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Tiendas para revitalizar las veredas del retorno

Un programa del DPS y Bavaria ha creado 43 locales de este tipo en zonas que sufrieron desplazamiento y donde la gente está volviendo.

Nemesio Roys Garzón, director del Departamento para la Prosperidad Social (DPS) de la Presidencia de la República. Diego Caucayo

Nemesio Roys Garzón, director del Departamento para la Prosperidad Social (DPS) de la Presidencia de la República. Diego Caucayo

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octubre 11 de 2017 - 08:29 p.m.
2017-10-11

En los campos colombianos, las tiendas no solo son lugares para abastecerse, sino centros de encuentro social. Por eso también se consideran importantes a la hora de restablecer la vida social y económica en sitios que fueron azotados por la violencia y que empiezan a ser de nuevo habitados por la gente que retorna.

Nemesio Roys Garzón, director del Departamento para la Prosperidad Social (DPS) de la Presidencia de la República, explica cómo se han creado 34 de estos establecimientos en áreas alejadas del país y los planes futuros dentro del programa Tiendas de Paz.

¿Cómo se ha hecho esto?

Esta es una alianza del PDS con la Fundación Bavaria y se articula con un programa nuestro que se llama Familias en su Tierra, que tiene que ver con el retorno.

Cuando las familias salían desplazadas y volvían a su sitio de origen, encontraban que era muy complicado, porque su casa estaba destruida, la comunidad no los aceptaban y no tenían una forma de seguridad alimentaria. Lo que hacemos es darles la posibilidad de un mejoramiento de vivienda, seguridad alimentaria y un proyecto comunitario. En este último punto es donde entramos con el tema de Tiendas de Paz.

¿Qué hacen en concreto?

Tienen la oportunidad de vender sus productos y la tienda se los compra para revenderlos, o también se puede intercambiar, porque ellos tienen mucho acceso a elementos agrícolas que pueden canjear por otros procesados como el azúcar, aceite y harina. El intercambio puede ser con la tienda o directo entre las familias.

¿Cuántas tiendas son y cómo las acompañan?

En intervención conjunta con Bavaria, tenemos 34 tiendas en 8 departamentos y 30 municipios, porque en algunos puede haber más de una; todo depende del tamaño y de las comunidades intervenidas. En esto llevamos tres años y durará en total unos cuatro.

¿Todas sobreviven?

Sí, hay algunas que venden más que otras y eso depende también de la capacidad del equipo que escojan. Hasta el momento no se ha cerrado ninguna ni se ha tenido la pérdida de la inversión.

¿Cuánto invierten?

Son $5.200 millones, de los cuales $2.800 millones los pone el DPS y $2.400 millones, nuestro aliado. Este año Bavaria y Acdi/Voca van a hacer cinco adicionales, para llegar a 39. Y aunque nosotros no ponemos dinero en las nuevas, la población que constituye las Tiendas de Paz va a seguir siendo de beneficiarios de Familias en su Tierra.

¿Cuál sería su rol?

Nosotros nos encargamos de la focalización de la gente para las tiendas.

¿En qué se va la plata?

En la construcción de la tienda, como tal. Llegamos a sitios que son comunitarios, por lo cual no se compra el lote, sino que se hace la estructura y se entrega la primera dotación. A partir de ahí, empieza el funcionamiento con los recursos de las sucesivas ventas que hagan.

¿Quién elige al tendero?

La comunidad escoge a los administradores y colaboradores. Ellos mismos pueden ver cómo sacar sus territorios adelante. Bavaria ni Prosperidad Social imponen nada.
El programa los capacita acerca de cómo manejar la tienda, les da conocimientos básicos de cómo se almacena, como se recaudan los ingresos, cómo manejar las utilidades, con el fin de que el local sea sostenible.

¿Y si hay excedentes, a quién le tocan?

Hay distintas experiencias. Algunos excedentes se han empleado para ampliar las tiendas; otros, para tener más productos, porque arrancamos con lo básico, y hemos establecido también proyectos comunitarios, por ejemplo, de kioscos comunales.

¿Qué proyectos nuevos tiene el DPS?


El año pasado firmamos el primer Bono de Impacto Social que se hizo en América Latina, para el tema de empleabilidad para la población vulnerable, a la que sometemos a una capacitación en competencias blandas y en las técnicas que requiere una determinada empresa, para que puedan ser ubicados en ella.

¿Qué tiene de especial eso?

Los programas normalmente consiguen un operador, capacitan a las personas, buscan la vacante y luego la registran. Con el Bono de Impacto Social hemos hecho un bono por $2.200 millones: 1.000 los pone Prosperidad Social y 1.200, el BID y la Agencia de Cooperación Suiza.

¿Cómo funciona?

Les decimos a los privados que se vinculen –en este caso es la Fundación Corona– y solo pagamos por resultados concretos previamente establecidos. Entonces, si la persona es contratada en una empresa, el operador recibe $1,9 millones, si permanece más de tres meses, entregamos otros $1,9 millones y si pasa de los 6 meses son $400.000 adicionales.

¿Acá a qué se llama población vulnerable?

Esa condición está definida de acuerdo con la ley por pobreza extrema o moderada –Sisben por debajo de 50 puntos– o población víctima.

¿Qué avances tiene el programa?

Ese bono finaliza en julio del 2018 y la meta son 518 personas con vinculación laboral.

¿Escalarían la idea?

El convenio que se firmó con el BID y la cooperación suiza contempla tener tres bonos de impacto social.

¿Ya están el resto de entidades?

Están las fundaciones Corona, Davivienda y Bolívar. De los 518 cupos se encuentran en capacitación 728 personas y eso debe concluir con la colocación de 518. Si no lo hacen, el Estado no asume el costo.

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