Critican el modelo de crédito de China hacia América Latina

Analistas aseguran que, con cada préstamo, el gigante asiático tiene un mayor control sobre los proveedores. Ecuador y Venezuela envían la mitad de su petróleo a los chinos.

Xi Jinping y Nicolás Maduro

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Xi Jinping y Nicolás Maduro

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febrero 02 de 2015 - 01:09 a.m.
2015-02-02

Para muchos en América Latina, la cumbre de la Comunidad del Caribe y América Latina que se desarrolló en Pekín en enero fue el amanecer de un nuevo orden mundial.

La promesa del presidente chino Xi Jinping de orientar importantes fondos a la región, por 500.000 millones de dólares en comercio y 250.000 millones de dólares en inversiones hasta el 2025, alimentó las esperanzas de un muy esperado consenso de Pekín, en tanto China eclipsa a Estados Unidos en su propio patio trasero.

Los esperanzados podrían quedar decepcionados. Los comentarios optimistas llegan en momentos en que la economía china se desacelera y los precios de las materias primas latinoamericanas caen. Ahora China está menos ansiosa por distribuir sus reservas y más reticente con quienes le piden.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue a China en busca de un salvavidas para la revolución “bolivariana”. Obtuvo de los chinos un compromiso de inversión de 20.000 millones de dólares, pero, al parecer, nada de efectivo fresco.

“El financiamiento de la infraestructura está bien, pero Venezuela enfrenta una crisis monetaria y crediticia de corto plazo”, dijo Barbara Kotschwar, del Instituto Peterson de Economía Internacional. “Si Venezuela no les puede pagar a sus bonistas, Maduro se enfrenta a una suspensión de pagos”.

Dado que el precio de su petróleo cayó un 56 por ciento desde junio, Venezuela tendrá que producir el doble de crudo para pagar sus deudas pendientes con China, casi 50.000 millones de dólares desde el 2007.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, también llegó a Pekín en estado de necesidad. Aunque su economía está en mucho mejor situación que la de Venezuela, la caída de los ingresos petroleros y el aumento del dólar estadounidense (Ecuador dolarizó su economía en el 2000) obligaron a Correa a reducir su presupuesto en 1.400 millones de dólares en vísperas del encuentro y a aplicar importantes aranceles a las importaciones de Colombia y Perú, casi desatando una guerra comercial. Correa se fue de la cumbre festejando los 7.500 millones de dólares de financiamiento fresco y aún más dependiente de China, que ya posee el 30 por ciento de su deuda externa. La mayor parte de los mercados emergentes estaban agradecidos por el interés de China en su petróleo, sus minerales y sus granos, y apreciaban el financiamiento entregado sin hacerles muchas preguntas.

Sin embargo, China no se dedica al negocio de las indulgencias. Kevin P. Gallagher, de la Universidad de Boston, descubrió que los bancos estatales chinos a menudo les cobraban a los prestatarios latinoamericanos tasas de interés más altas que los bancos oficiales occidentales –práctica que le valió al Export-Import Bank de China el apodo de “el banco de desarrollo que no da ayuda”.

Con cada préstamo, China tiene un mayor control sobre los proveedores. Ecuador y Venezuela envían la mitad de su petróleo a los chinos.

Venezuela exporta más de 500.000 barriles diarios, gran parte de ellos para pagar deudas. La deuda total de América Latina con China aumentó a 100.000 millones de dólares desde el 2005. La mitad de ese monto es para desarrollo de la infraestructura –lo que contribuirá a que vaya más petróleo, minerales y granos latinoamericanos a China.

A los latinoamericanos les convendría ver a China como otro motor de la economía mundial, “no como nuestro mejor amigo”, dijo Luiz Augusto de Castro Neves, exembajador de Brasil en China.

“Aun cuando quisiéramos que China reemplazara a Estados Unidos –y no lo queremos– China no tiene interés. Le interesan los negocios”.

FAMA DE IR A DONDE OTROS NO SE ATREVEN

Hasta ahora los bancos chinos tenían fama de apresurarse a ir a los lugares que las instituciones occidentales de préstamo no se atrevían a pisar. Excluida de los mercados de crédito desde la suspensión de pagos del 2001, Argentina aceptó con gusto 11.000 millones de dólares de los chinos para pagarles a los tenedores de bonos el año pasado. Ecuador hizo lo mismo después de su propio impago en el 2008. Antes de eso, China adquirió partici- paciones accionarias en las minas peruanas, incluso cuando los guerrilleros de Sendero Luminoso controlaban gran parte de las zonas rurales.

Bloomberg