Confianza es la nueva moneda en la surrealista economía venezolana

La hiperinflación con Maduro hace que la cooperación sea más valiosa que el efectivo.

Economía venezolana

El valor del bolívar se ha venido desplomando en los últimos años, haciendo que el salario mínimo sea de unos US$2.

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junio 01 de 2018 - 08:40 p.m.
2018-06-01

Los precios de las compras cotidianas aumentan diariamente en Venezuela. La inflación, que ha acechado la nación durante años, ahora se ha convertido en hiperinflación. El año pasado, los precios al consumidor aumentaron un 2.500%, por mucho la tasa más alta a nivel mundial. Este año, se espera que aumenten en un 13.000%.

Cuando vine por primera vez a finales de 2016, la tasa del mercado negro era de 3.000 bolívares por cada dólar estadounidense, la única tasa que guarda relación con la realidad en esta economía cada vez más surrealista. Hoy, la tasa es de casi 1 millón por dólar.

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Las cifras son vertiginosas. En un supermercado en el distrito relativamente rico de Chacao, una lata de tomates cuesta 1.553.143 bolívares. Eso puede sonar un poco caro, pero es menos de dos dólares. Una bolsa de pasta de 500 gramos cuesta 886.666 bolívares, aproximadamente un dólar.

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Al otro lado de la ciudad, en el extenso barrio marginal de Petare, el carnicero José Florentino dice que ésta es la peor crisis económica que ha visto desde que abrió su negocio en 1983. Recuerda el Caracazo, una oleada de disturbios y saqueos que se desarrolló durante 15 días en 1989 y fue provocada por los aumentos bruscos en los precios de la gasolina. “En una noche destruyeron toda mi tienda”, dice. “Pero en aquel entonces era más fácil comenzar de nuevo. Todo era mucho más barato”.

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Me muestra una factura del proveedor que incluye chorizo, morcilla, carne de res y chuletas de cerdo. La cuenta alcanza la estratosférica cantidad de 902.950.000 bolívares.

En términos de dólares, estos precios no son exorbitantes. Están a la par de lo que se podría pagar en otros lugares de América Latina. Pero los salarios venezolanos se han desplomado en términos reales. El salario mínimo mensual es ahora la insultante cifra de 2.550.000 bolívares, o menos de tres dólares. Con eso se compra una lata de tomates y una bolsa de pasta. No es de sorprenderse que la mayor parte del país esté hambrienta.

La hiperinflación también trae problemas logísticos. ¿Cómo puedes conseguir 902.950.000 bolívares? Ya el año pasado los venezolanos cargaban con grandes cantidades de billetes para pagar artículos relativamente pequeños, pero ahora esos billetes son tan inútiles que el efectivo no es una buena opción. El único método de pago realista es una tarjeta de débito vinculada a una cuenta bancaria venezolana. La hiperinflación está convirtiendo rápidamente a esta en una economía sin efectivo.

También está alimentando la dolarización. Cada vez más, los tenderos rechazan el bolívar y aceptan los ‘billetes verdes’ como la moneda dura; esto resulta irónico dada la insistencia de Nicolás Maduro en que Venezuela debería rechazar el dólar “imperialista” y adoptar el renminbi y el rublo.

La solución del Presidente recién reelecto para la hiperinflación es burda. En estas semanas planteaba quitar tres ceros a la moneda y emitir nuevos billetes apenas un año después del lote anterior. La historia sugiere que esto no va a funcionar.

Si existe un punto pequeño y brillante en este oscuro universo de mala gestión económica, es éste: que la hiperinflación parece haber generado una extraordinaria cantidad de confianza entre los venezolanos comunes y corrientes. La mayoría se da cuenta de que los apagones, las fallas de internet y la escasez de efectivo hacen que incluso las transacciones más simples sean un dolor de cabeza, y, por lo tanto, se tratan con más paciencia. Hace unos días, un amigo persuadió a una aerolínea de que lo dejara abordar un avión desde Caracas con la promesa de pagarle a su llegada.

Sin embargo, la confianza tiene un límite. Los venezolanos necesitan una solución genuina; los paralizantes aumentos de precios están llevando a más personas a la pobreza y provocando que miles de personas huyan del país.

“Esto es totalmente insostenible”, dice Junior Morel, un gerente de una cantina en Catia, un distrito de clase trabajadora de Caracas: “Si Maduro sigue en el poder y los precios siguen subiendo, quebraremos para diciembre”.

Gideon Long

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