$81 paga dueño de ‘bomba’ en Venezuela

Escasez de alimentos, parálisis del comercio, incertidumbre y miedo es lo que se vive en las poblaciones de San Antonio y Ureña del Estado venezolano de Táchira, fronterizo con Colombia.

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febrero 28 de 2014 - 04:01 a.m.
2014-02-28

Las protestas en el centro de Venezuela y en la capital del Estado, San Cristóbal, han provocado que ya no se puedan encontrar productos como harina, arroz, azúcar, aceite, pollo, mantequilla o leche en las tiendas y supermercados.

“El comercio está totalmente paralizado porque ya casi no se consiguen artículos. La escasez es en todo el país, y para la zona se ha restringido bastante”, afirma Indover Sayago, de la cámara de comercio de San Antonio.

SIN CLIENTES

Pero este no es el único problema: comerciantes de la zona aseguraron que el 90 por ciento de sus clientes, los colombianos, no está atravesando la línea fronteriza para adquirir mercancías porque la guardia venezolana está confiscando hasta lo más mínimo, por los cierres temporales de los comercios a cualquier hora del día, la violencia de las manifestaciones o porque en cualquier momento se ordene el cierre de la frontera.

Pero los comerciantes siguen abriendo sus negocios con la esperanza de vender lo poco que queda de existencias. “Hace 15 días que no llegan productos”, asegura uno de ellos mostrando cómo la mercancía empieza a escasear. “Ya los estantes y el inventario están en solo un 40 por ciento”, agrega.

Además, las ganancias son ínfimas, debido al estricto control de precios del Gobierno venezolano.

Ese mismo comerciante, factura en mano, hizo las cuentas para Portafolio: un tarro de mayonesa de 400 gramos le llega a su establecimiento en 836 pesos y lo tiene que vender en 900 pesos, con una ganancia del 7 por ciento, y en algunos productos “el margen de ganancia es de solo el 1 por ciento”, cuenta.

Si no venden al precio del Gobierno se ven expuestos a ser encarcelados por usura. Un comerciante que vende artículos de aseo personal explica que es difícil conseguir los dólares que provee el Gobierno por el control de cambios, entonces tienen que comprarlos en el mercado negro, y por ende, subirles el precio a los artículos, “y después viene el Gobierno y lo acusa de usurero. Algunos para no perder se llevaron la mercancía para la casa y allá les llegaron y los encarcelaron que por acaparadores”.

En las casas de cambio la situación tampoco es diferente; en una de ellas de negociar cerca de 3.000 millones de bolívares diariamente hace solo tres semanas, ahora solo llegan a 1.500 explica uno de ellos.

Con un sueldo mínimo de unos 100.000 pesos, la mayoría de la gente tiene que dedicarse al rebusque y la informalidad en esta época de escasez.

Comprar lo poco que se encuentra en Venezuela para venderlo en Cúcuta y así ganar para comprar los alimentos en esa ciudad, principalmente verduras y frutas, a expensas de pagar hasta un 1.000 por ciento de más por producto.

La paradoja para cualquiera que no conozca la dinámica de la zona es que es imposible conseguir en arriendo, y menos para la venta, locales comerciales en alguna de estas dos poblaciones.

En estas épocas de incertidumbre, la gente prefiere mantenerlos cerrados, confiada en que, como casi siempre ha sucedido, la situación mejore y en unos pocos meses se recupere lo que dejó de ganarse o se perdió.

EL ORDEN PÚBLICO

A pesar de ser el Estado opositor por excelencia en Venezuela, la gente en el Táchira vive temerosa. Se vive a punta de rumores y murmullos. Nadie quiere hablar en voz alta ni quiere ser identificado.

Un ejemplo sucedió con las protestas del martes entre Ureña y San Antonio, las cuales mantuvieron todo el día bloqueada esa vía.

El alcalde de la primera localidad, Alejandro García, afirmó que ese día en la noche llegaron en sus motos los popularmente conocidos ‘Tupamaros’ (Movimiento Revolucionario Tupac Amaru), colectivos armados del Gobierno, a disolver la protesta.

Sin embargo, la mayoría de los habitantes de la población sostiene que fueron los ‘Paracos’ los que ordenaron disolverla y no volver a repetirla, so pena de enfrentar la muerte.

Lo cierto es que las protestas en ese punto no se volvieron a repetir.

LOS ATROPELLOS DE LA AUTORIDAD VENEZOLANA

‘Portafolio’ fue testigo cuando en un bus de servicio público de Ureña a Cúcuta, un ‘boina roja’ llevado por el gobierno la semana pasada al estado Táchira para controlar el orden público en la región, le decomisó un kilo de carne, uno de arroz y un queso a un habitante de Cúcuta, mientras le decía que los 'paracos' de los colombianos eran los que tenían a Venezuela en problemas; otro ‘boina roja’ le quitó a otra persona una crema dental y sin ninguna vergüenza la guardó en su bolsillo.

EL ESTADO TAMBIÉN SUBSIDIA EL TRANSPORTE DEL COMBUSTIBLE

Los 40.000 litros de combustible de un camión cisterna le salen a un dueño de una estación de servicio al simbólico precio de 81 pesos, y a esos alrededor de 10.000 galones, el dueño de la gasolinera les gana unos 40.000 pesos, con lo cual se pueden comprar unos 8 kilos de carne en Venezuela. Mientras tanto, un consumidor normal paga un centavo de dólar el litro (alrededor de 20 pesos) en una estación de servicio.

El negocio para el distribuidor no está en la venta del combustible ,sino en el transporte, el cual subsidia el Gobierno venezolano pagando 160.000 pesos desde El Vigía (en el vecino estado de Merida) hasta San Antonio.

“Por esto la mayoría de dueños de estaciones de servicio tiene sus propios camiones para transportar el combustible”, afirma un dueño de una estación de servicio.

O el Estado transporta el combustible totalmente gratis.

Se calcula que los subsidios del Gobierno a la gasolina le cuestan unos 12.500 millones de dólares al año.

Pedro Vargas Núñez

Frontera colombo-venezolana

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