El empresario antioqueño, conocido por revivir compañías en quiebra, es seguidor del Nacional pero su misión ahora es salvar al Club Millonarios.
Arango fue nombrado presidente de 'Millos' esta semana. Se espera que logre el milagro, como lo hizo en su momento con Coltejer y Acerías Paz del Río.
Hasta hace un par de lustros, José Roberto Arango, el nuevo presidente del club de fútbol Los Millonarios, era un empresario poco conocido en el país. Saltó a la palestra pública cuando fue alto consejero presidencial de Uribe.
De allí salió en el 2004, cuando se cuestionó un contrato en el que estaba involucrada Fatelares, una compañía propiedad de su familia.
Pero su espíritu emprendedor -que entre otras cosas le sirvió para fundar Alianza Team (productora de grasas y aceites vegetales), Combiser (páginas amarillas), Servicios Postales Especializados y la filial de Corredores Asociados en Antioquia- no se apagó y se le siguió midiendo a grandes retos empresariales.
Este hincha del Nacional, conocido por reanimar empresas en crisis, además de ser el nuevo presidente de Millonarios, tiene la responsabilidad de sacar al club de la Ley de Quiebras. Habría llegado a esta misión a través de la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE), que representa al Gobierno en la junta directiva del equipo.
"Toda mi vida he trabajado en la empresa privada, a la que le he dedicado mis mejores esfuerzos. Siempre he sido un empresario y me siento orgulloso de haber contribuido con mi trabajo a generar empleo y bienestar", manifestó al salir de su cargo como consejero presidencial, en el que se destacó por haber salvado a Acerías Paz del Río de la quiebra, consiguiéndole un buen comprador: el brasileño Votorantim.
Antes de la venta, convenció a los trabajadores de renunciar a ciertas conquistas y a convertirse en socios de la compañía. Los frutos para ellos, el propio Gobierno y otros accionistas de la siderúrgica vendrían en el 2007, cuando, en una competida puja de cuatro multinacionales, la vendieron a Votorantim por cerca de 460 millones de dólares, superando con creces la inversión inicial.
La fórmula de Acerías la usó de nuevo cuando, en el 2008, se posesionó como presidente de la agonizante Coltejer. No sólo consiguió que la Organización Ardila Lülle, propietaria de la textilera, la vendiera a la mexicana Kaltex, reto que se impuso y logró cumplir en apenas 140 días, sino que convenció a los trabajadores de que renunciaran a prebendas.
La relación con los empleados ha sido clave en su paso por empresas en problemas. Al respecto, comentó alguna vez: "Creo en un sindicalismo participativo, que se vuelque a participar con las empresas. Que si estas ganan, ellos ganen y si estas pierden, ellos sean solidarios".
Antes de adquirir la fama de salvador de empresas en problemas, sólo lo conocían en Antioquia, donde a principios de los 80 también tuvo un rápido paso por la vida pública como Secretario de Hacienda de Medellín durante cinco meses, cuando el alcalde era Álvaro Uribe Vélez, amigo suyo desde los años de la juventud, cuando incluso fueron socios en un restaurante llamado 'El Gran Banano'.
Un hombre pragmático
Como el actual Presidente, tiene un inconfundible acento paisa. "Te reto a que busqués una foto mía", expresó con seguridad en el 2003, cuando un periodista le pidió una entrevista, pues se preciaba de un bajo perfil.
Quienes lo conocen dicen que mira directo a los ojos, que es ameno, que intercala groserías 'blancas' en las conversaciones, que es partidario de hacer las cosas rápido. Y él mismo reconoce que es malgeniado. También afirman que, además de pragmático, es austero y descomplicado.
Prueba de ello está en su paso por Coltejer. Allí frecuentemente lo veían caminar por las plantas buscando soluciones e interlocutores a los problemas de la empresa. Pese a ser el presidente de la textilera, no tenía oficina y prefería despachar en una silla al lado de la secretaria. Solía explicar esa decisión en el hecho de que consideraba que su oficina estaba en su maletín personal.
Su vida ha estado cerca de los milagros y los logros. Fatelares, la empresa de su familia, fue creada en 1972 y pasó, al igual que las demás textileras del país, difíciles coyunturas en los 80, 90 y comienzos de este siglo. Sin embargo, el año pasado ganó 24.000 millones de pesos y se ubicó entre las 1.800 compañías más grandes del país.
Arango, economista de la Universidad Javeriana y con una maestría en la Universidad de Harvard, fue igualmente el negociador de la venta de Cadenalco cuando pasó a manos de Almacenes Éxito, y logró posicionar a la comisionista Interbolsa en el mercado bursátil local, al punto que hoy es la más grande de Colombia.
También salvó al Acueducto de Cúcuta en seis meses, pues hizo que pasara de 600 empleados y 700 millones de pesos de ingresos, a 70 empleados y 4.500 millones de facturación. Igualmente, fue el gestor del acuerdo para que el municipio de Medellín y el departamento de Antioquia le pagaran a la Nación la deuda por la construcción del Metro de Medellín. Sus antecesores duraron 22 años y él lo logró en pocos meses.
"Expreso lo que pienso. Eso a mí me ha dado buenos resultados. He despedido mucha gente y digo la verdad. Siempre que uno diga la verdad, nunca se equivoca. Tú dices una mentirilla y te lleva a una mentirota", dijo poco después de salvar a Coltejer.
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