Apologistas de Trump no tienen dónde esconderse

Los republicanos no pueden repudiar las acciones del presidente sin condenarse a sí mismos.

Donald Trump

Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

AFP

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agosto 18 de 2017 - 08:27 p.m.
2017-08-18

¿Quién representa la amenaza más realista a la república estadounidense: Kim Jong Un o Donald Trump? En teoría, es obviamente Kim. Sin embargo, la democracia estadounidense está en la mira de Trump.

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Al darles cobertura a los neonazis domésticos, el comandante en jefe de EE.UU. está aceptando la ideología más letal de la historia.

El hecho de que el presidente de EE.UU. no lo entienda — o, peor aún, que lo entienda pero que no le importe — es una cuestión académica.

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El Ku Klux Klan y sus compañeros apenas pueden creer su suerte. Trump es Trump. La pregunta es qué planea hacer el Partido Republicano sobre las acciones del presidente.

Parece que el liderazgo del partido favorece implícitamente la eliminación de Trump. “La supremacía blanca es repulsiva”, tuiteó Paul Ryan, el presidente republicano de la Cámara de Representantes.

Ryan era un enemigo implacable de casi todas las políticas de Barack Obama. Sin embargo, nunca llegó a acusar a Obama de apoyar las fuerzas del odio.

Podemos concluir, por lo tanto, que  Ryan cree que Trump no es apto para ocupar el cargo más alto en el país. Lo mismo ocurre cuando se les pregunta en privado a la mayoría de los republicanos elegidos. ¿Pero actuarán de acuerdo con ese juicio?

La respuesta inquietante es todavía no. Con algunas honorables excepciones, como John McCain, el senador de Arizona, los republicanos no están listos para enfrentarse al presidente. Incluso Ryan, cuya condena de la supremacía blanca fue inequívoca, se abstuvo de criticar directamente a Trump.

Otros se apresuraron a defenderlo. “El Presidente Trump una vez más denunció el odio hoy”, tuiteó Kayleigh McEnany, portavoz del Comité Nacional Republicano. “¡El GOP apoya su mensaje de amor e inclusión!”.

Al parecer, el mensaje era que, al condenar equitativamente a la “extrema derecha” y la “extrema izquierda”, Trump estaba defendiendo los valores de EE.UU.

Aparte de algunas malas personas, la extrema derecha incluye algunas “personas muy buenas”, dijo el presidente.

Los republicanos están paralizados por dos razones. En primer lugar, no pueden repudiar las acciones del presidente sin condenarse a sí mismos.

Su victoria fue el resultado lógico de la “estrategia del sur” del partido, que data de finales de la década de 1960. El objetivo ha sido atraer a los blancos del sur del Partido Demócrata. Lo han logrado usando un “silbato del perro” sutil en lugar de un megáfono. Además, de una forma u otra, la mayoría de los estados republicanos están reformando sus sistemas de registro de votantes.

El hecho de que tales leyes reduzcan de manera desproporcionada el electorado no blanco es un subproducto accidental de una represión que no toma en cuenta la raza de los votantes.

Aun sin evidencia de fraude electoral, la supresión de votantes se puede negar plausiblemente.

A través de los años, se ha aplicado ese mismo enfoque — que no fue concebido con fines discriminatorios — a varias guerras contra el crimen, las drogas y el fraude del sistema de prestaciones sociales.

Trump simplemente ha expresado ese enfoque abiertamente. Él es el Frankenstein del partido republicano. La era de la negación plausible se ha terminado.

El segundo problema de los republicanos es el miedo.

Debido a la manipulación de los distritos electorales conocida como “gerrymandering”, la mayoría de los republicanos — y demócratas — son más vulnerables a un desafío dentro de sus filas que a una derrota por parte del partido opositor.

Como dice el refrán, los políticos estadounidenses eligen a sus votantes, y no al revés. Desafortunadamente, esto le otorga el voto decisivo a los partidarios más comprometidos de cada partido.

Aunque el índice de popularidad de Trump es el más bajo en la historia de la presidencia, aún cuenta con el apoyo de la mayoría de los votantes republicanos.

Cualquier republicano elegido que se oponga a Trump puede estar seguro que será el blanco de represalias despiadadas. Hay pocos políticos que buscarían ser difamados por su propio partido.

¿Cómo terminará todo esto? La respuesta realista es que los republicanos se esconderán debajo de una piedra hasta que sufran una derrota en las elecciones de mitad de término el próximo año. Pero esta derrota no está asegurada. Y aunque sucediera, tendría que ser decisiva para revertir las profundas fuerzas divisorias en EE.UU. Trump probablemente cumplirá con su mandato.

La respuesta más preocupante es que la democracia estadounidense se dirige hacia una especie de ruptura civil.

Después de la violencia en Charlottesville el pasado fin de semana, muchos grupos de activistas están tratando de remover estatuas de figuras de la Confederación en todo el sur.

Fue la oposición a la remoción de una estatua de Robert E. Lee, el principal general de la Confederación, que atrajo a tantos supremacistas blancos a Charlottesville. Cada nuevo enfrentamiento le ofrecerá una oportunidad irresistible a la extrema derecha para promover su ideología.

En cuanto a Trump, su ignominia histórica está asegurada. Un grupo en Charlottesville representaba la intolerancia racial. El otro se opuso. Trump decidió ser neutral. Al hacerlo, ha resucitado a los peores demonios del pasado de EE.UU.

Edward Luce
Columnista del Financial Times.

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