Avalancha de refugiados pone en jaque a Europa

Según algunos expertos, el problema de la migración a Europa apenas comienza.

Cientos de personas avanzan por una autopista húngara a las afueras de Budapest, en dirección a Austria.

Archivo particular

Cientos de personas avanzan por una autopista húngara a las afueras de Budapest, en dirección a Austria.

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septiembre 06 de 2015 - 07:21 p.m.
2015-09-06

Tres días antes de que el cuerpo sin vida del niño sirio Aylan Kurdi, de 3 años, apareciera en una playa de Turquía y que la imagen le diera la vuelta al mundo como símbolo de una tragedia que se vive desde hace ya demasiados meses, la canciller Ángela Merkel esbozó el plan con que el ‘núcleo duro’ de la U. Europea planea enfrentar la gran crisis humanitaria que vive por la llegada simultánea de miles de seres humanos procedentes de Siria, Irak y África, y que ven al Viejo Continente como su tabla de salvación.

“Señoras y señores –dijo Merkel–, mientras que nosotros gozamos de un sistema de vida apacible, regulado y justo, suceden un número incontable de horrores incomprensibles y atrocidades descomunales que se traducen en imágenes que superan nuestra imaginación (...) una gran variedad de situaciones catastróficas que no podemos ignorar sino asumir como un nuevo e histórico reto”.

A continuación, los 400 reporteros, entre germanos y corresponsales extranjeros que asistían a la tradicional rueda de prensa de mitad de año en Berlín, constataron cómo Ángela Dorothea Merkel, la única líder que ha producido el oriente germano, acuñada en la política en la década de los 90 bajo el regazo del patriarca Helmut Kohl, había concurrido a esa conferencia para transmitir un plan.

Un plan concreto de acción no solo para los 16 Estados federados que componen el territorio de sus gobernados, sino también para todo el territorio de la Unión Europea, donde ella gobierna, de facto, y, muchas veces, por omisión.

Y es que Alemania tiene muy claro que esto apenas comienza. A la fecha, 364.000 migrantes de todo tipo han llegado hasta los territorios de España, Italia, Grecia y Malta, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). Pero los cálculos de los entes supragubernamentales estiman que, en lo que falta por transcurrir de este año convulso, unas 800.000 personas harán hasta lo imposible por acceder al llamado Viejo Mundo.

Y más aún, buena parte de ese río de seres humanos vienen con la idea fija de llegar a Alemania, país al que vislumbran como la versión contemporánea de la mítica tierra prometida.

“Alemania es rica y humanitaria”. “Alemania es poderosa y puede protegernos”. “Alemania puede ayudarnos”, se oye a diario en los albergues de los refugiados ya asentados en Berlín y demás ciudades alemanas.

“Los gritos de los neonazis no son nada en comparación con las agresiones, el hambre y el miedo de que nuestros hijos caigan despedazados en la calle a plena luz del día en Alepo”, dijo el domingo pasado a la televisión, con los ojos entrecerrados por el dolor de los recuerdos, una madre de familia también siria, hospedada provisionalmente en un refugio en la población de Heidenau en Sajonia, oriente de Alemania, donde ese fin de semana una buena cantidad de pobladores apoyaron a los neonazis y seguidores de Pegida, en su intento de bloquear el ingreso a su región de nuevos buses repletos de civiles traumatizados.

En el mencionado diálogo con la prensa, que por la gravedad de la situación se convirtió en una declaración de principios y hoja de ruta para los meses venideros, Merkel no contradijo las esperanzas de los errantes.

“La Constitución nos ordena garantizar el derecho de pedir asilo a todo perseguido político y brindar protección a todos aquellos que huyen de las guerras. Independientemente de que sean o no ciudadanos alemanes, independientemente de cómo y por qué llegan a nosotros e independientemente de las perspectivas que tengan de ser reconocidos al final de un proceso como solicitantes de asilo”.

En palabras del ministro español de Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo: el asilo “es un derecho. No estamos hablando de algo que pueda ser negociable” para los europeos.

LA INICIATIVA FRANCO-ALEMANA

En una Europa confundida y dividida ante el fenómeno de una migración masiva que parece desbordarla, y donde han predominado más los señalamientos y acusaciones mutuas que las propuestas de solución a esta emergencia, la mujer fuerte de Alemania y de Europa tiene un plan, que este fin de semana terminarán de perfilar ella y el presidente francés, Francois Hollande.

Según la Acnur, la delimitación de la ayuda cobijará a tres cuartas partes de esas 800.000 personas y deja por fuera a los migrantes y refugiados procedentes de los Balcanes y Palestina, y a los solicitantes de refugio y asilo por razones económicas procedentes del resto del mundo.

De hecho, la propia Merkel hizo énfasis en la delimitación estricta de los beneficiarios de ayuda en respuesta a una pregunta de EL TIEMPO. “Tenemos que distinguir muy bien a quién podemos ayudar. Y esas son las personas, por ejemplo, que hoy en día están huyendo de Alepo (en Siria), de una amenaza real. En cambio, sobre el tipo de población o personas que, por ejemplo, se encuentran desde hace 20 años en un campo de refugiados palestinos en Jordania, pues en ese caso tenemos que decir que entendemos que esa no es una situación de vida fácil, pero su destino no configura per se el derecho de recibir asilo”.

Pero, independientemente de lo que Francia y Alemania puedan acordar acerca de quién no puede ser beneficiario de refugio, la marea humana de gente que huye de todo tipo de desgracias no se dará por notificada pronto. Y lo más probable es que miles lo hagan cuando ya hayan puesto sus pies en suelo de la Unión Europea.

