Un ataque terrorista que marcó la historia de EE. UU.

El 11 de septiembre de 2001 murieron 2.753 personas entre ellos 343 bomberos y 60 oficiales de policía.

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septiembre 03 de 2011 - 01:56 a.m.
2011-09-03

 

El horror desatado en Nueva York y Washington por aquellos atentados del 11 de septiembre del 2001, que dejaron más de 3.000 muertos, traumatizó al público y desató una “guerra contra el terror” que puso a prueba al sistema legal de Estados Unidos, envió a soldados de ese país a morir en tierras musulmanas y a la larga afectó el poder global de esta nación.

En los angustiosos días de luto por los atentados, la frase “todo ha cambiado” parecía estar en boca de todos en un país unido por el horror y que luego fue a la guerra, en primer lugar, contra la guarida afgana de Bin Laden.

Una década después, casi 100.000 efectivos norteamericanos permanecen en Afganistán y cerca de 7.500 soldados estadounidenses y aliados han muerto allí y en Irak, en guerras financiadas por créditos que dejaron a EE. UU. con las cuentas en rojo.

¿Se puede entonces decir que Bin Laden –pese a que fue eliminado el 2 de mayo por un comando Seal de la marina– ganó el pulso contra Estados Unidos?

El 10 de septiembre del 2001 la única superpotencia del mundo disfrutaba de un liderazgo incuestionable, llena de dinero y con un crecimiento económico que ahora luce como una alejada época de oro.

“Bin Laden sí obtuvo una gran victoria”, dijo Julian Zelizer, un historiador político de la Universidad de Princeton.

“Simplemente como una acción terrorista pura, como pura acción criminal, fue un éxito. Realmente reveló millones de agujeros en la seguridad nacional del país, fue psicológicamente devastador para la nación y devastador en costos humanos”.

EL IMPACTO

El temor que se observó en el rostro del entonces presidente George W. Bush cuando se enteró de los ataques mientras se encontraba en una escuela de Florida reflejó el profundo trauma en el que había caído el país.

Algunos analistas creen que la veloz declaración de guerra global al terrorismo generó consecuencias que causaron más daño a Estados Unidos que los propios atentados.

“Hubo un momento, causado por el estrés postraumático nacional, que llevó (...) a una respuesta equivocada de la administración Bush”, dijo David Rothkopf, del Carnegie Endowment for International Peace. “El pánico, la reacción exagerada y el comprometer nuestros valores (...) causó más daño que el propio Bin Laden”.

TERRENO PANTANOSO

En un catártico discurso al Congreso, Bush dijo que ningún terrorista jamás volvería a estar seguro en ningún lugar, una promesa que sirvió de apoyo a una denominada doctrina de guerra preventiva.

El resultado: diez años en Afganistán, una invasión a Irak justificada por armas de destrucción masiva que nunca fueron halladas y que alejó a Washington de sus aliados, además de abusos contra prisioneros en Abu Ghraib que mancharon la imagen de EE. UU. en el exterior.

Duros interrogatorios contra sospechosos de terrorismo –tortura para los críticos– dañaron la credibilidad de la constitución estadounidense.

El sistema político sigue aún convulsionado sobre cómo tratar a los “combatientes enemigos”, mientras los sospechosos languidecen en la prisión de Guantánamo (Cuba).

Billones de dólares en guerras sin financiación dejaron a EE. UU. debilitado cuando estalló la burbuja inmobiliaria y disparó la peor recesión desde la Gran Depresión.

Sin embargo, los sueños de Bin Laden de lanzar una guerra santa internacional no lograron materializarse.

OTRAS AMENAZAS LATENTES

La mayor amenaza para el dominio global de EE. UU. no estaría en Bin Laden, sino más bien en tendencias de largo plazo preexistentes al líder de Al Qaida.

“El 9/11 es un incidente importante (... pero) no es causal de ninguno de los grandes cambios en la geopolítica ni en la geoeconomía”, según Rothkopf.

De hecho, el surgimiento económico, diplomático y estratégico de China, India y Brasil podría hacer menguar el poder de Estados Unidos a nivel global más de lo que lo hizo Bin Laden.

El predominio occidental también se ve amenazado por los crecientes déficits y el envejecimiento poblacional, en una década marcada por recesiones y alto desempleo.

EL WTC 1, EL EDIFICIO QUE RENACE DE LAS CENIZAS

La nueva construcción será la más alta de Estados Unidos cuando sea terminada en el año 2013.

Polémicas rodearon la reconstrucción del nuevo World Trade Center (WTC), el lugar donde estaban ubicadas las torres gemelas, en el bajo Manhattan en Nueva York.

El magnate Donald Trump se ofreció a construir unos edificios similares a las torres gemelas, pero más altas.

