Tributación fiscal y competitividad en Colombia

Se puede decir, con base en el PIB, que la tasa de impuestos del país no es excesivamente alta.

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Son los asalariados, los que están contribuyendo más, en términos porcentuales y marginales, a la estructura fiscal del país.

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mayo 22 de 2018 - 09:55 p.m.
2018-05-22

Se ha transformado en una consigna sistemática el señalar insistentemente que en Colombia ya no queda margen para impuestos, que existe un agobio de los mismos que merman la competitividad del país y que de allí que el crecimiento económico sea bajo y pueda llegar a tasas con inercias peligrosas.

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Sí, en efecto, existe lo que parece una sobre-carga de impuestos. Pero es necesario especificar los datos y las características en concreto. Cuando lo hace, por ejemplo, un estudio sobre la base de impuestos sobre el producto interno bruto total (PIB) de Colombia. Se puntualiza que el país tiene cerca de un 15 por ciento del total de producción; cuando el promedio latinoamericano es de 18 por ciento. Cierto es que a partir de esta consideración, los ingresos no tributarios son clave. De allí que la disminución drástica de los ingresos como resultado de la caída de los precios del petróleo, hizo necesaria la última reforma tributaria.

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En otras palabras, con base en el PIB, la tasa de impuestos de Colombia no es excesivamente alta. Lo que ocurre es que mucha de la estructura impositiva en el país es regresiva. Es decir, terminan pagándola más los sectores asalariados, los que se rebuscan la subsistencia en la economía informal, en general los trabajadores son los que evidencian mayores contribuciones.

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Un estudio del Banco de la República, subscrito por Hernán Rincón y Martha Delgado –Borradores de Economía No. 1041 señala: “las tasas impositivas efectivas fueron de 10.7% de los gastos de consumo de los hogares; 18.6% de los ingresos al trabajo, y de 17% de las utilidades durante el período bajo estudio, 1994-2016”. Se puntualiza que: “la tasa que recae sobre los salarios se ubica por encima de aquella sobre el capital a lo largo de la muestra, excepto 2015” (http://www.banrep.gov.co/es/borrador-1041).

Se tienen claros rasgos de regresividad y como tal, son los asalariados, los que están contribuyendo más, en términos porcentuales y marginales, a la estructura fiscal del país. No obstante es de aclarar un punto que puede prestarse a malos entendidos, en particular en un tema tan sensible como el fiscal, en épocas de campaña electoral: en 2016, los impuestos a las empresas fueron del 19.3% del total, cuando el promedio de este indicador es de 9% en la OECD. Esto es un agobio, pero también es de acotar que los impuestos a la riqueza de los individuos en Colombia llegan a un 3% del recaudo, cuando este indicador es de 25% en la OECD.

Se tiende a considerar que los países con menores tasas impositivas atraen más inversión. Eso puede ser una tendencia cierta dependiendo de los sectores más productivos. No obstante, de serlo, Colombia no mostraría los niveles rezagados en cuando a la relación entre inversión en la economía real y facilidades para la operativización del capital. Otros países pueden tener regímenes más altos de impuestos, pero muestran mayor y mejor infraestructura física, estado de derecho funcional, educación y capacitación del recurso humano, cultura de trabajo y –esto es crucial- instituciones incluyentes. Exactamente lo que señalan Acemoglu y Robinson en su obra “Porque Fracasan las Naciones” (2012).

Giovanni E. Reyes,
Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard.
Profesor Titular y Director de la Maestría en Dirección de la Universidad del Rosario.

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