“El nudo todavía está ciego. Miles de personas esperan alcanzar las costas europeas, donde a cientos de ellas les espera la noticia de que su situación no es la que configura la ayuda del plan humanitario. Eso se da porque, sencillamente, la gente no tiene otro plan de vida que escapar de su presente. Y tardarán muchos meses, sino años, hasta que la notificación haya calado”, sostiene Otmar May, analista demográfico y voluntario en la oficina de atención a refugiados en el Senado de Berlín.

De hecho, la gran marea de solicitantes de refugio que ingresan a Europa por Grecia, España e Italia, principalmente, ya ocasionaron el fracaso del plan Dublín III, según el cual el primer país al que ingresan los refugiados tendría que ser el que tramite y decida sobre la solicitud.

“El fracaso se ha dado de facto porque varias naciones se han visto desbordadas en su capacidad administrativa, lo que ha ocasionado que los solicitantes de asilo sigan su camino al norte y centro de Europa sin esperar a lograr el primer registro”, explica Claudia Niesen, especialista demográfica contratada por el semanario Der Spiegel.

Ante esta realidad, Alemania y Francia ya tienen listo un consenso que van a exponer a los restantes miembros de la Unión en una cita este miércoles 9 de septiembre, en el marco de la Comisión Europea.

El consenso quedó sellado el viernes, en Berlín, en una misiva que ambos mandatarios redactaron a cuatro manos y enviaron a Bruselas. Se trata de una misiva en formato de memorial que contiene pautas y puntos concretos de exigencia a la Comisión Europea para que “disponga de todos los mecanismos de que dispone” para controlar, estrictamente, a sus miembros en cuanto hace al cumplimiento de las reglas del sistema conjunto de regulación europea para refugiados.

El eje francoalemán argumentó, en la carta, la necesidad de que Europa se involucre por igual en los aspectos de recepción, acomodamiento y manutención de refugiados y dejó la alternativa a los países que no quieran recibirlos de que se metan las manos al bolsillo y paguen con altas sumas de dinero su no participación en la atención de la emergencia.

Más aún: por primera vez se contemplan mecanismos de sanciones para los Estados que no cumplan con el nuevo plan, que a su vez fija, también por primera vez, el sistema de cuotas obligatorias para la distribución interna de los refugiados en Europa.

Al final de la tarde de este viernes, fragmentos textuales de esa carta ya podían ser consultados en los portales de medios como los semanarios Der Spiegel y Die Zeit, en Alemania, y el diario Le Monde, en Francia. Según una fuente del Gobierno germano, esa particularidad se debería a la intención de los remitentes de no dejar escapar ni un segundo de la sensibilización que han causado las imágenes de niños ahogados y civiles asfixiados que estremecen al mundo.

REBELIÓN EN EL ESTE DE LA UE

El recién horneado plan de exigencias y posibles sanciones estádirigido explícitamente a República Checa, Eslovaquia, Hungría y Polonia, un grupo de países que esta semana oficializó su rechazoa las cuotas obligatorias de recepción. Dicen que estas deben ser “voluntarias” y que, en cualquier caso, la solución principal al problema es el “control efectivo” de las fronteras exteriores de la UE.

Merkel ya les hizo un primer llamado a esos países: “Europa en su conjunto necesita moverse. Los Estados deben compartir la responsabilidad de los refugiados solicitantes de asilo. Si Europa fracasa en esta tarea, el vínculo con los principios básicos que sostienen la fundación de la Unión será destruido. (…) No tiene sentido que mutuamente nos insultemos. Pero lo que debe ser dicho es que la situación presente no es para nada satisfactoria. Se trata de una justa distribución de la carga que se traducirá en cuotas al interior de Europa, que naturalmente no solo deberán ser asumidas por la población sino por el sector económico en aras de la equidad”.

Se espera que, este miércoles, la Comisión Europea proponga a los países miembros el reparto de otros 120.000 refugiados de los miles que han llegado a Hungría, Grecia e Italia, que se suman a las 32.256 personas que ya se comprometieron a acoger en julio. Pero todo parece indicar que Merkel y Hollande tendrán que usar algo más que la retórica para poner la casa en orden.

Esta semana, y tras recibir una avalancha de inmigrantes de Oriente Medio, Hungría se vio desbordada y terminó por permitirles el libre tránsito hacia la frontera de Austria, que la noche del viernes tuvo que ser abierta “de forma excepcional” tras una serie de reyertas y protestas de los migrantes que amenazaban con desembocar en un estallido de serias consecuencias.

“La situación requiere de una respuesta conjunta. Es el único camino”, dijo el canciller austríaco, Sebastian Kurz. Mientras que varios de sus colegas se pronunciaban a favor de un esquema de asilo europeo común que funcione de forma solidaria entre los 28 miembros de este bloque.

Pero el problema va mucho más allá de cómo acoger a los demandantes de refugio y/o asilo legítimos, aquellos que provienen de países en guerra como Siria. Este año se han ahogado en el Mediterráneo no menos de 2.700 personas tratando de alcanzar el “sueño europeo”. La mayoría son migrantes económicos, y ese flujo no va a cesar. De hecho, se incrementa año a año.

Por eso se estudian en Europa fórmulas que ataquen el problema en el origen. Y que van desde una intervención más decidida en crisis como la de Siria hasta programas de cooperación económica reforzada que permitan mejores opciones en los países de los que más gente se ve obligada a huir del hambre y la falta de oportunidades. Claramente, no se trata de un problema coyuntural ni fácil de resolver.

No en vano, ayer Hillary Clinton, precandidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos, afirmó que “estamos ante una crisis global” y que la superpotencia del otro lado del Atlántico también “debe hacer su parte”.

PATRICIA SALAZAR FIGUEROA
BERLÍN