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Martes 2 de Septiembre 2014

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Dificultades marcan retos que exigen a los equipos actuar

Agosto 19 de 2011 - 7:36 pm



La forma cómo se asuman los problemas demuestra la fortaleza para resolverlos.

 

En un conocido video motivacional de origen hindú, un árbol caído cierra el paso a los vehículos.

Unos adultos se resignan a no avanzar y otros discuten al respecto. Un niño que va para su escuela en el bus observa la escena y, sin pensarlo dos veces, suelta su mochila y empuja con todas sus fuerzas el pesado árbol.

Sin percatarse de la lluvia, de su pequeño tamaño, ni de su limitada fuerza, este niño inspiró a todos a sumarse a su esfuerzo y logrando remover el obstáculo.

¿Por qué lo hizo? Al hacer estas preguntas a un centenar de gerentes de 13 países, escuchamos respuestas como: “fue proactivo, no se quedó mirando”, “tenía el compromiso por llegar a su meta y no midió las barreras”, “no esperó que otros hicieran algo y asumió el liderazgo”, y “creyó en sí mismo”, entre otras. Luego de escuchar a sus colegas, un gerente dijo: “¡simplemente ese niño se hizo más grande que el problema!”.

Todos guardaron silencio al escuchar esta afirmación.

La reflexión es obvia: la percepción de la magnitud de los problemas es inversamente proporcional a la fuerza mental de quien los enfrenta.

Un equipo “que se la cree”, como se dice en el fútbol, es difícil de derrotar; su actitud ganadora, su cohesión y el dominio de sus talentos, y permite a sus miembros confiar ante los desafíos.

En cambio, quienes al mirar los obstáculos temen y se paralizan, muestran que estos son superiores a su potencial para superarlos.

¿De qué tamaño son los problemas que enfrentamos? ¿Será que ponemos más atención a las dimensiones de las adversidades que a nuestra capacidad para resolverlos?

Incluso, no es extraño que, en ocasiones, un equipo de trabajo malgaste su tiempo y recursos entreteniéndose en situaciones de poca monta, en conflictos que, en verdad, no hacen sentido por irrelevantes.

Sin embargo, esa es una forma de evadir la confrontación de retos superiores a la fuerza colectiva.

Con tan sólo analizar los cinco desafíos más serios de una organización se podría evaluar la estatura mental de quienes la dirigen.

Mentes pequeñas problemas pequeños, mentes grandes problemas grandes, reza el dicho popular. Por esto conviene que periódicamente los dirigentes de las empresas y equipos resuman esos retos y los comparen con la capacidad que creen tener para superarlos. Si el resultado es desfavorable, es hora de ir al gimnasio de las actitudes y capacidades para desarrollar músculos y empezar a levantar rocas en lugar de piedritas.

Germán Retana

Incae Business School

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