Crisis del Espírito Santo golpea mercados europeos

La bolsa de Lisboa retrocedió más de 4 % y el efecto se sintió también en el índice de la bolsa española (IBEX), en el DAX alemán, el CAC francés y el MIB italiano.

El Grupo tiene intereses en los sectores bancario, inmobiliario, de turismo y agroalimentos.

Agencias

El Grupo tiene intereses en los sectores bancario, inmobiliario, de turismo y agroalimentos.

Internacional
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julio 11 de 2014 - 01:23 a.m.
2014-07-11

La crisis que atraviesa el Grupo Espírito Santo vivió ayer un nuevo capítulo y la incertidumbre en torno a él acabó por contagiar a toda la Bolsa de Lisboa, a otros mercados europeos e incluso afectó al riesgo soberano de Portugal.
Las dudas sobre la salud del conglomerado empresarial y financiero de propiedad de la familia Espírito Santo –una de las más ricas e influyentes del país durante el último siglo– se expandieron como un virus entre los inversores y provocaron fuertes pérdidas más allá de las fronteras lusas.
En el centro de todas las miradas se encuentra el banco del mismo nombre, el BES, el más importante por activos del país y que forma parte del Grupo, principal accionista con el 25,1 por ciento a través de la sociedad Espírito Santo Financial Group (ESFG).
La cotización bursátil, tanto del BES como del ESFG, fue suspendida durante la jornada tras acumular caídas superiores al 16 por ciento en las primeras horas de la sesión.

De hecho, el precio de los títulos de ambas compañías se ha reducido a menos de la mitad solo en el último mes.
El propio Banco de Portugal garantizó hace una semana que la situación financiera del BES es sólida y adoptó medidas de supervisión para evitar riesgos de contagio de otras empresas de la holding, un respaldo que, sin embargo, no ha resuelto las inquietudes.
Dudas no absueltas
Detrás del torbellino en el que se encuentra inmerso, están las sospechas de que una parte del grupo entre en insolvencia, según coinciden varios analistas lusos.
De acuerdo con los datos del banco central portugués, la exposición del BES al Grupo se limita a 1.000 millones de euros que le concedió en préstamo, una cantidad que, a priori, no es excesivamente preocupante.
Sin embargo, el temor entre los mercados por la situación del conglomerado se agravó ayer, después de que la agencia Moody’s rebajara la calificación del ESFG hasta Caa2, la decimoctava nota por la cola en una lista de 22, indicada para “inversiones extremadamente especulativas” por su alto riesgo.
La crisis del Grupo ganó fuerza a partir de mayo, cuando una auditoría independiente detectó irregularidades contables en otra de sus filiales, Espírito Santo International.

Todo ello precipitó una guerra abierta entre las diferentes facciones del clan e incluso el presidente del BES, Ricardo Salgado, que también ostenta responsabilidades en el Grupo, anunció que abandonará el cargo tras 22 años en él.
Esta salida fue interpretada en Portugal como una exigencia del banco central luso para alejar a la familia Espírito Santo de la gestión del BES, una teoría que ganó fuerza días después, cuando la entidad modificó su plan inicial sobre quién debía ser su sucesor por temor a que el supervisor no diera su visto bueno y acabó por proponer al economista Vítor Bento.
La estructura de este Grupo, con intereses en el sector financiero, pero también en el inmobiliario, el turismo o la agroalimentación, es especialmente compleja, ya que entre las empresas que lo conforman se entremezclan las participaciones.

Las consecuencias de los problemas de los Espírito Santo llegaron hasta la Bolsa de Lisboa, que retrocedió ayer más de 4 por ciento, con lo que ha perdido cerca de 1.300 puntos en un mes.

El rojo se contagió también a las principales plazas europeas, entre ellas el IBEX español, el DAX alemán, el CAC francés y el MIB italiano.
El caso Espírito Santo tuvo su impacto igualmente en los intereses que penalizan la deuda soberana de Portugal y que ayer superaban el 4 por ciento en sus obligaciones a diez años, algo que no ocurría desde mayo pasado.

Las turbulencias fueron objeto de debate también en el Parlamento luso, donde comunistas y marxistas acusaron al Gobierno de falta de supervisión.