China, Trump y la pesadilla norcoreana

Pekín podría verse involucrada en una guerra en la península. La reunión de esta semana entre ambos presidentes no dejó avances en la crisis asiática.

Trump en China

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, realizó esta semana una visita oficial a China, la primera que lleva a cabo desde que tomó posesión de su cargo.

Reuters

POR:
financial times
noviembre 10 de 2017 - 08:31 p.m.
2017-11-10

Con la amenaza de una nueva guerra en Corea, la cumbre estadounidense-china de esta semana podría haber sido la más importante en décadas.

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La mayoría de los comentarios occidentales sobre Corea del Norte se han centrado en las advertencias del presidente Donald Trump de emplear “fuego y furia” para combatir la amenaza nuclear del régimen. Pero la crisis coreana también representa un gran riesgo para el país asiático.

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Si estalla una guerra, China estará literalmente en la primera línea, potencialmente expuesta a la lluvia nuclear, los flujos de refugiados y los cambios dramáticos en el equilibrio de poder regional.

Estos agudos riesgos han producido una sorprendente variedad de opiniones entre los expertos chinos sobre la mejor manera de proceder. Algunos incluso argumentan que China y Estados Unidos deberían cooperar en operaciones militares conjuntas contra Corea del Norte.

Otros, toman una línea completamente diferente, sosteniendo que la política de Washington está conduciendo al desastre, y que es hora de que Pekín rompa públicamente con EE. UU.

La posición oficial de Pekín evita cualquiera de estas dramáticas alternativas. En cambio, el Gobierno del presidente Xi Jinping está presionando para reiniciar la diplomacia a través de una política de ‘congelación por congelación’. La idea es que Corea del Norte congele el desarrollo de sus armas nucleares, a cambio de que EE. UU. congele los ejercicios militares que alarman a Pyongyang.

En principio, esto suena como una idea decente. En la práctica, ni Corea del Norte ni EE. UU. parece estar dispuesto a tomar los pasos necesarios para que la política realmente funcione.

Dada esta realidad, los chinos deben considerar otras alternativas más radicales. Un alto funcionario sostiene que, al aceptar las demandas de sanciones más duras contra Corea del Norte de EE. UU., China ha perdido su influencia en Pyongyang.

Entonces, según él, la nación asiática debería ahora intentar reconstruir las relaciones con el régimen de Kim Jong Un, incluso si eso significa enemistarse con la administración estadounidense.

Pero, entre los académicos chinos, hay figuras eminentes que toman una posición radicalmente diferente. Estos ‘halcones’ argumentan que una Corea del Norte nuclear es una profunda amenaza no sólo para Corea del Sur, Japón o EE. UU., sino también para la propia China. En términos estratégicos, la creciente amenaza de Corea del Norte puede convencer tanto a Corea del Sur como a Japón a que adquieran sus propias armas nucleares, lo que aumentaría drásticamente las tensiones en el este de Asia.

Los expertos chinos también se inquietan por los peligros de que una prueba nuclear norcoreana salga mal, o por un accidente en la instalación nuclear de Yongbyon, cerca de la frontera. Cualquier desarrollo de este tipo plantearía graves riesgos ambientales para China. “Yongbyon podría ser nuestro Fukushima”, se preocupa un académico, refiriéndose al accidente nuclear de 2011 en Japón.

Los chinos estiman que Corea del Norte tiene ahora entre 40 y 60 armas nucleares. Si se utiliza alguna durante un conflicto, los riesgos para China serían enormes.

Todo esto lleva a algunos expertos chinos a considerar una alternativa radical: quizás Pekín debería cooperar con EE. UU. en una acción militar conjunta, dirigida a derrocar al régimen de Kim y apoderarse de sus armas nucleares. Tal estrategia le permitiría a China tomar medidas activas para defender su propia seguridad, en lugar de observar impotentemente cómo se desarrolla el conflicto.

Ofrecer aliarse con la administración de Trump también podría permitirle a China obtener un nuevo ‘gran acuerdo’ sobre los acuerdos de posguerra. Los chinos podrían, por ejemplo, buscar garantías de que las tropas estadounidenses se retiren de una Corea unificada y también podrían buscar concesiones en otros asuntos de seguridad regional, como el estatus de Taiwán o el Mar del Sur.

No obstante, cualquier operación militar conjunta estaría llena de riesgos. Sobre todo, existe el temor de que Corea del Norte pueda lanzar una represalia devastadora, utilizando armas nucleares o artillería convencional. Para evitar esto, un experto chino especula que un ataque al régimen de Kim podría comenzar utilizando un arma de pulso electromagnético (EMP, por sus siglas en inglés), diseñada para desactivar toda comunicación electrónica en Corea del Norte, por lo que sería imposible coordinar defensas o lanzar armas nucleares.

Sin embargo, aunque se sabe que tanto EE.UU. como China han desarrollado armas EMP, nunca se han usado. Sería extremadamente arriesgado confiar en un sistema de armas no probado para desactivar la amenaza nuclear de Corea del Norte.

Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, una escuela de pensamiento alternativa sostiene que, si la administración Trump inicia un ataque, la única respuesta militar china debería ser avanzar 50 km dentro de Corea del Norte, proteger su frontera y evitar flujos incontrolables de refugiados.

Por otro lado, un académico nacionalista argumenta que un ataque preventivo de EE. UU. podría en última instancia beneficiar a China. Los aliados de EE. UU., como Corea del Sur y Japón, se horrorizarían y romperían sus vínculos el país americano, destruyendo su influencia en el Pacífico, o eso es lo que piensa.

Pero también habría costos si China tratara de observar el conflicto desde fuera. Las consecuencias humanitarias serían terribles. E incluso un avance limitado dentro de Corea del Norte correría el riesgo de atraer más tropas chinas al conflicto. Si el país evitara por completo el conflicto, correría el riesgo de parecer un espectador impotente mientras EE. UU. libra una guerra en un país que sigue siendo un aliado y vecino chino.

En Washington, hay un dicho que afirma que “Corea del Norte es la tierra de las malas opciones”. Se ve de esa manera desde Pekín, también. El problema es que, con el rápido avance del programa de armas nucleares de Corea del Norte, no hacer nada tampoco puede ser una opción.

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