Asia ha aprendido a amar a los robots y Occidente también debería hacerlo

La automatización es capaz de crear trabajos, no de destruirlos, como muestra una encuesta.

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En varios de los países de Asia, los robots son vistos de una forma mucho más cercana. Incluso, las personas los ven como “amigos que ayudan a los humanos”.

EFE

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abril 20 de 2018 - 08:42 p.m.
2018-04-20

Tal vez es hora de que todos aprendamos a amar a los robots, al igual que muchos asiáticos. En Occidente, los robots tienen una terrible reputación. Nos preocupamos no sólo de que puedan usurpar nuestros trabajos, sino también de que se dediquen a aniquilar a toda la humanidad, todo debido a que hemos crecido en una era con demasiadas películas como Terminator y con temores de una superinteligencia malvada.

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En Asia, sin embargo, es una historia diferente. Los robots son mucho más populares en Japón, Corea del Sur y China donde son más comúnmente utilizados.

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En contraste con el análisis económico de muchos grupos de expertos occidentales sobre la inminente amenaza del desempleo inducido por la tecnología, el Banco Asiático de Desarrollo (BAD) publicó un informe la semana pasada argumentando que el surgimiento de los robots estaba creando trabajos en lugar de destruirlos.

El análisis del BAD de 12 economías asiáticas en desarrollo entre 2005 y 2015 encontró que la creciente demanda había compensado con creces los empleos perdidos por la automatización. La adopción de nuevas tecnologías, como herramientas de máquina y sistemas informáticos modernos en fábricas y oficinas, había estimulado una mayor productividad y un mayor crecimiento económico. Esa transformación, estimó, había creado 134 millones de nuevos puestos de trabajo, en comparación con los 101 millones de empleos perdidos debido al auge de la tecnología.

Por qué existe un contraste tan marcado entre Asia y Occidente sobre cómo vemos nuestros futuros tecnológicos es una pregunta interesante. Suscitó algunas respuestas intrigantes de un grupo de roboticistas japoneses en un reciente viaje a Tokio.

Un comentarista explicó que generaciones de niños japoneses habían sido criados para pensar en los robots como héroes útiles. Consideremos a Astro Boy, una popular serie de comics que ha vendido 100 millones de copias en todo el mundo. Astro Boy cuenta la historia de un robot humanoide creado por Umataro Tenma para reemplazar a su hijo perdido.

Ayudado por siete superpoderes, incluyendo una ametralladora retractable en su cadera, Astro Boy lucha contra el mal y la injusticia. O sólo hay que visitar el museo de ciencia e innovación Miraikan en Tokio y encontrarás a niños japoneses hipnotizados por el robot Asimo que juega fútbol.

Masatoshi Ishikawa, un profesor de robótica en la universidad de Tokio, tiene una teoría alternativa. Él sugiere que la creencia religiosa es muy influyente. Mientras que las religiones monoteístas de Occidente no pueden atribuirle a un cuerpo no orgánico inteligencia alguna, a las religiones espiritualistas orientales les resulta más fácil creer que los robots pueden tener su propio espíritu.

“La mente religiosa japonesa puede aceptar fácilmente una existencia robótica”, dice. “Los vemos como amigos y creemos que pueden ayudar a los humanos”.

Para Ishikawa hay dos tipos de robots: los que hacen el trabajo de los humanos y los que mejoran su rendimiento. Escuchamos demasiado sobre el primer tipo y muy poco sobre el segundo. Como los especialistas en robótica nunca se cansan de decir, sus creaciones pueden ayudar a los seres humanos a lidiar con las tres tareas menos deseadas: manuales, aburridas y peligrosas.

Los países que tienen la adopción más alta de robots tienen algunas de las tasas más bajas de desempleo. Esto apoya el fuerte argumento económico para el creciente uso de robots en gran parte de Asia. Están ayudando a abordar un aprieto demográfico agudo a medida que las sociedades envejecen rápidamente. Algunas sociedades asiáticas prefieren a los robots a los inmigrantes para complementar su fuerza de trabajo cada vez menor.

Eso implica que los robots se trasladarán de las fábricas hacia los hogares y hospitales cada vez más, donde necesitarán diferentes capacidades. El campo de estudio de la interacción humano-robot está en auge en todo el mundo.

Kaname Hayashi, fundador y director Ejecutivo de GrooveX, considera que se necesita una tercera generación de robots que combine hardware y software para producir robots humanoides con conciencia emocional.

Hayashi, quien ayudó a desarrollar a Pepper –el robot humanoide diseñado para leer emociones– cuando trabajaba en SoftBank, ahora está creando un robot conocido como LOVOT (una contracción de amor y robot) en su empresa startup. Su lema es: “LOVOT te hace reír y te hace feliz. LOVOT conmueve tu corazón”.

“Queremos construir relaciones entre humanos y máquinas en las que podamos confiar”, dice Hayashi.

Terah Lyons, directora Ejecutiva de Partnership on Artificial Intelligence, un consorcio de tecnología que incluye a miembros estadounidenses y asiáticos, contrasta el entusiasmo con el que la sociedad japonesa está adoptando la automatización con el ‘pánico generalizado’ que se está extendiendo a través de Estados Unidos.

“La tecnología no es el destino”, dice ella. Mucho depende de la cultura política y empresarial.

Tenemos el poder de crear los resultados, y las narrativas, que queremos. Las sociedades deben usar las tecnologías para cumplir con sus propios fines y decirles a los robots lo que deben de hacer.


John Thornhill

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