Mauricio Cabrera Galvis
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Francisco y la misericordia de Dios

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
marzo 28 de 2016
2016-03-28 09:12 p.m.
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Una de las transformaciones interesantes que ha traído el papa Francisco a la Iglesia Católica ha sido volver a ubicar el tema evangélico de la misericordia en el centro de su pastoral. Por eso ha querido que el 2016 sea el año santo, en el que la Iglesia viva y predique la misericordia de Dios Padre. Este mensaje, que tiene una enorme importancia para esta Colombia que busca afanosamente la paz, resonó con intensidad en las pocas celebraciones que todavía subsisten en una Semana Santa la cual cada vez más de diversión y jolgorio que de rito y conmemoración religiosa.

El tradicional sentido cristiano de la misericordia se asimilaba a la virtud de la compasión y la solidaridad que impulsa a ayudar al necesitado y a tratar de aliviar el dolor de los que sufren. Son las obras de misericordia corporales que enseñaba el viejo catecismo Astete: visitar a los enfermos y enterrar a los muertos, dar de comer al hambriento y de beber al sediento, dar posada al peregrino y vestir al desnudo. Sin embargo, en el mundo de hoy estas ya no son actos de caridad, sino obligaciones de justicia.

Sin olvidar la necesidad y la obligación de los cristianos de asumir de este compromiso con la solidaridad, Francisco insiste en lo que para él es la característica esencial de la misericordia de Dios: el perdón y la capacidad de perdonar, de recibir al hijo pródigo, de no buscar venganza por las injurias recibidas.

Dice el Papa que este “es el tiempo favorable para curar las heridas, para ofrecer a todos el camino del perdón y de la reconciliación”, y que “tiene la certeza de que la misericordia puede contribuir realmente en la edificación de un mundo más humano. Especialmente en nuestro tiempo, donde el perdón es un huésped raro en los ámbitos de la vida humana, la referencia a la misericordia se hace más urgente, y esto en todos los sitios: en la sociedad, en las instituciones, en el trabajo y también en la familia”.

Hay que reconocer que, acorde con este mensaje, la Iglesia colombiana se la está jugando a fondo por el perdón y la reconciliación como elemento indispensable para que se pueda construir en el país una paz duradera, más allá de las negociaciones en La Habana, y sin caer en la actitud ciega de quien desconoce que se han cometido delitos y crímenes infames.

A la posición pragmática que, sin argumentos religiosos, reconoce que para romper la espiral de violencia que genera más violencia es necesario perdonar y buscar el apaciguamiento de los espíritus, el Papa le añade la dimensión espiritual de que está es la enseñanza de Jesús.

Pero, también, hay muchos que se dicen católicos fieles y practicantes que rechazan toda posibilidad de perdón y exigen el castigo con ansia revanchista. Lo más curioso es que estos fanáticos no han sufrido directamente la guerra, sino que usurpan la vocería de las verdaderas víctimas, que, en su gran mayoría, sí están dispuestas a perdonar. La misericordia no cabe en su distorsionada religión, y a Francisco lo ven como un traidor.

Adenda: ahora que desaparece el castro-chavismo, pues Obama restablece relaciones con Cuba y se abraza con Raúl Castro, y el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, se reúne con los negociadores de la guerrilla para urgir la firma del acuerdo de paz, seguro que los fanáticos del CD van a decir que en La Habana se está entregando el país al imperialismo gringo.

Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com

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