Adiós Tío Sam, hola Tío Donald

La administración de Trump está socavando algunas de las alianzas más cercanas de EE. UU.

Trump en China

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, realizó su primera visita oficial, desde su posesión, a China.

Reuters

POR:
financial times
diciembre 08 de 2017 - 05:31 p.m.
2017-12-08

En todo el mundo hay países que dependen de la protección y el liderazgo de EE. UU., pero el confiable viejo Tío Sam parece haberse ido de vacaciones y su malicioso gemelo, el Tío Donald, se ha instalado en la Casa Blanca. El resultado es confusión e introspección entre algunos de los aliados más cercanos del país.

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Tres naciones – Gran Bretaña, Australia y Japón – ejemplifican el problema. Los tres se enorgullecen de sus estrechas relaciones con EE. UU. Los tres están dirigidos actualmente por gobiernos de centroderecha que normalmente tendrían buenas relaciones con un republicano.

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Y, sin embargo, las tres naciones han visto cómo sus primeros ministros han sido humillados o puestos en situaciones terriblemente incómodas por Trump. El ejemplo más reciente es la decisión del presidente estadounidense de retuitear vídeos anti-musulmanes de un grupo de extrema derecha en Gran Bretaña. El resultado ha sido una disputa indecorosa y totalmente innecesaria entre el Presidente de EE. UU. y la primera ministra británica.

La tan diferida ‘visita de estado’ de Trump a Gran Bretaña ahora se está postergando a un futuro oscuro y lejano. Theresa May simplemente está pasando por el tipo de encuentro contundente ya experimentado por Malcolm Turnbull, el primer ministro australiano. Su primera llamada telefónica con Trump degeneró en una disputa después de que Turnbull le pidiera al presidente que respetara un acuerdo entre EE. UU. y Australia sobre el reasentamiento de refugiados.

Shinzo Abe, el primer ministro japonés, ha evitado hábilmente los vergonzosos enfrentamientos con Trump. Pero ninguna cantidad de bonhomía en el campo de golf puede disfrazar el hecho de que la elección de Trump condujo a una calamidad para el Gobierno nipón. En su primer día en el cargo, el mandatario repudió el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), un acuerdo de comercio multinacional que Abe había convertido en la pieza central de sus políticas económicas y de seguridad.

A pesar de estos humillantes rechazos, los gobiernos británico, australiano y japonés han rechinado los dientes y han intentado congraciarse con el Tío Donald. Los tres enfrentan desafíos por los que se encuentran más ansiosos que nunca de aferrarse a EE. UU. El ascenso de China ha hecho que tanto Japón como Australia estén decididos a reforzar la presencia estadounidense en el Pacífico. Gran Bretaña está luchando con el Brexit y sueña con un nuevo acuerdo comercial con los norteamericanos.

La dependencia en EE. UU. también está profundamente arraigada en las políticas exteriores y de seguridad de las tres naciones. De modo que todos se aferran a la esperanza de que los asesores del Tío Donald mantengan a EEUU en curso, hasta que reaparezca el confiable viejo Tío Sam.

Las dóciles actitudes de Gran Bretaña, Japón y Australia podrían llevar a Trump a concluir que dosificar humillación ocasional a los aliados cercanos es un ejercicio sin consecuencias. Pero eso sería excesivamente complaciente y mal aconsejado. Mientras que la política oficial permanece inalterada, Gran Bretaña, Japón y Australia están teniendo debates públicos sobre su relación con EE. UU. que ponen en manifiesto la posibilidad de cambios radicales en el futuro.

El Gobierno de Turnbull acaba de emitir un libro blanco que afirma que “Australia continuará apoyando firmemente el liderazgo global de EE. UU.”. Pero algunos australianos prominentes argumentan que basar la política exterior de su nación en una alianza con ese país no es una opción sostenible a largo plazo.

Hugh White, un exalto funcionario que ahora es académico, siempre ha argumentado que China desplazará a EE. UU. como potencia dominante en el Pacífico. Además, cree que la elección de Trump es un “masivo golpe adicional” a esta dependencia.

La crisis de Corea del Norte podría causar que las dudas sobre Trump se desencadenen. Turnbull ha dicho que Australia se uniría a una guerra en la península de Corea “si hay un ataque en contra de EEUU”. Pero los funcionarios advierten que la situación sería muy diferente si una guerra en Corea se iniciara por un ataque preventivo. En ese caso, Australia no pelearía junto a su aliado, rompiendo con el precedente de dos guerras mundiales, Corea, Vietnam e Irak.

La crisis coreana y la naturaleza errática de la administración Trump también están causando un examen de conciencia en Japón. Abe sigue decidido a acoger a los estadounidenses, pero sólo el 24% de los japoneses dicen que confían en que Trump “haría lo correcto” en los asuntos mundiales, en comparación con el 78% que confiaba en el expresidente Barack Obama.

La caída en estos niveles de fe en el liderazgo de EE. UU. significa que ideas que hasta ahora eran tabú están entrando en el debate público en Japón, con la izquierda presionando para un acercamiento con China, y la derecha abogando por un rearme más rápido.

Las opciones para Gran Bretaña parecen incluso peores que las de Japón, porque el Reino Unido está obligado a sus históricas relaciones en materia de inteligencia y armas nucleares. Pero el Brexit ha demostrado que el público británico está dispuesto a considerar cambios que parecen inconcebibles para los políticos.

Jeremy Corbyn, el líder del Partido Laborista, tiene un largo historial de antiamericanismo, y ahora puede encontrar al público británico mucho más en sintonía con su profunda sospecha de Washington.

Dado su desprecio por los aliados de EE. UU., Trump probablemente no se preocupe demasiado por las opiniones del Reino Unido, Japón y Australia. Pero la red de alianzas del país – como el tratado de seguridad entre EE. UU. y Japón, la OTAN y el tratado de Anzus – son cimientos del poder de EE. UU.

Si se permite que esas alianzas se derrumben, el poder global de EE. UU. se derrumbaría con ellas.

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