Finalmente, para la torre principal, llamado oficialmente World Trade Center 1, pero conocido ya por los neoyorquinos como Torre de la Libertad, se escogió el diseño del arquitecto Daniel Libeskind revisado por David Childs.

Esta torre tendrá 541 metros de altura, que convertido en pies, medida oficial en Estados Unidos, llega a los 1.776, que conmemoran la fecha de la independencia del país.

A la fecha, el edificio cuenta ya con 80 de los 104 pisos y tendrá un costo final de 2.000 millones de dólares.

Además, su azotea estará situada a 417 metros de altitud, la altura exacta de las antiguas Torres Gemelas.

Cuando se complete su construcción, programada incialmente para conmemorar el décimo aniversario de los ataques, pero finalmente aplazada para el 2013, será el edificio más alto de Estados Unidos y uno de los más altos del mundo. También se programó la construcción de otras tres torres de entre 58 y 70 pisos para completar el nuevo WTC.

ESTRÉS POST-TRAUMÁTICO

Las cifras oficiales de la ciudad de Nueva York muestran que al menos 10.000 bomberos, policías y civiles expuestos a los ataques terroristas han experimentado estrés

postraumático, la secuela psicológica más común que dejó el 11 de septiembre. Extrapolando estos números, el Departamento de Salud de Nueva York estima que 61.000 de las 409.000 personas que estaban en el área donde tuvo lugar la tragedia “probablemente” experimentaron síntomas de estrés postraumático en los seis años posteriores a los ataques.

De su lado, la revista ‘American Psychologist’, en una investigación sobre el 11 de septiembre, afirma que “la evidencia recogida apoya la conclusión de que la carga de este síntoma en las personas expuestas al 11 de septiembre ha sido sustancial y duradera”.

UNA HORA Y 40 MINUTOS DE PESADILLA

La vida para los estadounidenses y su país cambió de un solo tajo en la mañana del martes 11 de septiembre del 2001.

Esa mañana de otoño, a las 8:47, un avión de la aerolínea American que había despegado desde Boston e iba hacía Los Ángeles se estrelló contra la torre norte del World Trade Center (WTC) en Nueva York.

No se sabía si había sido un mero accidente o un atentado terrorista.La duda se disipó exactamente 15 minutos después, cuando las cámaras de las principales cadenas de televisión estadounidenses transmiten en vivo un avión de la aerolínea United que impactó la segunda de la Torres Gemelas.

Ya no habían dudas de que se trataba de un ataque terrorista contra el corazón del mundo financiero mundial.

Las escenas de horror comenzaron a ser vistas a nivel global. Policías, bomberos y autoridades civiles se movilizaron para inicar los rescates de las víctimas, mientras las agencias de seguridad actuaron masivamente para comenzar las investigaciones del mayor atentado terrorista de la historia en suelo estadounidense.

Pero lo peor estaba por venir, a las 9:41 de la mañana otro avión de American fue estrellado contra el símbolo del poderío militar estadounidense: el Pentágono, situado apenas un kilómetro de distancia de la Casa Blanca en Washington DC.

La situación se volvió caótica, los atentados no sólo eran en Nueva York, sino también en la misma capital de Estados Unidos.

La confusión llevó a informar que más de ocho aviones habían sido secuestrados para ser estrellados contra edificaciones.

El Gobierno obligó, por primera vez en la historia del país, a que todos los vuelos en el espacio áereo debían aterrizar.

Sólo nueve minutos después ocurrió lo impensable, la torre sur, que había sido impactada una hora y 48 minutos antes, se derrumbó como un castillo de naipes ante los ojos de todo el mundo.

Esas imágenes rondaban cuando se conoció que otra aeronave, el vuelo 93 de United, que volaba desde el aeropuerto internacional de Newark en Nueva Jersey hacia Los Ángeles, se estrelló en el estado de Pensilvania a las 10 de la mañana. Más tarde se sabría que los pasajeros, al saber de la suerte de los otros aviones, lucharon con los terroristas por tomar el control y los últimos prefirieron estrellarlo.

La confusión, el estupor y el dolor no cesaban cuando a las 10:28 la torre norte del World Trade Center también colapsó, dejando a Manhattan envuelta en una nube de polvo.

La tarde de ese mismo día, el edificio número 7 del mismo complejo también se derrumbó terminando un día de horror que dejó 2.977 víctimas, pero que cambió la geopolítica para siempre y causó las guerras de Afganistán y la de Irak, las cuales todavía se libran, y marcaron la presidencia de George Bush II.

Mientras tanto, los estadounidenses del común se unieron en su dolor para consolarse unos a otros y tratar de explicarse el porqué de los atentados.

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