial afirma que en ciudades como Mitú o Inírida se realiza el doble de trámites y se gasta más de cuatro veces el tiempo en procesos, que lo requerido.

Competitividad, una obligación empresarial en la nueva economía; hay mayor presión en las compañías

La competitividad que pueda proporcionar el entorno en el cual se desempeñan las empresas es por demás crucial en la productividad y la generación de bienestar para la población de un país

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marzo 04 de 2018 - 10:30 a.m.
2018-03-04

A pesar de las anomalías que ha presentado, el informe y los indicadores del “Doing Business” del Banco Mundial conforma un conjunto de elementos de análisis muy valioso, no sólo por la actualidad sino también por el potencial comparativo que permite, en relación con recomendaciones actualizadas de política económica. Se pueden detectar a partir de ese contenido, diferentes factores y sub-factores de competitividad de manera comparativa entre varios países latinoamericanos.}

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En el caso de Colombia, el informe del “Doing Business” de 2017 da a conocer varios datos interesantes. Uno de ellos es el factor de la tramitología, del conjunto de pasos burocráticos, plagados de formularios que los empresarios deben completar a fin de establecer una empresa o bien de ampliar la capacidad de elaboración mediante nuevas unidades o proyectos productivos.

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Los datos del Banco Mundial puntualizan que en la medida que las ciudades son más pequeñas, el laberinto burocrático es mayor. Afirma la publicación que en ciudades tales como Mitú –capital del departamento de Vaupés- o Inírida –capital del departamento de Guainía, ambos departamentos en el oriente del país, en las grandes extensiones de los llanos de la Amazonía- se realiza el doble de trámites y se gasta más de cuatro veces el tiempo en procesos, que lo requerido en ciudades más grandes, tales como Armenia, Manizales, Medellín, Pereira o Bogotá; con el fin de constituir una organización productiva.

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Un factor que puede estar incidiendo en esta situación es que las mejoras en función de mayor simplificación y simplicidad de trámites que se han implementado en otras ciudades, no han logrado operar en los centros urbanos más pequeños. Entre esas mejoras se cuenta el funcionamiento de Centros de Atención Empresarial (CAE) y las denominadas Ventanillas Únicas de Registro (VUR). En esto se tiene el apoyo de las Cámaras de Comercio, mismas que tienen mayor presencia en las ciudades más grandes.

Esta información puede relacionarse con el sentido burocrático que se asocia a la presencia de abogados en un país. Al respecto nótese que, en función de cada 100,000 habitantes, Colombia tiene 364 abogados, Estados Unidos 291, Francia 73 y Japón 21. Estos son casos comparativos cuya evidencia permite establecer que en la matriz cultural colombiana, tiene más “prestigio” ser abogado que ingeniero.

La competitividad que pueda proporcionar el entorno en el cual se desempeñan las empresas es por demás crucial en la productividad y la generación de bienestar para la población de un país. Ese conjunto de instituciones y de relaciones más o menos flexibles y funcionales a partir de las dinámicas que establezcan las agencias, es por demás clave en el ámbito mesoeconómico de los países. Es decir el nivel local que existe entre lo micro, de las empresas y personas, y lo macro, que se refiere a lo social, político y cultural de un país.

Por supuesto que el apoyo a la productividad de las pequeñas ciudades es vital, de otra manera continuamos promoviendo la macrocefalia de grandes ciudades, algo generalizado en Latinoamérica, con toda su cauda de problemas y de hacinamiento que ello implica.

Giovanni E. Reyes,
Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard.
Profesor Titular y Director de la Maestría en Dirección de la Universidad del Rosario

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