Brasileños, aburridos con Argentina

Los empresarios de la primera potencia suramericana buscan nuevos mercados.

Brasileños, aburridos con Argentina

EFE

Brasileños, aburridos con Argentina

Internacional
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abril 15 de 2013 - 05:32 a.m.
2013-04-15

Después de 20 años de relación con Argentina, los empresarios brasileños empiezan a hablar de un divorcio, o al menos de una pareja abierta que les permita aprovechar otras oportunidades comerciales.

Redefinir el desgastado vínculo con Argentina se volvió urgente en momentos en que Chile, Colombia, México y Perú se disponen a liberar un 90 por ciento de su comercio interno a partir de mayo, con su Alianza del Pacífico, dándole la espalda a Brasil.

El riesgo de quedar marginado del gran juego de los nuevos flujos del intercambio internacional aumenta con la decisión de Estados Unidos y la Unión Europea de comenzar a negociar en junio la mayor área de libre comercio del planeta.

“Desde el punto de vista empresarial, estamos en el nivel más bajo”, dijo el director de la Asociación Brasileña de la Industria Textil, Fernando Pimentel. “Las cosas con Argentina solo han empeorado y eso va aumentando el desencanto. Es mucho esfuerzo, para poco resultado”, añadió.

Brasil es socio de Argentina en el Mercosur, unión aduanera que incluye también a Paraguay, Uruguay y desde hace unos meses Venezuela. Pero muchos empresarios brasileños sienten que el bloque creado hace dos décadas para ser la versión suramericana de la Unión Europea se convirtió en camisa de fuerza.

Una alternativa, dicen, es retroceder el reloj hasta la época en que el Mercosur era apenas un área de libre comercio y sus socios estaban menos atados.

“Si no podemos divorciamos de Argentina, sería bueno al menos un acuerdo para continuar casados, pero viviendo en casas separadas”, dijo José Augusto de Castro, presidente de la Asociación Brasileña de Comercio Exterior. “Porque algo hay que hacer”.

Argentina y Brasil llevan décadas de diferencias sobre el comercio de autos, las licencias de importación o los desequilibrios cambiarios.

SAO PAULO/REUTERS