Colombia: ni el país más educado,  ni el más innovador

Es difícil pensar en una nación que hace apuestas de futuro basado en materias primas con escaso valor agregado.

Innovación

Este tipo de programas funciona en la medida en que converjan intereses distintos hacia la generación de bienestar social.

Archivo Portafolio

POR:
Portafolio
mayo 18 de 2017 - 04:12 p.m.
2017-05-18

Pensar en una paz estable y duradera sin proyectar condiciones económicas necesarias para generar bienestar social progresivo resulta ingenuo. Ante períodos de ajuste y re-estructuración fiscal, es importante concentrar experticia y fuerza de diferentes actores para dar respuesta a los grandes retos que tiene hoy el país y a su apuesta de futuro.

(Lea: La importancia de la innovación para la productividad y competitividad en las regiones

Concentrar esfuerzos en sectores productivos basados en conocimiento que generen innovación radical e incremental, es el camino que han tomado los países más exitosos en su desarrollo social y económico. En comparación, nuestra economía sigue dependiendo en gran medida de la explotación y exportación de recursos naturales brutos, sin ningún valor agregado, lo que nos hace fuertemente vulnerables a las fluctuaciones del mercado internacional. Vale la pena cuestionar en momentos de transformación social y económica, si el paradigma de crecimiento y desarrollo que hemos seguido es el más adecuado.

(Lea: Innovar se volvió una estrategia obligatoria

Tener una visión de Estado, con políticas articuladas y coherentes a largo plazo que permitan tener un modelo de desarrollo basado en el conocimiento como fuente inagotable de riqueza, es una condición necesaria para cambiar la inercia de desarrollo que ha tenido el país. Indicadores como la inversión en I+D como porcentaje del PIB, determinan una clara voluntad política y una apuesta de crecimiento económico y social basado en ciencia, tecnología e innovación para solucionar problemas prioritarios y para generar mayor competitividad en el mercado.

(Lea: ¿Cómo está Colombia en innovación? Una tendencia en crecimiento a nivel mundial

Valga la pena decir, que ya desde 1993 en el documento insigne construido por la comisión de sabios convocada por el entonces presidente César Gaviria, “Colombia al Filo de la Oportunidad”, se estimaba que frente al gran rezago del país comparado con la región y con el mundo, se debía llegar a invertir en investigación y desarrollo un 1% en 1998 y un 2% en el año 2000 como porcentaje del PIB. Subsecuentemente se ha venido aplazando la meta del 1% en diferentes documentos de política, estando en el 2016 en el insuficiente 0.27% de inversión en I+D como porcentaje del PIB. Este es un claro reflejo de un país que no sale del corto plazo y del círculo vicioso de responder a necesidades básicas insatisfechas, sin tener una apuesta de futuro que genere mayor bienestar social.

Estos planteamientos fueron reforzados en el Foro sobre financiación de la ciencia, tecnología e innovación (CTeI) en Colombia como condición fundamental para construir una economía basada en el conocimiento, que realizó la Universidad del Rosario el pasado 2 de mayo. Ese mismo día, en el Congreso de la República se estaba presentando el proyecto de acto legislativo para modificar el sistema general de regalías, en el que se pide trasladar 1.3 billones de pesos del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación (FCTI) para la construcción de vías terciarias, para las que ni siquiera existe un plan de desarrollo definido, ni un diagnóstico de necesidades específicas y prioridades de implementación.

Y es que la (des)financiación de la ciencia no solamente proviene del FCTI, tiene su expresión en fondos de destinación especial como el Fondo de Investigación en Salud (FIS), el Fondo Francisco José de Caldas, y el mismo presupuesto de Colciencias. En ese encuentro Jaime Restrepo Cuartas, actual rector de la Universidad de Santander y ex director de Colciencias, expresó con alarma cómo el presupuesto de Colciencias ha venido recortándose casi a la mitad de lo que tenía en 2014. Esto es una clara muestra de una nula voluntad política en la que la llamada locomotora de la innovación se quedó sin combustible en el primer kilómetro.

Y no es que no existan formas para financiar la ciencia, o que no existan proyectos suficientemente buenos para ejecutar recursos, lo que preocupa es la improvisación y las “ocurrencias” de los mandatarios de turno, como bien lo expresara Moisés Wasserman.
Figuras como fiducias institucionales de destinación específica, fondos sectoriales para CTI compartidos con universidades y centros de investigación, aportes del SENA, ICBF o cajas de compensación familiar, pueden ser algunas de las alternativas para invertir en el presente y futuro de un país con recurso humano calificado capaz de sembrar y construir futuro.

Estrategias regionales con participación de actores privados, públicos y académicos parece ser la ruta adecuada para “construir nación desde el territorio y territorio desde la nación”, como lo indica Hernán Jaramillo, experto en desarrollo de políticas de CTI y profesor del Rosario. Parecen plausibles iniciativas como las de Especialización Inteligente desarrolladas por la Cámara de Comercio de Bogotá y Connect Bogotá, en donde con construcción participativa de la ciudadanía, universidades, empresas y gobiernos se han concretado 15 iniciativas clúster en cinco ejes estratégicos.

Este tipo de programas funciona en la medida en que converjan intereses distintos hacia la generación de bienestar social. También funcionan, si existen líderes políticos comprometidos que impulsen este tipo de iniciativas desde los diferentes entes territoriales y alfabeticen a un sector político apático sumido en un paradigma de desarrollo social de comienzo de siglo XX.

Colombia podría llegar a ser el país más educado y más innovador, ojalá no solamente de la región, pero esto demanda una apuesta de país globalizado y no pauperizado, donde se supere la ausencia de estímulos de financiación a la ciencia, tecnología e innovación sostenidos, se favorezca la formación de emprendimientos de base tecnológica, donde exista infraestructura competitiva, y donde se perciba al conocimiento como el más valioso motor de desarrollo.

Diana Carolina Velasco,
directora de la Dirección de Investigación e Innovación
de la Universidad del Rosario.

Siga bajando para encontrar más contenido