Luego de la decisión popular, el Reino Unido tendrá que aprender a remar contra la corriente

Retomar el rumbo de su economía tardaría una década. Hay opciones para mitigar el impacto, pero no será fácil. La libra cae a niveles de hace 30 años.

Brexit

Bloom

Internacional
POR:
javier acosta
junio 28 de 2016 - 09:20 a.m.
2016-06-28

Definitivamente, los británicos aun no saben en lo que se metieron tras aprobar la salida del Reino Unido de la Unión Europea, luego del referendo que tuvo lugar la semana pasada en la isla británica. Tampoco Europa puede medir aun el impacto que esta decisión popular de los ingleses les acarreará en su debilitada economía.
 
Lo que comenzó como una convocatoria del primer ministro británico, David Cameron, para tratar de unificar a su partido político (el cual también quedó débil y dividido tras el sí al Brexit), terminó convertida en una ‘bola nieve’, que día a día aumenta el nerviosismo de los mercados globales y tiene al Reino Unido ad portas de una crisis económica sin precedentes.

No se ha cumplido ni una semana luego de la votación por la salida de la Unión Europea, y el país se divide, se arrepiente y su economía recibe golpes que afectan su confianza. En sólo tres sesiones bursátiles, la libra esterlina (moneda del Reino Unido), que hasta ahora siempre había permanecido blindada ante las crisis económicas globales, y hasta era un activo refugio, sufre estos días su peor devaluación desde 1985.
Hasta antes de conocerse el 'Brexit', se pagaba por una libra 1,50 dólares, aproximadamente y hoy, un pound se negocia en 1,33 dólares, en promedio. 

Las calificadoras de riesgo, que son entidades externas y privadas que avalan la capacidad de pago, de endeudamiento y la sanidad de las finanzas de una economía, fueron las primeras en sentar un precedente.

El lunes, Standard & Poor's (S&P) tomó la delantera y retiró al Reino Unido la máxima nota de “AAA”, y la degradó hasta “AA”, con perspectiva negativa, por la incertidumbre generada luego de esta decisión. De acuerdo con esta calificadora, “este resultado (del referéndum) es un evento que llevará a un marco político menos predecible, estable y efectivo en el Reino Unido”.

Fitch Ratings no se quedó atrás y también decidió bajar su calificación de crédito, advirtiendo que podría recortarla aún más. Para Fitch, el retiro del Reino Unido de la Unión Europea perjudicará a la economía. La agencia bajó su nota desde “AA+” a “AA”.

Estas perspectivas negativas reflejan la incertidumbre del mundo económico, que hoy por hoy tiene sus ojos puestos en Gran Bretaña. Esto, palabras más, palabras menos, significa que si el Reino Unido necesita crédito para financiarse, los mercados externos le pondrán más exigencias y le cobrarán intereses más altos.  

Aparte de todas estas turbulencias financieras, la decisión de salir del bloque continental sumergió al Reino Unido en un fuerte aprieto político.

Ya David Cameron anunció su retiro para el mes de octubre y su partido sufre una crisis interna que se agudizó, dejando sin un rumbo claro el futuro del país y en juego la estabilidad y continuidad de la Gran Bretaña (Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte), pues países como Escocia señalan que promoverán su independencia y continuidad en Europa. 

CALMAR LAS AGUAS

Frente a este panorama, el Reino Unido tendrá que reacomodar su estrategia y renegociar sus relaciones con la región y el resto del mundo, para tratar de amortiguar un poco los fuertes impactos que ha tenido la decisión sobre la economía.

Para Andrés Espinosa Fenwarth, CEO de Inverdies, este hecho ha sido una verdadera catástrofe de proporciones inimaginables.

Según él, tras el Brexit, se perdería entre 500 y 800 mil empleos; el Producto Interno Bruto de Gran Bretaña caería entre 3,6 y 6 por ciento y la libra esterlina sufriría una devaluación que podría llegar, incluso, hasta el 25 por ciento.

Cálculos de organismos internacionales señalan que retomar el rumbo de su economía puede tardarle al Reino Unido más de una década.

No obstante, advierte Espinosa Fenwarth, “Gran Bretaña corre el riesgo de quedar por fuera de las corrientes globales, en varios de los sectores más importantes a nivel mundial”.

Tampoco sería raro que Gran Bretaña entrara en recesión por que no va a tener suficientes motores de crecimiento para mantener la economía en funcionamiento pleno.

¿SE PUEDE MITIGAR ESTE IMPACTO?

De acuerdo con el CEO de Inverdies, lo primero que debe hacer Gran Bretaña es una valoración de los acuerdos comerciales vigentes y reconstruir las normas nacionales sobre la base de sus intereses comerciales y políticos.

Otra alternativa es que Reino Unido aplique un modelo muy similar al noruego o el suizo, los cuales, incluso, son imperfectos para los que tiene hoy Gran Bretaña.

Carmen Parra Rodríguez, profesora de Derecho Internacional y directora de la Cátedra de Economía Solidaria de la Universidad Abat Oliba del Grupo Educativo CEU (España), escribió un análisis en el periódico de la Universidad Nacional en el que plantea que una de las opciones de los británicos es unirse al Área Económica Europea (AEE) junto a Noruega, Islandia y Liechtenstein, pues así minimizaría los costos comerciales de la ruptura; esto le supondría pagar su cuota de socio y aceptar la libre circulación de trabajadores, que ahora discute con sus socios comunitarios.

Otra elección es negociar, tal como lo hace Suiza, una serie de acuerdos bilaterales con la Unión Europea (UE).

La última solución consiste en activar su papel como miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC), ya que le daría un mayor grado de soberanía y permitiría aumentar sus relaciones comerciales.

No obstante, Parra Rodríguez y Andrés Espinosa coinciden en que estas soluciones son complejas y que llevarlas a la práctica tardaría mucho tiempo.

COLOMBIA A HACER FILA

Por cuenta de toda esta situación, el futuro de Colombia en materia comercial con la Unión Europea también se vería impactado.

Colombia tiene un acuerdo suscrito e implementado con la Unión Europea, el cual no regiría más para toda la Gran Bretaña por lo que tendría que renegociarse. De todas maneras, hay que advertir que Inglaterra representa solo un 2 por ciento de las exportaciones del país, por lo que el golpe para Colombia, no sería tan fuerte por el lado de esta relación comercial.    

Sin embargo, señala Andrés Espinosa, el problema es que Colombia es tan solo uno de las decenas de países que están haciendo cola para negociar con la Gran Bretaña, mientras que a ella solo le interesa redefinir las condiciones comerciales con la Unión Europea, lo cual es su prioridad de cara a su futuro. Sus ciudadanos decidieron, pero esta vez, podrá salirles más caro de lo que imaginaron al momento de depositar su voto.  

Javier Acosta
Portafolio.co