La pasión turca

Turquía es un gran foco de volatilidad pero no tiene la capacidad sistémica para un efecto largo.

El presidente turco, Tayyip Erdogan

El presidente turco, Tayyip Erdogan recurre a medidas económicas heterodoxas y basadas en prejuicios para torpedear el accionar institucional en su país.

Reuters

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Portafolio
septiembre 11 de 2018 - 09:45 p.m.
2018-09-11

La compleja situación política y económica por la que atraviesa Turquía sería inimaginable hace un par de años cuando se discutía su adhesión a la Unión Europea. Sin embargo, hoy Turquía es protagonista a nivel internacional ya no tanto por razones positivas, sino por el hecho de que su moneda continúa perdiendo valor debido a las sanciones comerciales impuestas por la administración Trump y porque el presidente Erdogan recurre a medidas económicas heterodoxas y basadas en prejuicios para torpedear el accionar institucional en su país. En este artículo analizamos las razones que explican la situación, señalamos los canales a través de los cuales se propagaría esta crisis a otros países y revisamos qué tan sistémica sería.

Érase una vez…

(Lea: Divisas emergentes, en riesgo por la crisis turca

Más allá de la devaluación de la lira turca que, en lo corrido del año, alcanza el 75,6%, los indicadores económicos más importantes sugieren que de no darse un ajuste macroeconómico, la situación en general podría deteriorarse más. Los niveles de inflación a agosto ya alcanzan niveles anuales de 17,9%, mientras que el referencial del Banco Central de Turquía (CBT, por sus siglas en inglés) se ubica en 17,75%.

Algunos cálculos sugieren que el impacto de la devaluación en la inflación (pass-through) es del orden del 15%, por lo cual se esperan por este concepto movimientos en precios de 11 puntos porcentuales (p.p.) durante el proceso de transmisión. Por lo anterior, esperamos que la inflación converja hacia niveles de 22% en el corto plazo.

Así mismo, los mercados over the counter (no estandarizados) de ese país cotizan devaluaciones implícitas del orden de 24,8% para operaciones a siete días y de 31,6% a un año por lo que, al restarle una tasa libre de riesgo, el mercado ya incorporaría el nivel de inflación antes mencionado. Así mismo, el mercado de swaps (específicamente de tasas de interés) cotiza la tasa interna de referencia en 30,3% a un año, mientras que la tasa de cinco años la fija en 25,7%, señalando que el CBT actuaría en el corto plazo.

(Lea: Un año después del fallido golpe de Estado en Turquía

La imposición de aranceles de EE. UU. por el orden del 20% y 50% sobre las importaciones turcas de aluminio y acero, respectivamente, explican parte de la crisis. Si bien EE. UU. tiene actualmente un peso de 4,9% en las exportaciones turcas, menor al 57% de los países europeos y al 27% de los asiáticos, la posibilidad de que estas sanciones escalen hacia acciones adicionales como en el caso de Irán, ha sido motivo suficiente para que varios inversionistas liquiden sus posiciones en moneda turca. El gobierno de Erdogan ha tomado algunas decisiones para aliviar la situación, entre las cuales se encuentra facilitar la Inversión Extranjera Directa de aliados clave como Catar (15.000 millones de dólares en los últimos días), así como hacer llamados a la población para que moneticen sus activos en divisas.

EL CONTAGIO

Las actividades de compañías extranjeras, particularmente los bancos, serían los principales canales de transmisión de la crisis turca, inicialmente a Europa y emergentes. En efecto, los pasados 10 y 13 de agosto las acciones de BBVA, BNP Paribas y UniCredit  fueron fuertemente castigadas conforme agentes del mercado asumieron que la depreciación cambiaria (24% en esas dos jornadas) como resultado del aumento al doble de la tarifa arancelaria a las importaciones de aluminio y acero por parte de EE. UU. tendría consecuencias directas sobre sus resultados financieros (incluso consolidados).

Así mismo, el descalce cambiario puede ser un foco significativo de incertidumbre conforme podría comprometer el servicio de obligaciones financieras. Aun cuando los agentes hayan cubierto eficientemente sus desbalances en moneda extranjera mediante coberturas, podría presentarse un riesgo de liquidez en la economía en caso de que la alta devaluación comprometa los cumplimientos de derivados.

Otro canal para el contagio, no tan inmediato como los anteriores, está relacionado con el impacto sobre las compras externas a los principales socios comerciales turcos. En ese orden de ideas, Reino Unido e Irlanda (30%) y EE.UU. (16%) podrían ser los principales afectados, en caso de que la devaluación disminuya las importaciones.

¿Qué tan expuesto está el mundo a Turquía? Esta pregunta la abordamos desde dos ópticas distintas: volatilidad y crisis. En primera medida, la transmisión de volatilidad entre economías emergentes es particularmente notoria y plausible dado el mecanismo bajo el cual se estructuran los portafolios de inversión, y bajo el supuesto de libre movilidad de capitales. Respecto a una crisis, habría que evaluar la posible sistematicidad de los problemas en Turquía y la capacidad que esta economía tiene para afectar a una escala global.

Cuando revisamos la sistematicidad de la crisis nos encontramos que los canales de transmisión no necesariamente están tan expuestos. Si bien BBVA genera un 14% de sus beneficios en Turquía, de acuerdo a la métrica de la Junta de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) no tiene características de banco sistémico. Por su parte, si bien BNP Paribas si lo es, sólo reporta un 5% de sus ingresos con origen en ese país.

Por otro lado, aun cuando Turquía compra un 46% de sus bienes y servicios a Reino Unido, Irlanda y EE.UU., este país representa máximo un 1,5% de las exportaciones de estos países, diluyendo la fortaleza del contagio. Así mismo, la razón de reservas internacionales netas (RIN) sobre déficit en cuenta corriente más deuda de corto plazo, revela que la situación actual es mejor a la de momentos de estrés financiero global como la crisis de 2008, por lo que los compromisos financieros de corto plazo podrían ser solventados con relativa calma.

Consideramos que Turquía es un foco importante de volatilidad para mercados emergentes sin que ello signifique que tenga la capacidad sistémica para afectar a otras economías de manera prolongada en el tiempo. Lo que sí es cierto es que resulta prudente continuar monitoreando la situación política y económica de ese país conforme los niveles de aversión al riesgo hacia emergentes aún se mantienen altos.

Cristhian Alejandro Cruz
Analista económico Corficolombiana

Julio César Romero
Economista jefe Corficolombiana

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