Mauricio Cabrera Galvis
columnista

Frenos a la economía

El freno de la economía es generalizado. De los nueve sectores que reporta el Dane en su medi- ción del PIB, cinco tuvieron crecimiento negativo.

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
septiembre 05 de 2016
2016-09-05 08:04 p.m.
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Cuando se ponen los frenos, el carro pierde velocidad y se frena –así lo descubrió Perogrullo–; y si va en subida, corre el riesgo de empezar a retroceder. Eso es lo que le está pasando a la economía colombiana que ha frenado su tasa de crecimiento hasta un ínfimo 0,2 por ciento en el último trimestre (equivalente a solo 0,8 por ciento anual), porque le están aplicando todos los frenos de la política macroeconómica cuando está subiendo la empinada cuesta de la debilidad de la economía mundial.

Asombra (que no sorprende) el aparente desconcierto que mostraron el Gobierno, el Banco de la República y muchos analistas al ver las cifras de la desaceleración de la economía. Todos se declararon sorprendidos (que no asombrados) por la ralentización del PIB, y redujeron sus pronósticos de crecimiento para lo que resta del año. Se parecen a la señora que le dice, y le repite al chofer, que frene, y cuando este lo hace lo mira con cara de extrañeza y le pregunta: ¿por qué va tan despacio?

Los frenos –o aceleradores– que en el corto plazo pueden ponen las autoridades al carro de la economía son la política monetaria y la política fiscal. Con la primera, en particular con la subida de las tasas de interés, desestimulan la inversión y el consumo de los hogares; con la segunda, reducen la demanda cuando se incrementan los impuestos y se recorta el gasto público. Los analistas económicos han insistido en la aplicación de ambos instrumentos, las autoridades han seguido el consejo, y ahora todos a una se declaran sorprendidos.

El Banco de la República lleva casi dos años y medio subiendo las tasas; lo ha hecho 16 veces desde abril del 2014, llevándola de 3,25 hasta 7,75 por ciento vigente en la actualidad. En la última reunión de su junta directiva, hicieron una pausa y no la aumentaron más, pero ya el daño estaba hecho y el freno estaba funcionando.

Enfrentado al dilema de la estanflación (bajo crecimiento y aumento de la inflación), el Emisor optó por desestimular la demanda y así enfriar la economía, aun a sabiendas de que el origen de la inflación no era un exceso de demanda, sino factores de costo, como las malas cosechas agrícolas y la devaluación.

El Gobierno enfrenta su propio dilema, pues ante la enorme caída de la renta petrolera no tiene otra alternativa que ajustar el gasto y preparar una reforma tributaria para aumentar los recaudos. Así, en los primeros siete meses del año los gastos efectivos del Gobierno Central disminuyeron 2,4 por ciento, en términos reales, lo que afecta de forma directa la demanda agregada. Además, un impacto indirecto es la expectativa ante dicha reforma, que lleva a aplazar proyectos de inversión.

El freno de la economía es generalizado. De los nueve sectores que reporta el Dane en su medición del PIB, cinco tuvieron crecimiento negativo en el trimestre (minería, energía y servicios, comercio, construcción y transporte); la agricultura pasó raspando, con una mínima expansión de 0,1 por ciento, pero solo gracias al café, porque los demás productos de agro decrecieron 2 por ciento; únicamente, sacaron la cara el sector financiero (1,3 por ciento) y la industria (2,3 por ciento), ayudada por el efecto Reficar.

El PIB crecía a un ritmo de 6,4 por ciento en marzo del 2014, cuando el Banco empezó a subir las tasas. Es un impacto más grave que una subida de la inflación de la misma magnitud, sobre todo por su efecto en el empleo, pero en Colombia la preferencia es por el control de los precios, y se prefiere aplicar los frenos.

Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
mcabrera@cabreraybedoya.com

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