Caída de Mugabe muestra cómo podría terminar Maduro

Zimbabue le puede dar lecciones a Venezuela, otra tierra rica que fue traicionada por líderes corruptos.

Mugabe

El otrora presidente de Zimbabue, Robert Mugabe.

EFE

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diciembre 08 de 2017 - 05:31 p.m.
2017-12-08

Desde la experiencia agrícola brasileña hasta ejemplos más generales sobre juntas militares, América Latina a menudo ha proporcionado lecciones útiles para África. Últimamente, sin embargo, las instrucciones fluyen hacia otro lado, al menos cuando se trata de Venezuela.

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De hecho, el derrocamiento de Robert Mugabe en Harare puede mostrar cómo podría terminar algún día la dictadura de Nicolás Maduro en Caracas. Las similitudes son muchas, van desde lo macroeconómico hasta lo marital. Incluso Maduro reconoció tácitamente las semejanzas cuando condenó el golpe del mes pasado en Zimbabue, “este país hermano”.

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El Zanu-PF zimbabuense tiene su corolario en el partido socialista de Venezuela. Ambos regímenes son formalmente democráticos, pero tienen respaldo militar y son autoritarios. Ambos sobrevivieron al aislamiento económico más tiempo de lo esperado, soportaron enormes protestas civiles y superaron estratégicamente a los mayores partidos de la oposición.

Ambos regímenes también se mostraban como baluartes contra el imperialismo, buscando el favor de China y Rusia, mientras que las élites robaban el país.

Incluso sus primeras damas tienen mucho en común. La vengativa ‘Gucci Grace’ Mugabe tiene su contraparte en la maquiavélica Cilia Flores, o la ‘primera combatiente’ de Venezuela, como a esta política ambiciosa y nepotista le gusta que la llamen.

Pero el cambio en Zimbabue también sugiere cómo podría terminar el Gobierno de Maduro.

Primero está la importancia de perder el apoyo de una superpotencia. China negó enérgicamente cualquier papel en la caída de Mugabe. Pero un informe de inteligencia interna, revisado por Reuters, aseguró el 30 de octubre: “China y Rusia buscan el cambio. Están hartos y cansados del liderazgo de Mugabe”.

Lo mismo podría pasar en Venezuela. China tiene un interés estratégico en las vastas reservas energéticas de Venezuela, pero sólo si son extraídas del suelo. Sin embargo, la producción se está reduciendo rápidamente. Esto respalda los precios de la energía y, como el mayor importador de energía del mundo, va en contra de los intereses de China. Pekín – a quien Venezuela le debe US$20.000 millones – se ha mostrado reacia a rescatar a Caracas mucho más.

En segundo lugar está el papel clave de las personas cercanas al poder. En Zimbabue, el ímpetu para la transición provino de los corredores del poder, más que venir de la oposición olas calles. Maduro es susceptible a semejantes peligros. Por esa razón purgó a posibles rivales la semana pasada, incluyendo el embajador del país en la ONU, y colocó generales en los puestos más importantes en PDVSA, la compañía petrolera estatal.

Poner a un general, sin experiencia en el sector energético, a cargo de PDVSA es muy poco probable que ayude a aliviar los serios problemas de la compañía estatal. Del mismo modo, poner generales a controlar la economía no ha contribuido en nada a detener la hiperinflación. También envía un mensaje desagradable a los socios extranjeros.

Pero al mantener feliz al ejército, Maduro consolidó el control político y evitó posibles cismas. El llamado ‘diálogo’ con la oposición, como ocurrió este fin de semana, sólo compró más tiempo.

En tercer lugar, si el ímpetu para la transición proviene de dentro del régimen, las figuras derrocadas también necesitan una salida segura, lo cual haría la transición más rápida y menos violenta. Presuntamente, Mugabe obtuvo un pago de US$10 millones como parte de su acuerdo de salida.

Hacer lo mismo en Venezuela puede parecer moralmente repugnante, dados los abusos contra los derechos humanos y los aproximadamente US$300.000 millones que ya se han robado. Pero también puede ser un incentivo necesario para el cambio.

Generalizar exageradamente desde lo particular es un peligro. Cada país tiene su propia dinámica. Venezuela está más directamente en la mira de EE. UU. que lo que alguna vez estuvo Zimbabue. Maduro tampoco goza de la misma estatura que Mugabe tuvo alguna vez, como excombatiente de liberación.

Pero la cuarta lección puede ser la más aleccionadora. El Zanu-PF bajo el mando de Mugabe reinó durante 37 años. En Venezuela, el ‘chavismo’ ha gobernado sólo por 17. Aunque está cerca de la quiebra, al borde del impago declarado y con una población casi literalmente muerta de hambre, su tiempo en el poder podría ser mucho más prolongado.

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