Catar, la última víctima de la política de Arabia Saudí

Arabia Saudí siempre ha sido la potencia regional y no le gusta que Catar intente ser independiente. 

Catar

El emir de Catar, Tamim bin Hamad Al-Thani, junto a los líderes de seis países árabes.

EFE

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junio 11 de 2017 - 02:32 p.m.
2017-06-11

La iniciativa de aislar diplomática y físicamente a Catar en el golfo Pérsico, lanzada por Riad junto a Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Baréin, parece ser una apuesta más de la política agresiva que Arabia Saudí ha desarrollado recientemente en la región.

Desde la llegada al trono de Salman Bin Abdelaziz en enero de 2015, Riad ha adoptado una política exterior más activa y agresiva, detrás de la cual se cree que está su ministro de Defensa, Mohamed bin Salman, hijo del monarca y segundo heredero al trono.

El boicot diplomático a Catar “fue sin duda una iniciativa de Arabia Saudí, y probablemente de Bin Salman”, aseguró a el experto en Oriente Medio Mustafa Jalil, quien añadió que los Emiratos y Baréin se sumaron “con alegría”, mientras que Egipto ha guardado un perfil más bajo.

El treintañero Bin Salman, al que su padre le está dando cada vez más protagonismo, también es el ingeniero de la intervención militar en el Yemen, que ha empujado a ese país al borde del colapso humanitario, con una epidemia descontrolada de cólera desde el pasado mes de abril.

Jalil consideró que la crisis con Catar no busca “encubrir el fracaso militar en el Yemen” u otras cuestiones internas, como podría ser la lucha por la sucesión en el trono, sino que es otro “enfado” de Arabia Saudí para demostrar quién manda en el golfo.

“Arabia Saudí siempre ha sido la potencia regional y no le gusta que Catar intente ser independiente y se salga del guión establecido”, explicó.

El recelo hacia Catar viene de lejos, añadió Jalil, desde 1995, cuando el príncipe heredero Hamad bin Jalifa al Zani derrocó a su padre en un incruento golpe palaciego y dio comienzo a una apertura en el emirato.

En 2013, el monarca decidió abdicar en su hijo, el actual emir de Catar, Tamim bin Hamad al Zani, después de haber convertido al país en una pequeña superpotencia regional con un importante instrumento: Al Yazira.

Unas supuestamente falsas declaraciones del emir Tamim, publicadas por la agencia de noticias oficial catarí hace unas dos semanas, elevaron una vez más la tensión entre los dos vecinos, ya que en ellas se criticaba la postura de los países del golfo hacia Irán.

Catar aseguró que su agencia de noticias había sido hackeada, pero “quizás Arabia Saudí no se lo creyó” o simplemente “aprovechó la oportunidad” para intentar imponerse sobre su vecino rebelde, opinó Jalil.

Sin embargo, Riad no va a llevar el conflicto hasta sus últimas consecuencias, según el experto. “Las disputas entre los países del golfo siempre se acaban resolviendo y esta también se solucionará al cabo de unos meses”, señaló Jalil, debido a los lazos tribales que existen, así como por razones prácticas.

En este caso, “Catar va a tener que hacer más concesiones” que en el pasado, como en 2014, cuando Arabia Saudí, los Emiratos y Baréin retiraron a sus embajadores en Doha durante unos meses pero restablecieron las relaciones después de que el Gobierno catarí asumiera una serie de compromisos.

En el marco de una retórica más agresiva de Arabia Saudí respecto a Irán, el enemigo chií del golfo Pérsico, la postura más neutral o incluso favorable de Doha hacia Teherán molesta a Riad, que ha aumentado el tono de sus ataques desde la firma del acuerdo nuclear entre Teherán y las grandes potencias en julio de 2015.

La firma de un acuerdo de US$110.000 millones para la compra de armamento de EE. UU., sellado durante la visita del nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, a Riad a finales de mayo, responde a la “disuasión” que Arabia Saudí quiere ejercer frente a su rival.

LAS AMISTADES PELIGROSAS DE CATAR EN LA REGIÓN 

Sumado a lo anterior, los Estados árabes que tratan de asfixiar a Catar le acusan de apoyar a grupos terroristas y a países que amenazan la estabilidad en la región.

Irán, los Hermanos Musulmanes egipcios, tunecinos y libios, el movimiento palestino Hamás, el grupo chií libanés Hizbulá y los rebeldes hutíes del Yemen son algunos de los amigos de Doha que a sus vecinos árabes les provocan sarpullidos con solo ser nombrados.

Pero, además, acusan al emirato de respaldar a entramados terroristas como la antigua filial de Al Qaeda en Siria o el grupo yihadista Estado Islámico (EI). “Catar empezó a apoyar abiertamente a los Hermanos Musulmanes durante la Primavera Árabe”, pero cuando cayeron en desgracia esto se volvió contra el emirato, explica Eric Trager, experto del Washington Institute for Near East Policy.

Según Trager, fue una “apuesta estratégica” pero también “ideológica que refleja la postura del régimen de Catar”.

Tras el golpe de Estado de julio de 2013 contra la agrupación islamista en Egipto, donde había ganado tanto las elecciones legislativas de 2011 como las presidenciales de 2012, Riad y Abu Dabi apoyaron a los militares que derrocaron a Mohamed Mursi con decenas de millones de dólares.

Esta situación, sumada a la crisis diplomática de marzo de 2014, hizo que el pequeño emirato se viera obligado a distanciarse de la Hermandad. Sin embargo, Trager apunta que “nunca ha dejado de apoyar a los Hermanos políticamente y a través de sus medios de comunicación, especialmente Al Yazira”.

Por otra parte, Doha siempre ha mantenido una relación cordial con Irán, acérrimo enemigo de los países del Golfo, con quienes compite por imponer su hegemonía.

De cara a la galería, han querido destacar por encima de todo el supuesto apoyo a grupos terroristas como el Frente al Nusra y el EI. Esta semana, varios medios han señalado como la gota que colmó el vaso el supuesto pago de US$1.000 millones a la Guardia Revolucionaria iraní, milicias chiíes y la exfilial siria de Al Qaeda por la liberación de 26 cataríes -entre ellos miembros de la familia real- secuestrados en Irak en 2015, según Financial Times.

EFE

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