Mauricio Cabrera Galvis
columnista

‘Estanflación’

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
mayo 02 de 2016
2016-05-02 07:41 p.m.
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Esta fea palabreja –mezcla de estancamiento e inflación– fue inventada a finales de los años 70 del siglo pasado para describir la crisis de la economía norteamericana, que, debido a la disparada de los precios del petróleo, enfrentaba un aumento del desempleo, un freno al crecimiento económico y, al mismo tiempo, una inflación cercana al 15 por ciento anual.

La salida en ese momento fue una política monetaria súper restrictiva que subió la tasa de interés hasta el 20 por ciento; así se frenó la demanda y se contuvo el alza de los precios, pero se llevó al país a la recesión, porque la inflación no era causada por excesos de demanda, sino por aumento de los costos. La economía volvió a crecer en los años 80 con las políticas keynesianas de Reagan y la baja de las tasas de interés.

En Colombia, tenemos hoy claros síntomas de ‘estanflación’, aunque en magnitudes más moderadas que las de EE. UU. en ese momento. La inflación se acerca al 8 por ciento, a la vez que aumenta el desempleo –en marzo llegó a 10,1 frente a 8,9 por ciento del 2015– y se reducen los pronósticos del crecimiento del PIB para esta año a solo 2,5 por ciento.

Es evidente que el aumento de la inflación no se debe a excesos de demanda, sino a factores de oferta como la escasez de alimentos por el fenómeno de ‘El Niño’ y la transmisión de la devaluación a los precios de los bienes importados. Además, se trata de factores transitorios y temporales que deben desaparecer en unos meses.

Por el contrario, el mayor desempleo y el menor crecimiento sí se deben a la debilidad de los componentes de la demanda (consumo e inversión), afectada por la pérdida de ingresos petroleros y la situación de la economía mundial –en particular la de nuestros vecinos– que no ha permitido una rápida expansión de las exportaciones a pesar de la mejor tasa de cambio.

Las perspectivas del crecimiento son aún más sombrías por causa del incremento del déficit fiscal que exige una reducción del gasto y la inversión pública, y hace inevitable una reforma tributaria que aumente el recaudo. Por más inteligente que se quiera hacer la austeridad, su impacto macro es contraccionista porque la combinación de menor gasto público y mayores impuestos frena el crecimiento.

En este contexto, la junta del Banco de la República enfrenta un difícil dilema: dejar que los precios se estabilicen y la inflación baje poco a poco, a medida que vuelva la normalidad a las cosechas agrícolas y termine el impacto de la devaluación, o subir sus tasas de interés para desincentivar el consumo y la inversión, es decir enfriar la demanda, y así bajar los precios a costa de un menor crecimiento y mayor desempleo.

Según el comunicado de prensa de su última reunión, la junta es consciente de los factores que están frenando el crecimiento y por eso espera que este año sea solo de 2,5 por ciento. Además, reconoce que el aumento de la inflación se debe a los choques temporales de ‘El Niño’ y la devaluación. Sobre el desempleo no se pronuncia.

Sin embargo, decidió optar por la primera alternativa y subir de un golpe 50 pb la tasa de interés hasta llevarla al 7 por ciento, con lo cual reafirma que su objetivo primordial es la estabilidad de los precios por encima de cualquier otra consideración, con base en la hipótesis de que así va a moderar las expectativas de inflación del mercado. El resultado no puede ser otro que agudizar la ‘estanflación’.

Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com

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