Mauricio Cabrera Galvis
columna

Ideologías del odio

Grande es el esfuerzo que hay que hacer para superar la tendencia discriminatoria de las sociedades y construir una en la que impere el respeto.

Mauricio Cabrera Galvis
Opinión
POR:
Mauricio Cabrera Galvis
agosto 15 de 2016
2016-08-15 07:24 p.m.
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Con la excusa de protestar contra la ideología de género han salido del clóset, con furia y pasión, ideologías del odio, alimentadas por falsos principios religiosos y lecturas sesgadas de la Biblia, y aprovechadas por políticos oportunistas que en río revuelto buscan adeptos para su oposición a la paz. ‘Ambientes escolares libres de discriminación’ es el título de la cartilla preparada por un grupo de expertos, cuya divulgación desató la ira santa, y cabe preguntarse el por qué de la reacción agresiva e intolerante contra un intento de educar para el respeto de la diversidad y la tolerancia, y así evitar fenómenos de matoneo y hostigamiento que pueden llevar a desenlaces tan trágicos como el suicidio del joven Sergio Urrego, discriminado en su colegio por su orientación sexual.

Por desgracia, parecería que la humanidad tiene una tendencia atávica, casi una necesidad, de discriminar, de marcar diferencias y establecer barreras entre nosotros (los buenos, los superiores, los correctos) y ellos (los malos, los equivocados, los inferiores). Hoy, en Colombia las baterías se enfilan contra los homosexuales –y con más rabia porque una valiente Ministra ha tenido la osadía de reconocer que ella lo es–, pero antes han sido muchos los grupos sociales víctimas del acoso y la persecución.

De hecho, la llamada ‘ideología de genero’ no surgió como una defensa de la comunidad Lgtbi, sino fue una bandera del movimiento feminista en su lucha por la igualdad de derechos para las mujeres en las sociedades machistas que les daban un tratamiento de ciudadanas de segunda categoría. Después, el concepto se extendió a los otros géneros que siguen siendo discriminados y hostigados.

La historia está plagada de ejemplos de ese espíritu intolerante. En la España de la Inquisición, eran los judíos y los moros, que por creer en otros dioses fueron expropiados de sus bienes, expulsados o quemados en la hoguera, todo con la bendición de la Iglesia. El “nosotros” de Hitler no era religioso, sino racial, y solo incluía a los blancos arios, a las razas inferiores no solo las despreciaba, sino que decidió exterminarlas, asesinando a seis millones.

En EE. UU., la revolución de la Independencia se hizo sobre el sacrosanto principio de que “todos los hombres son creados iguales”, pero se demoraron 150 años en aceptar que el concepto de ‘hombres’ debía incluir a las mujeres, y más de dos siglos para reconocer que los negros también eran iguales. Ya en el siglo XXI han avanzado en la defensa de los derechos de los homosexuales, aunque también allá hay procuradores y políticos homofóbicos.

Grande es el esfuerzo que debe hacerse para superar esa tendencia discriminatoria de las sociedades y construir una sociedad en la que impere el respeto por el otro, la tolerancia, la aceptación de las diferencias, la valoración de la diversidad. Educar para la tolerancia es el nombre del juego. Esta labor pedagógica debe iniciarse desde el seno de la misma familia, en la que uno de nosotros experimenta, por primera vez, la importancia del respeto por el otro y la necesidad de la aceptación de las diferencias como elemento esencial de la convivencia en la vida cotidiana; casi que se puede afirmar que quien no lo aprendió allí, difícilmente podrá comprender su importancia.

Por supuesto, la pedagogía de la tolerancia debe ser un elemento esencial en las instituciones educativas, y por eso es indispensable que se incluya en los manuales de convivencia, para que no se reproduzcan las ideologías del odio y no repitamos la historia.

Mauricio Cabrera G.
Consultor privado
macabrera99@hotmail.com

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