Recuperación global brinda oportunidades a
los mercados emergentes

Un impulso de las políticas públicas para mejorar los sistemas de educación y potenciar la productividad de los trabajadores puede detener una desaceleración en el crecimiento

Economía global

Las economías de bajos ingresos necesitan un mayor ritmo de crecimiento que los países desarrollados.

123RF

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Portafolio
enero 19 de 2018 - 08:15 p.m.
2018-01-19

La economía mundial está disfrutando de una recuperación sincronizada. Ésta es una buena noticia para los países emergentes y en desarrollo. También representa una oportunidad.

Una desaceleración en la tasa de crecimiento potencial está afectando a muchos de estos países. Esto no sólo es el resultado de un cambio demográfico, sino también de un debilitamiento en el crecimiento de la productividad, un aspecto que se debe abordar de manera urgente.

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Las más recientes perspectivas económicas globales del Banco Mundial presentan el panorama. A precios de mercado, se estima que el crecimiento mundial haya sido del 3% en 2017, y que haya alcanzado el 4,3% en los países emergentes y en desarrollo.

Por su parte, este año se prevé que alcance el 3,1%, mientras que el de los países emergentes y en desarrollo alcanzará el 4,5%.

(Lea: Tres factores que moverán los mercados en 2018

Como siempre, se anticipa que Asia sea la región que presente el más rápido crecimiento. En otros lugares, el rendimiento es menos alentador. Se pronostica que las economías emergentes y en desarrollo exportadoras de materias primas crecerán sólo un 2,7% este año, un aumento sobre el 1,8% en 2017. 

En la región de Latinoamérica y el Caribe se pronostica que el crecimiento será de sólo un 2% este año, frente al 0,9% en 2017. Brasil está saliendo lentamente de una profunda recesión.

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También se pronostica que el crecimiento en el África subsahariana y en el Medio Oriente y el norte de África continúe siendo lento, con 3,2 y 3%, respectivamente.
La buena noticia, sin embargo, es que las condiciones globales son propicias para un crecimiento ampliamente compartido.

Los precios de las materias primas se han recuperado. El comercio también se ha recuperado, respaldado por el fortalecimiento de la inversión. Se estima que el volumen del comercio mundial haya crecido un 4,3% el año pasado y se prevé que crezca un 4% este año.

Asimismo, los flujos de capital hacia las economías emergentes se fortalecieron en 2016 y de nuevo en 2017. El reciente aumento ha sido en los flujos de capital de cartera y en otros préstamos, pero más de la mitad se encuentra en la forma más estable (y más beneficiosa) de inversión extranjera directa.

Tal y como acertadamente lo señala el informe, los evidentes riesgos a la baja del “estrés financiero, mayor proteccionismo y crecientes tensiones geopolíticas” amenazan a los países emergentes y en desarrollo, mientras que los más grandes tienen capacidad para responder ante los desarrollos adversos.

Sin ir más lejos, China e India han demostrado la capacidad de gestionar desarrollos externos adversos. Pero no sucede lo mismo en el caso de la mayoría de los otros países emergentes y en desarrollo, incluso los grandes como Brasil o Rusia. Estos pueden tener esperanzas de contar con un ambiente externo benigno; pero si llega otra crisis, es probable que sufran las consecuencias.

Lo que pueden hacer es mejorar su dinamismo subyacente, lo cual también debiera aumentar su resiliencia. Es en esto en lo que se enfoca el informe. La ralentización del crecimiento potencial de los países de altos ingresos debido al envejecimiento de la población y al debilitamiento del crecimiento de la productividad es bien conocida. La no muy disímil desaceleración en los países emergentes y en desarrollo lo es menos. Sin embargo, esa desaceleración es más inquietante.

Los países emergentes y en desarrollo tienen una mayor necesidad de rápido crecimiento que los países de altos ingresos porque todavía son tan pobres. Además, deberían tener un mayor potencial de crecimiento debido a su capacidad (al menos en teoría) de alcanzar los niveles de productividad de los países de altos ingresos.

Sin embargo, la tasa de crecimiento potencial de los países emergentes y en desarrollo se está desacelerando. El Banco Mundial pronostica un crecimiento potencial de las economías emergentes y en desarrollo a un promedio de 4,3% entre 2018 y 2027. Esto está 0,5% por debajo del promedio de 2013-17 y 0,9% por debajo de su promedio de hace una década.

Además, esta desaceleración es ampliamente compartida: entre 2013 y 2017, el crecimiento potencial estuvo por debajo de su promedio a más largo plazo en casi la mitad de todos los países emergentes y en desarrollo.

La desaceleración en estas economías parcialmente refleja el envejecimiento de la población, tal y como es el caso en los países de altos ingresos. Débil inversión y un crecimiento más lento de la ‘productividad total de los factores’ (PTF) – una medida de la producción generada por una cantidad determinada de mano de obra y de capital – también influyen en la ralentización del crecimiento potencial de estos países.

Sin cambios importantes en las políticas, es muy probable que esta desaceleración ocurra. El envejecimiento de la población procederá en la mayoría de los países emergentes y en desarrollo. Parte de la desaceleración del crecimiento en la productividad total de los factores también pudiera ser inevitable.

Puede que haya disminuido debido a que las tecnologías de la información y de las comunicaciones de la década de 1990, particularmente internet, han madurado. La desaceleración en la desagregación de la producción a través de las fronteras también puede estar debilitando la difusión de la tecnología y de otros conocimientos.

Es probable que las envejecidas fuerzas laborales sean menos adaptables. El crecimiento de la productividad total de los factores también está relacionado con el crecimiento de la inversión. Pero, desde 2010, el crecimiento de la inversión se ha desacelerado drásticamente en los países emergentes y en desarrollo, desde tasas de dos dígitos a raíz de la crisis financiera mundial hasta un mínimo poscrisis de tan sólo 3% en 2016.

Sin embargo, una política determinada pudiera compensar la prevista desaceleración del crecimiento potencial. Mejorar la calidad de la fuerza laboral es posible, por ejemplo.

Las tasas de finalización de la educación secundaria se están acercando a los niveles de las de los países de altos ingresos.
Pero hay sustancial cabida para seguir mejorando la calidad y la cantidad de la educación, particularmente en el nivel terciario, así como la participación femenina en la fuerza laboral.

Transformar la calidad del entorno normativo y de las instituciones gubernamentales, en particular del sistema legal y de las regulaciones, también sería extremadamente útil. El resultado debiera ser un mayor esfuerzo empresarial, más competencia, una mayor inversión y mejoras más rápidas en la productividad.

Las economías emergentes y en desarrollo deberían aprovechar el crecimiento mundial actual para alentar una mayor inversión y llevar a cabo las reformas necesarias para aumentar el crecimiento de la productividad. Pero deberían actuar en este momento. El sol económico nunca dura mucho. Deberían anticipar un clima más tempestuoso en el futuro.

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