Miguel Gómez Martínez
columnista

Hipotecas en reversa

Se requieren instrumentos financieros creativos para evitar que la vejez sea sinónimo de pobreza.

Miguel Gómez Martínez
Opinión
POR:
Miguel Gómez Martínez
julio 26 de 2016
2016-07-26 09:19 p.m.
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A medida que la esperanza de vida aumenta, nuevos desafíos financieros aparecen. Vivir más años implica poder generar ingresos suficientes para cubrir las necesidades de los adultos mayores, cuyos costos aumentan cuando los gastos médicos crecen. Para quienes han tenido empleos estables y pudieron cotizar las semanas requeridas, los ingresos mensuales al momento del retiro recibirán, de todas formas, un fuerte castigo, salvo que hayan podido generar ahorros adicionales. El sistema de pensiones obligatorias es una bomba de tiempo fiscal que cada año recibirá más presión a medida que cohortes más importantes de la población lleguen a la edad de retiro. El complemento de las pensiones voluntarias tiene una pequeña cobertura y ha sido castigado por el Estado que le bajó el incentivo tributario que antes gozaba.

Vivir más será un reto financiero para muchos. Varios países del mundo como Australia, Canadá o EE. UU. han desarrollo el sistema de las hipotecas en reversa. En EE. UU. se denominan Home Equity Conversion Mortgage y están reglamentados de forma bastante precisa. Para poder acceder a ellos hay que tener al menos 62 años y contar con una vivienda propia. A diferencia de las hipotecas tradicionales, que son créditos cuya garantía es el activo inmobiliario y que obligan a pagos mensuales de capital e intereses, la hipoteca en reversa no genera pagos mensuales. La suma entregada al propietario tiene un costo financiero que está incluido en el valor de la vivienda. El propietario puede seguir viviendo en su casa y puede utilizar el dinero recibido para mantener su nivel de consumo en la vejez. Si el propietario se muda, la deuda se salda con la venta de la casa. Si la persona muere, el activo es liquidado, se cancela la hipoteca y el saldo es entregado a sus deudos.

El modelo ha sido criticado, pues tiene como riesgo fundamental la inestabilidad del valor de las propiedades que, en EE. UU., puede oscilar fuertemente. Ello generaría problemas en la cobertura de la garantía. Otros han señalado que el dinero recibido por el propietario adulto mayor debería ser utilizado de manera muy prudente para que permita mantener el nivel de vida por el periodo de años más largo posible. Los mayores de edad pueden tener necesidades médicas cuyos costos son elevados y que pueden erosionar el dinero obtenido con la hipoteca en reversa. Y existe el problema del deudo sobreviviente que podría encontrarse desprotegido si la propiedad no se encuentra registrada a nombre de los dos, pues la muerte del propietario dejaría al otro sin vivienda.

Los colombianos han hecho enormes esfuerzos por dotarse de vivienda propia que es, por lo general, su mayor activo patrimonial. En cambio, la inmensa mayoría de ellos no tiene pensión o será insuficiente para mantener su nivel de vida en la vejez. En lugar de tener unos últimos años difíciles y luego transferir la propiedad a los herederos, la hipoteca en reversa permite transformar ese activo ilíquido en un ingreso real para solventar las necesidades de los últimos años sin tener que ser una carga para los hijos o parientes.

Colombia está mal preparada para tener una población con promedios de edad cada vez más elevados. Se requieren instrumentos financieros creativos para evitar que la vejez sea sinónimo de pobreza.

Miguel Gómez Martínez
Asesor económico y empresarial
migomahu@hotmail.com

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